No exageres: sé realista.

abandonarEl diálogo interior, lo que nos decimos a nosotros mismos, es como un resorte que nos predispone a un determinado estado de ánimo. Las personas con depresión o ansiedad, y no sólo ellas, acostumbran a tener una serie de pensamientos automáticos negativos que se constituyen en una especie de “brigada saboteadora” contra nosotros mismos. Es ese “señor juez”, excesivo y desproporcionado, que nos hunde en la miseria más absoluta sin existir motivo para ello.

Algunos de estos pensamientos irracionales, como los llamaba Albert Ellis, son:

Pensamiento dicotómico: “o es bueno o es malo”, “o es blanco o es negro”.

Cuando algo sale mal nos echamos la culpa de todo.  ¿qué pasaría si en lugar de hablar de “culpas” habláramos de “responsabilidad”?. ¿Y si en lugar de atribuirnos toda la responsabilidad, nos atribuyéramos solo la parte que nos corresponde?.

¿Qué dirán los demás?

Uno de los miedos (incluso fobias) más comunes es el miedo a que los demás nos valoren de forma negativa: el miedo a caer mal, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a que piensen que no soy suficientemente inteligente. Esos miedos, a menudo enmascaran una autoestima altamente negativa. No es que nos dé miedo a que los demás “piensen que no soy suficientemente (lo que sea)”; más bien es el miedo a que los demás “se dén cuenta de que no soy suficientemente (lo que sea)”. Piensa que nadie es perfecto, y no es necesario que lo seamos. Aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos nos debe hacer olvidarnos de lo que piensen los demás acerca de nosotros mismos. Tú eres tu mejor aliada/o, así que deja de preocuparte por lo que piensen los demás (que seguro que están muy ocupados con sus propias inseguridades).

La atracción de los pensamientos.

Los pensamientos son como imanes. Si creemos que algo puede salir mal, nuestra mente empieza su labor de saboteadora “yo no valgo para esto”, “este esfuerzo no vale la pena”, “no conseguiré nada bueno”.  Estos pensamientos tan negativos sólo cumplen una función: mantenernos en nuestra zona de confort, no intentar hacer nada nuevo, renunciar a la novedad. Intenta sustituir estos pensamientos por otros más positivos “el que no lo intenta no lo consigue”, “nadie logra el éxito a la primera”, “de cada error aprenderé una lección”.

Generalizar lo negativo

Tenemos la tendencia de generalizar las experiencias negativas. Si algo salió mal en una ocasión pensamos que siempre saldrá mal. Si una relación fue nefasta para nosotros, creemos que siempre tropezamos con la misma piedra. Esta generalización nos bloquea. Edison no inventó la bombilla hasta haber aprendido 10.000 maneras diferentes de cómo no funciona una bombilla. No generalicemos. Aprendamos de los errores y sigamos en la batalla.

Descalificar y descalificarse uno mismo.

La descalificación de los demás y la autodescalificación van a menudo muy unidos. La exigencia y la autoexigencia, o lo que es lo mismo, la falta de tolerancia es uno de los tipos de pensamiento más extendidos y negativos.

Aprender a tolerar el error tanto de los demás como el propio, y no descalificar a los demás por una simple equivocación nos convierte en seres más humanos y positivos. Que una persona se caiga una vez no lo convierte en torpe. Que una persona se equivoque a veces no significa que siempre esté equivocado.

No hay salida.

A veces nos encontramos en situaciones que nos bloquean mentalmente y nos sumergen en un océano de angustia. En una situación de desempleo podemos caer en la frustración de pensar “nunca encontraré empleo”; en una ruptura amorosa, podemos pensar “nunca volveré a amar ni a ser amado”. Ya dijimos antes que la generalización es un mal a evitar. igualmente, la dramatización se convierte en una llamada a la angustia. Intentemos relativizar las cosas: no hay mal que 100 años dure (ni cuerpo que lo resista). Después de la tempestad llega la calma, y después de una subida siempre llega un replano (ésta última frase siempre me la dice un amigo runner, y la utiliza para vencer el cansancio de las subidas cuando corre).

En fin amigos, ser más positivos no significa que nos autoengañemos, simplemente que abandonemos el engaño negativo al que nos someten  nuestros pensamientos y empecemos a coger las riendas de nuestras acciones de forma realista, aprendiendo de los errores y disfrutando de los éxitos por los que trabajamos día a día. 

Baltasar Santos

Pensamientos erróneos: yo no valgo.

billeteEs común pensar que amarse a si mismo es egoista. Sin embargo, el amor que somos capaces de dar a los demás tiene mucho que ver con el amor propio. Dyer define el amor como “la capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para si mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te satisficiera o te gustase”.

No todo el mundo puede decir que tiene amor propio ni que es capaz de amar a los otros.  Cuando somos capaces de reconocer en nosotros mismos nuestra valía, ya no existe la necesidad de que los demás te lo reconozcan o refuercen continuamente.

Si logras amarte a ti mismo y a los demás según esa definición, no amarás porque necesites ser amado sino porque tienes la verdadera capacidad de amar, ser generoso y eso en si mismo te satisface.

Hemos de acabar con los pensamientos que recogen un solo concepto de uno mismo: soy bueno, soy malo…porque todo es relativo y cambiante dependiendo de cómo actuemos en la vida.

Sigan el siguiente ejemplo. Imaginen un billete de 500 euros (yo una vez vi uno). ¿cuánto vale ese billete?: Muy bien!: 500 €. Ahora arruguenlo, escupan sobre él, corten un trozo. ¿cuánto vale el billete ahora?. Exacto!!!: sigue valiendo 500 €. Pues las personas también tenemos un valor intrínseco que es independiente de lo que nos arruguen, escupan o intenten destrozar. Valemos por el simple hecho de ser humanos.

Es tan absurdo supeditar el valor de una persona a los logros que consigue, como tirar el billete de 500 € porque alguien lo ha arrugado. El resultado de sus actividades, aunque éste no haya sido lo bueno que se esperaba, no determina el valor de la persona.