¿A tí qué música te amansa?

bethoven

La música que elegimos escuchar en cada momento tiene mucho que ver con nuestro estado de ánimo y emociones, pero también puede utilizarse para cambiar el estado de ánimo.

Todos tenemos una música que nos pone a 1000 por hora. Es más, depende del día, incluso podemos elegir una u otra música para ponernos a tope. Igual pasa cuando estamos en ese estado de “ploff”, abatidos, cansados o depres.

La regulación del estado emocional por medio de la música es algo que todos hemos experimentado muchas veces. Particularmente, utilizo Metallica para los estados de euforia, Mozart y Shubert cuando toca concentrarse o relajarse, Amaral cuando estoy nostálgico…y podría seguir asociando música y/o grupos a momentos concretos.

Buscamos música coherente con nuestro estado de ánimo. Sin embargo, desde la psicología hace tiempo que se utiliza la musicoterapia. Las melodías no son la pauta terapéutica básica ni exclusiva que se utiliza con los clientes/pacientes. pero sí que es una formidable ayuda para regular las emociones.

Así, con un paciente melancólico, se puede utilizar con una música que se adecúe a ese estado emocional (siempre según los gustos del paciente), para posteriormente escuchar otras melodías que acompañen (y promuevan) un cambio del estado de ánimo.

Recuerdo una paciente en un estado de mutismo (no hablaba). La sesión duró algo más de dos horas, y a partir de la segunda hora decidí utilizar la música. Puse youtube y pedí a mi paciente que pusiera la música que quisiera. Fuimos alternando canciones durante un rato, hasta que en uno de sus turnos, puso una canción cuyo estribillo era “quiero hablar” (aún me emociono cuando lo recuerdo). A partir de ahí, la comunicación fue más fluída.

La música tiene un efecto catárquico que nos ofrece la posibilidad de reconducir situaciones. Tanto es así, que en los últimos años se está utilizando con pacientes con párkinson o de alzhéimer.

Recientemente investigadores de las universidades de Bari (Italia) y Helsinki (Finlandia) han observado que la influencia que una misma música ejerce sobre el estado de ánimo de personas distintas, depende del tipo de gen D2 del que son portadoras.

Para Elvira Brattico, una de las autoras del estudio publicado en la revista Neuroscience, esta observación abre la puerta a una intervención no farmacológica para regular el estado anímico y las respuestas emocionales tanto a nivel de comportamiento como a nivel neuronal, por medio de la música.

A partir de estos datos, qué te parece si la próxima vez que estés un poco “depre” te pones una música acorde con ese estado, pero luego cambias a algo más animado y que sueles ponerte en momentos de alegría. ¿te atreves a probar?.

 

 

¿Te sientes mal por sentirte mal?

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En nuestra sociedad parece que esté mal visto no estar siempre animado o de buen humor. De hecho, cuando no estás animado ni de buen humor, siempre hay alguien que te lo recuerda, a veces para que te dés cuenta de que se ha dado cuenta, y otras veces, con la más sana de las intenciones de ayudarte a salir de ese estado.

Sin embargo, cuando no estamos al 100%, esa presión a la que nos someten o a la que nos sometemos, nos hace sentir todavía peor, sobretodo, cuando ese estado de ánimo no se debe a nada concreto, o que no somos capaces de identificar, o que no quieres que te afecte o cuando se debe a factores y circunstancias sobre las que no podemos actuar, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, reconocer y aceptar las emociones negativas (tristeza, resentimiento, etc) es beneficioso siempre que aceptes que tienes todo el derecho a sentirte mal. No queremos sentirnos mal ni de mal humor, pero si estamos en ese momento, lo mejor que podemos hacer es entender y aceptar esas emociones, sin juzgar si son o no exageradas, ridículas o fuera de lugar.

Efectivamente, según Iris Mauss, profesora de psicología e investigadora en un reciente estudio de la UC Berkeley, las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas mejoran sustancialmente su salud psicológica.

En efecto, la aceptación de emociones como la tristeza, el resentimiento, la melancolía, etc… sin luchar contra ellas o juzgarse por sentirlas, nos lleva a un autoconocimiento que hace mucho más fácil que no se repitan y que no nos estresemos o culpabilizemos por experimentarlas.

Tal y como hacemos con la práctica del mindfulness, entender nuestras propias reacciones negativas, es fundamental para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas son mucho más capaces de afrontar su estrés de forma adecuada.

