¿Te sientes mal por sentirte mal?

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En nuestra sociedad parece que esté mal visto no estar siempre animado o de buen humor. De hecho, cuando no estás animado ni de buen humor, siempre hay alguien que te lo recuerda, a veces para que te dés cuenta de que se ha dado cuenta, y otras veces, con la más sana de las intenciones de ayudarte a salir de ese estado.

Sin embargo, cuando no estamos al 100%, esa presión a la que nos someten o a la que nos sometemos, nos hace sentir todavía peor, sobretodo, cuando ese estado de ánimo no se debe a nada concreto, o que no somos capaces de identificar, o que no quieres que te afecte o cuando se debe a factores y circunstancias sobre las que no podemos actuar, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, reconocer y aceptar las emociones negativas (tristeza, resentimiento, etc) es beneficioso siempre que aceptes que tienes todo el derecho a sentirte mal. No queremos sentirnos mal ni de mal humor, pero si estamos en ese momento, lo mejor que podemos hacer es entender y aceptar esas emociones, sin juzgar si son o no exageradas, ridículas o fuera de lugar.

Efectivamente, según Iris Mauss, profesora de psicología e investigadora en un reciente estudio de la UC Berkeley, las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas mejoran sustancialmente su salud psicológica.

En efecto, la aceptación de emociones como la tristeza, el resentimiento, la melancolía, etc… sin luchar contra ellas o juzgarse por sentirlas, nos lleva a un autoconocimiento que hace mucho más fácil que no se repitan y que no nos estresemos o culpabilizemos por experimentarlas.

Tal y como hacemos con la práctica del mindfulness, entender nuestras propias reacciones negativas, es fundamental para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas son mucho más capaces de afrontar su estrés de forma adecuada.

Las emociones negativas son una reacción a algo que no nos gusta o que representa una amenaza. Por tanto, son necesarias y adaptativas. Sin embargo, una vez experimentadas podemos decidir quedarnos anclados en ellas o en cambio, entenderlas, no juzgarnos ni culparnos por experimentarlas, observar que son consecuencia de algo que no nos ha gustado y dejar que se marchen a los pocos minutos sin forzar.

Así que ya sabes. No te sientas mal por sentirte mal. Aprende de tus emociones negativas, que tienen mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.

Como dice Elsa Punset: “No es magia, es Inteligencia emocional”.

El partisano en tu espejo.

El movimiento partisano estuvo ligado a la resistencia ante los Nazis. Sus milicianos eran mujeres y hombres dispuestos a luchar por un futuro mejor. Nuestro partisano psicológico es nuestro mejor aliado para conseguir nuestros objetivos. Imagen de wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/Soviet_partisans

El término “partisano” es una hermosa palabra que nos evoca al romanticismo de la resistencia, a la lucha clandestina por lo justo, y a sentimientos de solidaridad con otros partisanos, que son minoría en un mundo ocupado.

En sentido estricto, un partisano es un guerrillero que se opone a un ejército de ocupación; su utilización se asocia con frecuencia a organizaciones clandestinas de resistencia en la Segunda Guerra Mundial.  Sin embargo, la acepción que le daremos en este post hace referencia a ese “yo” que nos habla a cada uno de nosotros, y nos anima a hacer lo correcto, a pesar de que nos invadan esas fuerzas de ocupación llamadas “Pereza” ,”Impulsividad” y “Ansiedad” (en adelante, el ejército de la PIA).

Ese partisano que nos defiende es el que se sobrepone a la adversidad y al ejército de la PIA, haciéndonos fuertes para hacer algo que estábamos posponiendo, o sencillamente para seguir haciendo algo, que aunque nos cueste algún esfuerzo, nos conduce a algo bueno. La motivación, el esfuerzo y la resiliencia son los grandes aliados de nuestro partisano. La pasión, el positivismo centrado en la realidad y la ilusión son sus grandes amigos.

Aunque muchos piensan que los partisanos tienen la guerra perdida, los propios partisanos saben que se pueden perder algunos combates, pero que resistir es vencer.  Afortunadamente, todos tenemos un partisano dentro de nosotros. Sólo hace falta mirarse al espejo, y dejarte influir por la fuerza,  la pericia,  el honor y la actitud de tu guerrillero partisano. La victoria está en tus manos.