Pensamientos positivos contra la ansiedad

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¿Eres una persona de apariencia tranquila, pero tu mente es un torbellino de ideas y pensamientos confusos y perniciosos?

Si es así, es muy probable que compartas algún rasgo de las personas con tendencia a la ansiedad exagerada. Si coincide con tensión física y psicológica intensa y continuada, el riesgo de sufrir un trastorno de ansiedad va más allá de lo probable.

Esto no significa que estés ante una realidad irreversible. ¡No estás en un hoyo del que no puedes salir!

Si continúas leyéndome, encontrarás algunas reflexiones sencillas y prácticas que te podrán ayudar a mitigar los efectos de esos pensamientos e ideas persistentes que te amargan la vida.

Te invito a imaginarte cómo quieres sentirte y transformar lo que no te sirve en oportunidades de mejora personal. Estoy convencido que las tres reflexiones y pensamientos que te relato a continuación, pueden ayudarte en este objetivo.

Pensamientos contra la ansiedad

Una de las frases más celebres, cuando nos referimos a la forma de afrontar los conflictos de ansiedad, especialmente cuando estos se convierten en un trastorno es, sin duda:

“Cuando cambias la forma en que miras las cosas, las cosas que miras, cambian también”

Es probable que después de leer esta reflexión consideres dos cosas, o que no la entiendes, o que a ti no te ha pasado nunca algo parecido. Esto mismo nos ha sucedido a muchos. Trataré de explicarte este importante pensamiento anti-ansiedad en pocas palabras.

Aunque no es sencillo saber cómo una situación de ansiedad avanza en la mente de una persona, podemos entender por qué presentimos miedos que se nos repiten de manera preocupante en nuestras cabezas, con solo dedicarle un poco de tiempo a observarnos a nosotros mismos. Es la mejor manera de averiguar qué parte de la ansiedad es tuya y te toca arreglar a ti.

Cuando el Dr. Wayne Dyer difundía esta reflexión entre sus pacientes y lectores, les estaba diciendo que es el poder de tus creencias lo que te capacita o te limita, y marcarán tu actitud para afrontar los problemas que te atemorizan y quitan el sueño.

Este pensamiento te propone la necesidad de emplear tu fuerza y tu valor para modificar lo que te perturba, pero también, la serenidad para aceptar que debemos cambiar en nuestras creencias y conductas.

El segundo de los pensamientos o reflexión que te propongo dice:

“En el mismo momento en que decidimos y empezamos a afrontar y tratar nuestro problema de ansiedad, empezamos a sentirnos mejor”

Este es un pensamiento extraordinariamente positivo y eficaz contra la ansiedad. Su eficacia se fundamenta en que el cerebro se modifica continuamente en base a lo que pensamos, sentimos y, finalmente, decidimos hacer.

Cuando decidimos empezar a afrontar nuestro problema de ansiedad, es muy acertado convencernos de la trascendencia de nuestros primeros pasos. Si estás iniciando un proceso para superar ansiedad, te sentirás mejor cuando empieces a comprobar que has acertado en tu decisión inicial y que el pequeño camino ya recorrido te está alejando de donde no quieres estar (los pensamientos negativos recurrentes).

Los conflictos ansiosos se enquistan con el paso del tiempo. Nuestros miedos pueden inducirnos a “dejar correr” un determinado asunto que nos genera angustia y desajustes fisiológicos, esperado se resuelva por sí solo.

Es en esos momentos cuando debemos pensar y repetirnos esta reflexión: nos ayudará a tomar el impulso necesario para encarar nuestros problemas.

Finalmente, te pido un minuto más de tu tiempo para reflexionar sobre el siguiente pensamiento:

“Cuando sentimos un gran temor ante algo que nos parece inminente, siempre sentiremos alivio cuando el problema ya ha llegado”

¿A quién no le ha pasado que ante la inminencia de un examen, prueba o entrevista, ha creído “quedarse en blanco”, o le han asaltado numerosas incertidumbres sobre su valía y competencia? Seguramente a casi todos nosotros.

Generalmente ocurre que, cuando ya estamos realizando el examen o interaccionando en la entrevista, nos sentimos mejor y más seguros de nosotros mismos.

Darle vueltas a las cosas es algo agotador. Los que rumian constantemente pensamientos anticipatorios catastróficos o de miedos, acaban extenuados y abrumados por las emociones negativas. Luego, suele pasar, que ni el problema era tan imposible, ni nuestra capacidad de respuesta tan mala “como suponíamos”.