Las emociones negativas son una reacción a algo que no nos gusta o que representa una amenaza. Por tanto, son necesarias y adaptativas. Sin embargo, una vez experimentadas podemos decidir quedarnos anclados en ellas o en cambio, entenderlas, no juzgarnos ni culparnos por experimentarlas, observar que son consecuencia de algo que no nos ha gustado y dejar que se marchen a los pocos minutos sin forzar.

Así que ya sabes. No te sientas mal por sentirte mal. Aprende de tus emociones negativas, que tienen mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.

Como dice Elsa Punset: “No es magia, es Inteligencia emocional”.

Querer y amar.

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El principito nos enseña la diferencia entre amar y querer. Lee el capítulo, y luego comentamos.

-“Te amo” – dijo el principito…

-“Yo también te quiero” – dijo la rosa.

-“No es lo mismo” – respondió él… “Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía… Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados. Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro.

El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.

Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento. Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar.

Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no se puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.

Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de tí, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que, pase lo que pase, vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”

 -“Ya entendí” – dijo la rosa.

-“ No lo entiendas, vívelo” – agregó el principito.

(Antoine de Saint Exúpery, en “El Principito”)

Comentarios:

A menudo, cuando nos enamoramos pensamos, sentimos y decimos un “te quiero” con el convencimiento de que “querer a esa persona” es el mejor sentimiento. Sin embargo, cuando queremos a alguien y no nos corresponde de igual manera, la frustración y la tristeza nos hace sufrir.

El apego a las personas es algo maravilloso, pero hay formas de vivir ese apego que no son saludables. Querer es, en cierto modo, egoista, porque se centra en los sentimientos y necesidades de quien así siente. Querer a alguien que no te corresponde tiene un ciclo muy corto, lleno de frustración y sufrimiento, que nos agota y nos consume emocionalmente.   Sin embargo, cuando amamos, lo hacemos desinteresadamente, sin esperar nada a cambio, de forma libre, y deseando lo mejor para la otra persona.

Amar es aceptar a la persona como es, sabiendo que los sentimientos no se pueden forzar. Amar es intentar permanecer a su lado y regalarle trocitos de felicidad, que puede que algún día te vuelvan incrementados.

Tod@s pasamos por etapas en las que queremos y en las que amamos. Ambos son sentimientos positivos, con sus diferencias. Lo importante es no sufrir por ellos ni el sentimiento no es correspondido y respetar siempre la libertad de la otra persona para sentir sus propias emociones aunque no sean recíprocas con las nuestras.

Baltasar Santos.

Psicólogo. Actitud i Més

 

Terapia para el Hambre de piel.

Abrazos de amor, de cariño, de respeto, de amistad, de confianza, de consuelo, de solidaridad, ….. abrazos: el mejor remedio para la sed de piel.

Hace unos años, de visita por Madrid, me tropecé con unos jóvenes que exhibían unos carteles que decían “abrazos gratis” mientras iban saliendo al paso de los desconocidos con los que se cruzaban por la calle para darles un abrazo. Aunque sorprendidos, muchos transeúntes accedían al abrazo, y acto seguido su cara se iluminaba y una sonrisa presidía su expresión. Son los efectos del abrazo.

Uno de los problemas más acuciantes que experimenta la mayoría de personas, es la llamada “hambre de piel”, que no es otra cosa que la constatación de que nos sentimos sólos, o de que no se nos expresa tanto cariño como el que necesitamos. Tal problema pone de manifiesto una verdad como un templo: el afecto es tan necesario para las personas como el agua, el aire, o los alimentos. La falta de afecto nos predispone a la depresión, la ansiedad y a un montón más de problemas emocionales. La terapia, sin embargo, puede ser tan rápida como queramos: sólo tenemos que ponernos a repartir afecto: abrazos, frases cariñosas, comprensión, besos, llamadas desinteresadas… e inmediatamente todo lo que ofrecemos lo recibiremos. El hambre de Piel está tan extendida en nuestra sociedad, que una persona que toma la iniciativa para saciar el hambre de los demás, es rápidamente correspondida.

Pruébalo hoy!

Besar: arte o ciencia (1/3)

besoSeguramente, todos tenemos en nuestra memoria grandes besos llenos de amor y deseo. Sin duda, las personas que han podido comparar besos y besadores/as, saben perfectamente que besar es todo un arte. Sin embargo, nos ocuparemos aquí del beso como ciencia, y trataré de explicar tres aspectos: el intercambio químico de saliva, el significado psicológico del beso, y la enfermedad del beso. Dada la extensión prevista de este tema, dedicaré un post a cada uno de ellos, empezando por la cuestión química. Vamos al lío.

