Besar: arte o ciencia (1/3)

besoSeguramente, todos tenemos en nuestra memoria grandes besos llenos de amor y deseo. Sin duda, las personas que han podido comparar besos y besadores/as, saben perfectamente que besar es todo un arte. Sin embargo, nos ocuparemos aquí del beso como ciencia, y trataré de explicar tres aspectos: el intercambio químico de saliva, el significado psicológico del beso, y la enfermedad del beso. Dada la extensión prevista de este tema, dedicaré un post a cada uno de ellos, empezando por la cuestión química. Vamos al lío.

Para empezar, decir que la ciencia que investiga el beso se denomina filematología (no confundir con “filetelogía” o “ciencia de darse el filete” como simpáticamente me decía un alumno).

¿Qué información obtenemos con el beso?

El beso tiene una función “natural” para la supervivencia de la especie. El intercambio salivar que se produce durante el beso es en realidad un intercambio químico que nos ayuda a escoger la pareja más adecuada. Con un beso se activan hasta unos 30 músculos faciales, 17 de ellos relacionados con la lengua, se transfieren 9 miligramos de agua, otros 0,18 de sustancias orgánicas, 0,7 de materias grasas, 0,45 de sales minerales, además de millones de gérmenes, bacterias y microorganismos, y se queman, a lo largo de tres minutos, unas quince calorías. El beso es fundamentalmente una cuestión química.

La saliva masculina tiene testosterona que se transfiere a la mujer provocándole apetito sexual. Los besos húmedos, además, ayudan al hombre a medir los niveles de estrógenos de la pareja femenina para hacerse una idea de su grado de fertilidad. A las mujeres, la información química salivar les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su pareja, y saber si se cuida.

Según Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutger y experta mundial en la biología del amor, el ser humano tiene tres sistemas cerebrales para permitir el emparejamiento y la reproducción. El primero es el deseo sexual, alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres. El segundo sistema regula el amor pasional u obsesivo y parece estar vinculado a una actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural. El tercero de los sistemas, controla el apego gracias a la acción de la oxitocina, y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos. El beso, probablemente, permite que se estimulen esos tres sistemas, según esta antropóloga.

Además, besarse reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta los niveles de oxitocina, siempre y cuando besemos a la persona adecuada. Esta última hormona, la oxitocina es una droga natural, que se produce cada vez que nos besamos e influye en funciones básicas como el enamoramiento, el orgasmo, el parto o la lactancia, y está asociada con la afectividad, la ternura y el contacto físico.

Si aún te quedan excusas para no besar no te pierdas el siguiente post sobre el tema.

Guía para no sentirse solo en un mundo interconectado.

soledad

El ser humano es un ser social por naturaleza. Necesitamos relacionarnos con otros para vivir en armonía. Sin embargo, los embates de la vida a veces pueden conducirnos a sentirnos solos a pesar de estar unidos a un tejido universal del que todos y todo formamos parte. Si aún así nos sentimos solos estamos ante un síntoma que refleja que no entendemos esa conexión universal y que por tanto,  nos percibimos como separados del resto.

Las personas que experimentan de esta forma la soledad sufren tristeza, desasosiego, desesperanza, autocompasión, ira o culpabilidad.  Todas ellas emociones negativas y que nos apartan del camino del equilibrio emocional. Frente a estas emociones, tal vez debamos practicar los tres elementos anti-soledad:  La toma de conciencia, la aceptación, y la conexión.

La toma de conciencia.   Tome unos minutos de reflexión, preste atención a las sensaciones de su cuerpo, a su respiración, a la tensión/distensión de sus músculos. Intente expirar el doble de lento que cuando inspira. Haga su respiración cada vez más profunda, e intente aflojar los músculos de la cara y esbozar una pequeña sonrisa.

Fíjese ahora en sus pensamientos. Sus pensamientos crearán su realidad, así que tome conciencia de ellos, y evalúe si sus pensamientos son los mejores para alcanzar la realidad que persigue. Si no es así, piense diferente.

Aceptación. Muchas personas  tratan de huir de la soledad, bien durmiendo, bebiendo, drogándose, o entreteniéndose con la tv. No huya de esta situación. Compréndala y acéptela. Todos en algunos momentos de nuestra vida tenemos poca o ninguna compañía. ¿es eso tan malo?. Absolutamente no. Siempre estamos conectados con aquellas personas que forman parte de nuestro pasado y de nuestro presente. A ellas podemos recurrir mediante una reflexión sincera, acerca de cómo abordarían ellas los problemas.  Aunque estés sol@, pensar en los demás nos conecta al mundo al que pertenecemos, pues nunca estamos solos. Puede que no seamos autosuficientes, y que necesitemos la ayuda de los otros, pero eso no es estar solos.

Conexión. Piensa que existen millones de personas en el mundo que también se sienten equivocadamente solos.  Busca a algunas de esas personas y comparte tus experiencias.  Tira de agenda de contactos del teléfono, de tus correos electrónicos, o de tus redes sociales…. comunícate con la gente sin ser autocompasivo. Piensa en los demás y los demás pensarán en tí.  Mándales un abrazo, o aún mejor, queda para dárselo. Permítete  conectar realmente con los demás y te ayudará a sentirte emocionalmente más fuerte y parte del mundo.

Baltasar Santos