Utilizar este pensamiento para amortiguar el impacto de la anticipación de las consecuencias negativas de un problema, que no ha pasado y tal vez no pase nunca, nos ahorrará mucho sufrimiento.

Bien, pero, ¿y ahora qué?

Para empezar, hay que aprender a pensar bien de uno mismo. Necesitamos sentirnos valorados, respetados, aceptados y ayudados, y para ello nuestros primeros pasos tienen que orientarse a superar la tenacidad de los pensamientos negativos. Para ello, esfuérzate en mantener durante más tiempo los pensamientos positivos alternativos.

Imagínate que estás disfrutando de un buen día, familia y trabajo bien, pero de repente asalta tu mente un pensamiento atemorizante. ¿Cómo actuarías?.

Podrías reaccionar como siempre, con ansiedad ante la idea que este pensamiento propone y acto seguido, afanarte en expulsarlo por la fuerza; o bien identificarlo como un temor que observas cómo pasa de largo, sentirte bien por la decisión que has tomado de no preocuparte u obsesionarte.

Sentirás alivio porque ya estás actuando sobre el temor. Si se repite, vuelve a actuar de la misma manera.

¿Es difícil pensar bien cuando las cosas nos van mal? Desde luego que sí. Si fuera de otro modo no existirían tantas complicaciones para dirigir bien nuestras vidas, para controlar las emociones y las inseguridades en nuestro día a día.

Lo bueno es que como humanos somos extraordinarios para los cambios, si nos lo proponemos y ponemos el empeño suficiente.

Antídoto contra el aislamiento

Hay personas gentemucho más propensas que otras a aislarse, a incomunicarse, con el objeto de escapar del sufrimiento que le provocan las relaciones sociales. Las causas pueden ser muchas y muy variadas: una frustración amorosa, la vivencia de una traición, vergüenza, culpa…. pero el denominador común suele ser: “mejor solo que mal acompañado”.

Aunque a veces, tal solución puede ser positiva, puesto que tiene un beneficio a corto plazo: evita la confrontación, o el esfuerzo de enfrentarse a situaciones no deseadas. Además de suponer un beneficio a corto plazo, el autoaislamiento puede ser reforzante puesto que implica un sentimiento de autosuficiencia y de reflexión interna (introspección) que puede facilitar un auto análisis de la situación que atraviesa la persona para trazar planes de mejora.

Como contrapunto, el autoaislamiento provoca sentimientos de soledad, de frustración y de baja autoestima, más o menos intensos, dependiendo de la vulnerabilidad de cada persona.

Seguramente, hay momentos en que aislarse voluntariamente (meterse en la cueva) puede ser beneficioso para la persona, siempre que dicha conducta sea pasajera (unos dias), tiempo suficiente para recapacitar. Sin embargo, las personas que se meten en su cueva con la intención de no salir, corren el riesgo de ver ese deseo hecho realidad, y quedarse aislados para siempre de una sociedad que nos aporta relaciones de todo tipo, buenas, malas, y de gente maravillosa.

Es importante no aislarse. El ser humano es social por naturaleza, por lo que la desconexión completa y permanente no solo no es beneficiosa sino permanentemente perjudicial para la persona que la practica. Si observas un charco de agua mientras llueve observarás que cada gota de agua que cae genera un círculo alrededor suyo diferente, y sin embargo, la expansión de ese círculo no solo depende de cada gota, sino del resto de gotas que van cayendo al lado.

De igual manera, el ser humano es único e irrepetible, pero nuestro desarrollo siempre depende del conjunto de personas que nos rodean, que nos influyen y a las que influímos. Intentar aislar esa interconexión es poco menos que imposible, tan imposible como que las hojas de un árbol no se muevan a merced del aire que sopla en su dirección.

Pensar que toda relación es positiva es, sin lugar a dudas, un buen planteamiento que nos ayuda a superar los estados de fracaso relacional. De las buenas relaciones sacamos buenos momentos, de las malas sacamos aprendizaje, y en la vida, hay algunas relaciones que simplemente son maravillosas y que nos dejan huella y recuerdos permanentes.

Renunciar a ellas es renunciar a vivir lo mejor que nos ofrece la vida.

 

 

 

 

 

No hay nada imposible.

Impossible is nothing

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Las experiencias vividas nos enseñan que no existe nada imposible. Las barreras que nos autoimponemos no son sinó excusas para no salir de nuestra zona de confort. Cada persona tiene un potencial inimaginable. Conseguimos retos que creíamos imposibles gracias al esfuerzo y la perseverancia. Soñamos imposibles que cuando despertamos están al alcance de nuestra mano.