Para empezar, decir que la ciencia que investiga el beso se denomina filematología (no confundir con “filetelogía” o “ciencia de darse el filete” como simpáticamente me decía un alumno).

¿Qué información obtenemos con el beso?

El beso tiene una función “natural” para la supervivencia de la especie. El intercambio salivar que se produce durante el beso es en realidad un intercambio químico que nos ayuda a escoger la pareja más adecuada. Con un beso se activan hasta unos 30 músculos faciales, 17 de ellos relacionados con la lengua, se transfieren 9 miligramos de agua, otros 0,18 de sustancias orgánicas, 0,7 de materias grasas, 0,45 de sales minerales, además de millones de gérmenes, bacterias y microorganismos, y se queman, a lo largo de tres minutos, unas quince calorías. El beso es fundamentalmente una cuestión química.

La saliva masculina tiene testosterona que se transfiere a la mujer provocándole apetito sexual. Los besos húmedos, además, ayudan al hombre a medir los niveles de estrógenos de la pareja femenina para hacerse una idea de su grado de fertilidad. A las mujeres, la información química salivar les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su pareja, y saber si se cuida.

Según Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutger y experta mundial en la biología del amor, el ser humano tiene tres sistemas cerebrales para permitir el emparejamiento y la reproducción. El primero es el deseo sexual, alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres. El segundo sistema regula el amor pasional u obsesivo y parece estar vinculado a una actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural. El tercero de los sistemas, controla el apego gracias a la acción de la oxitocina, y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos. El beso, probablemente, permite que se estimulen esos tres sistemas, según esta antropóloga.

Además, besarse reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta los niveles de oxitocina, siempre y cuando besemos a la persona adecuada. Esta última hormona, la oxitocina es una droga natural, que se produce cada vez que nos besamos e influye en funciones básicas como el enamoramiento, el orgasmo, el parto o la lactancia, y está asociada con la afectividad, la ternura y el contacto físico.

Si aún te quedan excusas para no besar no te pierdas el siguiente post sobre el tema.

Mejorar la inteligencia social en 6 pasos.

IERecientemente, en una reunión formal donde discutíamos sobre los perfiles profesionales de algunas personas, una de las asistentas hacía notar la falta de empatía de uno de los evaluados, y la gran empatía del otro candidato. Hacía esta evaluación aplicando de forma equivocada el concepto de empatía. Realmente, lo que mi compañera quería decir es que uno de los candidatos era extrovertido y el otro no lo era, sin que eso tenga que ver con la capacidad de entender a las personas.

¿Puede una persona introvertida ser empática?. Por supuesto que sí. La gran mayoría de personas introvertidas tienen una inmensa capacidad de escuchar y entender los problemas de los demás, sin necesidad de ser extrovertidos ni divertidos a la vista de los demás. En el polo opuesto, en algunos casos, las personas extrovertidas no son empáticas, dado que pueden preocuparse más de caer bien, y ser divertidos, que por escuchar y entender a los demás. Suele decirse que las personas extrovertidas tienen muchas más relaciones pero más superficiales que las personas introvertidas, mucho menos sociales, pero con relaciones más profundas y comprometidas.

Esa confusión de conceptos me ha motivado a escribir estas líneas en las que intentaré explicar que es la inteligencia social y cómo mejorarla.

Cuando hablamos de inteligencia nos referimos a la capacidad de adaptación al medio, a la capacidad que tenemos de relacionar conocimientos y utilizarlos para resolver una situación concreta. Cuando hablamos de inteligencia social nos estamos refiriendo a la capacidad que tenemos todos los seres humanos de entender, tratar y llevarnos bien con los que te rodean. Este tipo de inteligencia es aquella que ejercitada correctamente nos ayudará a mejorar la calidad de nuestras relaciones personales, a que nuestros logros profesionales aumenten, a que nuestras relaciones sentimentales sean mucho más estables y duraderas. En resumen, es el tipo de inteligencia que hará que nos relacionemos con efectividad y que obtengamos el mínimo nivel de rechazo.