El mayor obstáculo o la mejor oportunidad para conseguir lo imposible son nuestros propios pensamientos, nuestras propias  acciones y nuestra actitud:

Cuando nuestros pensamientos se centran en las dificultades, adelantan el fracaso y atienden solo a indícios negativos, nuestra acción se vuelve temerosa, cuando no nula. Nuestra actitud tiende a la frustración, la desmotivación y la renuncia. Abandonamos porque no creemos que las cosas pueden cambiar.

Cuando nuestros pensamientos son conscientes de las dificultades pero se centran en lo positivo, nos preparamos para un probable fracaso del que aprenderemos, y volveremos a intentarlo, sabiendo que la frustración, la desmotivación y la renúncia no forman parte de nuestro léxico. Siempre podemos cambiar nuestro destino. No hay nada escrito. No hay nada imposible cuando las cosas dependen de nosotros.

Si quieres conseguir cambios, reserva tu cita previa:

Baltasar Santos (bsantos@actitudimes.com)

Psicólogo colegiado num 18365.

El Vendrell. Tarragona

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5 minutos para tí: crea tu futuro.

pasado Aunque la ciencia está dando pasos agigantados que desmontan todo lo que hasta ahora se conoce de la línea del tiempo (física cuántica), las mayoría de personas tenemos una serie de creencias, valores, formas de comportarnos y expectativas que se basan en las experiencias del pasado y que han moldeado nuestra “actual” forma de ser.

Si decimos que una persona es aquéllo que “cree ser”  muchos dudarán. Si decimos que una persona puede ser aquéllo que “quiere ser” otros muchas dudarán. Bien, para todos ellos, fin del post. No pretendemos convencer a nadie.

M me decía que es un inútil porque todo el mundo le ha considerado siempre así. P cree que es una mujer que solo merece la atención de un hombre hasta llegar al orgasmo, porque las experiencias que ha tenido así siempre han sido así. R se considera a si mismo como una persona que no merece ser amada, porque sus relaciones nunca han funcionado. K tiene 70 años y se considera hecho un chaval porque se comporta como tal, y sin embargo S, con 50 años, se considera acabado porque se comporta como tal.

Las circunstancias influyen, pero que condicionen nuestra propia felicidad, nuestra actitud hacia la vida, o nuestra forma de comportarnos cimages-3on nosotros mismos y con los demás, eso es algo que solo depende de nosotros.

Los que hayais llegado a esta línea, bien por curiosidad o bien por que estais de acuerdo en que somos aquéllo que creemos y podemos ser aquéllo que queremos, seguramente habeis oído hablar del poder de la atracción.

La mochila de nuestra experiencia pasada puede llegar a pesar mucho. Te propongo un trato: quítate la mochila un ratito (siempre estás a tiempo de recuperarla). Siéntate en un lugar tranquilo, mejor en contacto con la naturaleza (si no puedes mira hacia el cielo, el mar, la montaña o sitúate al lado de algún árbol o jardín). Respira hondo e intenta aparcar problemas y preocupaciones por un momento.

Si has llegado hasta aquí, piensa ahora en que eres una persona viva y libre y que tu ser está conectado a todo cuánto te rodea. Tú influyes en lo que te rodea igual que lo que te rodea influye en tí. Igual que tú no puedes condicionar todo lo que te rodea, no permitas que timages-2odo lo que te rodea te condicione a tí. Aparta de tí durante un rato, cualquier creencia o exigencia hacia tí misma o hacia los demás.

Repítete: “soy una persona viva y libre. Las experiencias que voy a vivir dependen en gran medida de lo que yo quiera” “si quiero amar, amaré y si quiero ser amada, permito serlo” “si quimages-4iero vivir experiencias positivas, pienso en ellas y hago aquéllo que está en mi mano para vivirlas” “No importa cómo me consideren otras personas, solo importa lo que yo crea de mí, y creo que mi futuro depende de aquéllo en lo que me focalice en el presente”. “El universo va a abrirme puertas donde antes solo veía paredes, y es mi decisión atravesar las puertas o no”. “No hay excusas. No hay frustración. Hay voluntad de ser y comportamientos para serlo”.

Recoge tu mochila si crees que debes hacerlo, y si no, hazle una foto para no olvidar el aprendizaje conseguido de tu experiencia y sigue tu camino solo con la foto que pesa menos que la mochila. Ahora no solo estás viva y eres libre sino que además te puedes comportar como tal.  Da gracias al universo por ello. Céntrate en tus deseos, disfruta del día y de todo lo bueno que vas a ir experimentando.  Que tengas un bonito día. Nada es imposible.

Namasté.

 

 

 

 

 

No exageres: sé realista.

abandonarEl diálogo interior, lo que nos decimos a nosotros mismos, es como un resorte que nos predispone a un determinado estado de ánimo. Las personas con depresión o ansiedad, y no sólo ellas, acostumbran a tener una serie de pensamientos automáticos negativos que se constituyen en una especie de “brigada saboteadora” contra nosotros mismos. Es ese “señor juez”, excesivo y desproporcionado, que nos hunde en la miseria más absoluta sin existir motivo para ello.

Algunos de estos pensamientos irracionales, como los llamaba Albert Ellis, son:

Pensamiento dicotómico: “o es bueno o es malo”, “o es blanco o es negro”.

Cuando algo sale mal nos echamos la culpa de todo.  ¿qué pasaría si en lugar de hablar de “culpas” habláramos de “responsabilidad”?. ¿Y si en lugar de atribuirnos toda la responsabilidad, nos atribuyéramos solo la parte que nos corresponde?.

¿Qué dirán los demás?

Uno de los miedos (incluso fobias) más comunes es el miedo a que los demás nos valoren de forma negativa: el miedo a caer mal, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a que piensen que no soy suficientemente inteligente. Esos miedos, a menudo enmascaran una autoestima altamente negativa. No es que nos dé miedo a que los demás “piensen que no soy suficientemente (lo que sea)”; más bien es el miedo a que los demás “se dén cuenta de que no soy suficientemente (lo que sea)”. Piensa que nadie es perfecto, y no es necesario que lo seamos. Aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos nos debe hacer olvidarnos de lo que piensen los demás acerca de nosotros mismos. Tú eres tu mejor aliada/o, así que deja de preocuparte por lo que piensen los demás (que seguro que están muy ocupados con sus propias inseguridades).

La atracción de los pensamientos.

Los pensamientos son como imanes. Si creemos que algo puede salir mal, nuestra mente empieza su labor de saboteadora “yo no valgo para esto”, “este esfuerzo no vale la pena”, “no conseguiré nada bueno”.  Estos pensamientos tan negativos sólo cumplen una función: mantenernos en nuestra zona de confort, no intentar hacer nada nuevo, renunciar a la novedad. Intenta sustituir estos pensamientos por otros más positivos “el que no lo intenta no lo consigue”, “nadie logra el éxito a la primera”, “de cada error aprenderé una lección”.

Generalizar lo negativo

Tenemos la tendencia de generalizar las experiencias negativas. Si algo salió mal en una ocasión pensamos que siempre saldrá mal. Si una relación fue nefasta para nosotros, creemos que siempre tropezamos con la misma piedra. Esta generalización nos bloquea. Edison no inventó la bombilla hasta haber aprendido 10.000 maneras diferentes de cómo no funciona una bombilla. No generalicemos. Aprendamos de los errores y sigamos en la batalla.

Descalificar y descalificarse uno mismo.

La descalificación de los demás y la autodescalificación van a menudo muy unidos. La exigencia y la autoexigencia, o lo que es lo mismo, la falta de tolerancia es uno de los tipos de pensamiento más extendidos y negativos.

Aprender a tolerar el error tanto de los demás como el propio, y no descalificar a los demás por una simple equivocación nos convierte en seres más humanos y positivos. Que una persona se caiga una vez no lo convierte en torpe. Que una persona se equivoque a veces no significa que siempre esté equivocado.

No hay salida.

A veces nos encontramos en situaciones que nos bloquean mentalmente y nos sumergen en un océano de angustia. En una situación de desempleo podemos caer en la frustración de pensar “nunca encontraré empleo”; en una ruptura amorosa, podemos pensar “nunca volveré a amar ni a ser amado”. Ya dijimos antes que la generalización es un mal a evitar. igualmente, la dramatización se convierte en una llamada a la angustia. Intentemos relativizar las cosas: no hay mal que 100 años dure (ni cuerpo que lo resista). Después de la tempestad llega la calma, y después de una subida siempre llega un replano (ésta última frase siempre me la dice un amigo runner, y la utiliza para vencer el cansancio de las subidas cuando corre).

En fin amigos, ser más positivos no significa que nos autoengañemos, simplemente que abandonemos el engaño negativo al que nos someten  nuestros pensamientos y empecemos a coger las riendas de nuestras acciones de forma realista, aprendiendo de los errores y disfrutando de los éxitos por los que trabajamos día a día. 