La inteligencia social, contrariamente a lo que muchas personas opinan, no está preestablecida genéticamente. Se puede entrenar y para ello sólo hay que tener en cuenta algunos factores como los expuestos a continuación:

1. EMPATÍA: Es la capacidad de entender a los demás, de ponernos en su “piel” para entender lo que dicen, cómo se sienten…de forma que podamos ofrecerle la respùesta más adecuada. Decía en la introducción que no hemos de confundir empatía ni con simpatía ni con extroversión, sino la capacidad de conexión emocional con la otra persona. La podemos ejercitar cada día mediante un sencillo ejercicio: Busca un periódico o un “post” de algo que haya experimentado un amigo de facebook. Extrae de él la experiencia de otro e imagínate cómo te sentirías tú en su lugar. Te aseguro que si lo haces cada día al final tu cerebro lo hará de una manera natural.

2. LIDERAZGO: Liderazo no es sólo la capacidad de dirigir a los demás, sino sobretodo, la capacidad de crear sinergias que hagan que las personas quieran seguirte. El liderazgo exige disciplina y autocontrol en las buenas y en las malas situaciones. Las personas líderes, lo son en la medida en que pueden liderarse a si mismos, con su capacidad de autocontrol y disciplina personal en sus tareas. Una persona que se lidera a si misma está en disposición de liderar a otros.

3. ASERTIVIDAD: La asertividad es esa forma de comunicación que nos permite luchar por nuestros objetivos siempre de forma respetuosa con los derechos de los demás. Contrariamente a la comunicación pasiva (ejemplificada en la frase “lo que tu digas”, “lo que tu quieras”), y contrariamente a la comunicación agresiva (ejemplificada en los reproches o las amenazas a los otros), la comunicación asertiva se centra en tratar a los otros como tú querrías que te tratasen a ti. Para mejorar esta habilidad, cuando tengamos que abordar una situación polémica es útil centrarnos siempre en los hechos y no en las personas implicadas, eso nos ayuda a distanciarnos emocionalmente y nuestras palabras tendrán menos carga negativa, pudiendo centrarnos en la solución de los conflictos, de forma respetuosa y educada.

4. SABER ESCUCHAR Y PRESTAR ATENCIÓN: La escucha activa es el arte de centrarse en lo que el otro está diciendo. A menudo, las personas renunciamos a escuchar al otro, y mientras el otro habla nos dedicamos a “fabricar” nuestra respuesta. Cuando esto sucede, los diálogos se convierten en competiciones verbales o en monólogos en el que nadie escucha, y todo el mundo se preocupa más de hablar que de entender. No interrumpir al otro es esencial para escuchar, y sobretodo hacer que la otra persona se sienta escuchada, lo cual incrementa el vínculo afectivo entre las personas.

5. ANALIZAR EL LENGUAJE NO VERBAL DE LOS OTROS: Si eres de los que no te sueles fijar en la gesticulación o postura que los demás adoptan, te pierdes una información muy valiosa. Aprende a interpretar sus movimientos y la postura de su cuerpo y entiende qué están pensando o qué están sintiendo. Si le demuestras a los demás que tu comprensión es así de profunda se abrirán sin problema alguno.

6. EXPRESAR UNA SONRISA: La sonrisa es el mayor arma del liderazgo. Aunque seamos personas serias y responsables, no tenemos porque parecer secos y distantes. No cuesta nada dar dos besos o estrechar amablemente la mano. No cuesta nada expresa nuestra bienvenida a los demás con una sonrisa. Las personas físicamente distantes crean rechazo inconsciente.

La inteligencia social es sólo una de las múltiples inteligencias que poseemos, pero bajo mi punto de vista, la más importante. Mediante la inteligencia social conectamos con los otros y compartimos información y emociones. Practicalo.

Inteligencia emocional como asignatura ¿qué opinas?

Inteligencia emocionalSomos muchos los educadores y psicólogos que reclamamos la inclusión de una asignatura obligatoria para que los niños y jóvenes aprendan a descubrir y gestionar sus propias emociones, tranquilizar sus mentes, relajar su cuerpo, aprender de los errores y sentirse cómodos con sus propias emociones y las de los demás.

La empatía, la asertividad, la planificación de objetivos, la resiliencia, la resolución de conflictos (en la familia, en el aula, en la vida) son competencias tan relevantes como las matemáticas o la lengua, para el completo desarrollo de las personas. El mayor beneficio de implantar esta asignatura en los currículums escolares sería una educación tanto emocional como a nivel de consecución de objetivos en la vida: académicos, profesionales, en las relaciones sociales, con respecto a uno mismo…

¿Y Vd qué opina?: ¿Debería incluirse como asignatura obligatoria?.