Baltasar Santos

¿Cómo deshacerte de esos pensamientos que no quieres?

Todos tenemos pensamientos automáticos y conductas automáticas.  

Algunos de esos pensamientos son intrusivos, molestos o no nos dejan vivir. Ponerles remedio es posible.  En este post te explico cómo.

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En el caso de los pensamientos, en muchas ocasiones los pensamientos automáticos se manifestan en el formato de “preocupaciones”. Éstos nos mantienen un problema en la mente activa para que actúemos sobre él. Nuestra primera misión consciente será discernir, la manera o maneras de afrontar el problema.

En otros casos, los pensamientos automáticos pueden ser de euforia, alegría, o relacionados con el amor. Quizás son los menos frecuentes y los que deberíamos practicar con más frecuencia porque producen un “baile” hormonal beneficioso para la salud física y mental. Estos pensamientos no pueden quedarse en las ideas sino que exigen acción: relacionarse, compartir placeres..

Pero los pensamientos automáticos más dañinos son las preocupaciones excesivamente exageradas, inútiles, que pueden manifestarse en forma de obsesiones. Por ejemplo, si me preocupo porque voy a morir  esa preocupación me quita tiempo de vida, ya que la muerte es un paso más del ciclo de vida de un ser vivo y de la propia naturaleza. Si me preocupo porque mi pareja me puede ser infiel, y eso me lleva a un estado de celos, estaré dañando la pareja y creando las condiciones para que mi profecía se cumpla. Si me preocupo excesivamente de un futuro incierto que me atemoriza y ante ese temor me vuelvo pasivo en lugar de marcarme objetivos realistas y metas…también en este caso estaré sentando las bases de un futuro desastroso. Por tanto, ya que estos últimos pensamientos son tan horrorosos, conozcámolos un poco mejor y veamos qué hemos de hacer para eliminar sus efectos negativos.

Hemos quedado en que, de forma coloquial, los pensamientos automáticos a los que nos referimos son aquéllos que se presentan de repente y centran nuestra atención sin que podamos evitarlo. Sus características son:

  • Son cortos, muy concretos y que nos vienen en formato de “palabras” concretas o “fotogramas o escenas cortas” visuales.
  • Son dramáticos, muy exagerados, terribles!.
  • Se expresan términos como “habría que”, “tendría que” o “debería”. Son obligaciones, exigencias.
  • Centran nuestra atención (a veces, toda), y es difícil pensar en otra cosa.
  • Son espontáneos, se presentan de repente a nuestra mente.
  • El tiempo que perdemos en ellos nos genera sentimientos de frustración, culpa, inseguridad, rabia, tristeza o ansiedad.
  • Son persistentes.
  • Provoca actitudes y conductas negativas para nosotros mismos o las personas que nos rodean.

¿Cómo los vencemos?. No es difícil pero es lento, porque se trata de sustituir pensamientos automáticos negativos, por otros pensamientos más realistas y positivos, que vamos a introducir de forma “manual”.

Primero debemos de ser conscientes de esos pensamientos, describirlos y anotarlos en un papel con el mayor lujo de detalles.  “qué palabras me digo, qué película me monto, que clase de reacciones físicas me provoca en mi cuerpo, y qué clase de emociones me despierta”. Pero sobretodo, hay que anotar cuál ha sido la situación, palabra o escena que desencadena ese pensamiento, ¿En qué momento aparece?.

Podemos valorar las emociones que nos provoca de 0 a 10 (0=ninguna emoción; 10= emoción muy intensa).

Una vez que ya conocemos esos pensamientos y esas situaciones desencadenantes tenemos que buscar pensamientos alternativos, menos absolutos, menos radicales, menos negativos, menos autosaboteadores…. y mucho mas realistas, positivos y flexibles, y adecuados a la situación.  Por ejemplo, si el pensamiento automático es “ No le caigo bien a nadie” debemos de cambiarlo por otro como “Sé que no se puede caer bien a todo el mundo, pero lo importante es que hay personas que me valoran”.

Cada vez que tengamos un pensamiento automático negativo, o dada la situación anticipemos que se nos va a presentar, lo que haremos será decir “BASTA YA”, o “NO” y decirnos el pensamiento alternativo que hemos razonado previamente. La repetición de este ejercicio surge efectos con tiempo de práctica, que te recomiendo realices con ayuda de un profesional, con el que también podrás identificar tus creencias y esquemas de pensamiento que dificultan tu crecimiento personal.

Baltasar Santos

Psicólogo. Colegiado 18365.

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