Empresas multicanal

La comunicación multicanal es una necesidad para las empresas

Comunicación multicanal

En todo plan de marketing las empresas han de diseñar su plan de medios. La presencia en unos canales u otros dependerá, evidentemente, del tipo de empresa. No serán los mismos medios los que escoja una empresa con una estrategia offline de ventas que utiliza las redes para posicionarse en su mercado que una tienda online sin presencia física. Igualmente, la actividad de la empresa, los objetivos empresariales y su target serán factores decisivos para la elección de los canales de comunicación con sus clientes.

Sin embargo, hay una muy clara: hoy los clientes utilizan una gran cantidad de canales diferentes (off y online) para comunicarse con la empresa, y para comunicar a otros consumidores su opinión acerca de nuestra empresa, de nuestros productos o de nuestros servicios. El prosumidor tiene hoy día una presencia multicanal y es por ello que las empresas, cada vez más, han de abrir y estar al día de los nuevos canales disponibles.

La atención presencial, telefónica y por correo electrónico es casi siempre insuficiente cuando los canales de comunicación más utilizados por nuestros clientes son whatssap, facebook, instagram o twitter, por poner solo algunos ejemplos. Elegir bien los medios que pondremos a disposición de nuestros clientes potenciales y reales es una decisión de gran trascendencia, pues implicará que destinemos tiempo y/o recursos a atender dichos canales desde una perspectiva de comunicación bidireccional (escuchar y hablar, atender y proponer, preguntar y responder).

Es fundamental tener diferentes canales abiertos. Si utilizamos WhatsApp para notificaciones urgentes, también podemos utilizar SMS en momentos puntuales, o correos electrónicos o mensajes en Facebook, para avisar a nuestros clientes o para enviarles mensajes concretos.

No comunicarse con el cliente, o hacerlo tarde, es sinónimo de pérdida de oportunidades y de negocio, además de ofrecer una mala imagen a nuestros clientes, que al fin y al cabo, son las personas que mantienen nuestra empresa activa.

Antídoto contra el aislamiento

Hay personas gentemucho más propensas que otras a aislarse, a incomunicarse, con el objeto de escapar del sufrimiento que le provocan las relaciones sociales. Las causas pueden ser muchas y muy variadas: una frustración amorosa, la vivencia de una traición, vergüenza, culpa…. pero el denominador común suele ser: “mejor solo que mal acompañado”.

Aunque a veces, tal solución puede ser positiva, puesto que tiene un beneficio a corto plazo: evita la confrontación, o el esfuerzo de enfrentarse a situaciones no deseadas. Además de suponer un beneficio a corto plazo, el autoaislamiento puede ser reforzante puesto que implica un sentimiento de autosuficiencia y de reflexión interna (introspección) que puede facilitar un auto análisis de la situación que atraviesa la persona para trazar planes de mejora.

Como contrapunto, el autoaislamiento provoca sentimientos de soledad, de frustración y de baja autoestima, más o menos intensos, dependiendo de la vulnerabilidad de cada persona.

Seguramente, hay momentos en que aislarse voluntariamente (meterse en la cueva) puede ser beneficioso para la persona, siempre que dicha conducta sea pasajera (unos dias), tiempo suficiente para recapacitar. Sin embargo, las personas que se meten en su cueva con la intención de no salir, corren el riesgo de ver ese deseo hecho realidad, y quedarse aislados para siempre de una sociedad que nos aporta relaciones de todo tipo, buenas, malas, y de gente maravillosa.

Es importante no aislarse. El ser humano es social por naturaleza, por lo que la desconexión completa y permanente no solo no es beneficiosa sino permanentemente perjudicial para la persona que la practica. Si observas un charco de agua mientras llueve observarás que cada gota de agua que cae genera un círculo alrededor suyo diferente, y sin embargo, la expansión de ese círculo no solo depende de cada gota, sino del resto de gotas que van cayendo al lado.

De igual manera, el ser humano es único e irrepetible, pero nuestro desarrollo siempre depende del conjunto de personas que nos rodean, que nos influyen y a las que influímos. Intentar aislar esa interconexión es poco menos que imposible, tan imposible como que las hojas de un árbol no se muevan a merced del aire que sopla en su dirección.

Pensar que toda relación es positiva es, sin lugar a dudas, un buen planteamiento que nos ayuda a superar los estados de fracaso relacional. De las buenas relaciones sacamos buenos momentos, de las malas sacamos aprendizaje, y en la vida, hay algunas relaciones que simplemente son maravillosas y que nos dejan huella y recuerdos permanentes.

Renunciar a ellas es renunciar a vivir lo mejor que nos ofrece la vida.

 

 

 

 

 

No quiero hablar de eso

noquierohablarEn la vida de pareja, la inmensa mayoría de personas hemos oído alguna vez la frase “No quiero hablar de eso”, y hemos montado en cólera al entender que nuestra pareja no quiere hablar de algo que para nosotros es importante, y por tanto, nos sentimos tratados con indiferencia. Si somos honestos, todos hemos pronunciado alguna vez esa frase.

“No quiero hablar de eso” puede ser un signo de comunicación pasivo-agresiva, que denota un estilo de afrontamiento de los problemas pasivo. “Si no hablo de las cosas que me generan ansiedad, me siento cómodo” “aquello que me genera malestar, ya pasará con el tiempo”. Son maneras de evitar afrontar “de cara” las situaciones conflictivas.

Sin embargo, en ocasiones, “no quiero hablar de eso” puede significar que “no sé muy bien qué decir” o “necesito tiempo para poder aclarar mis ideas”. En estos casos, la frase podría completarse: “no quiero hablar de eso en este momento pero estoy dispuesto a hablar de ello más tarde”.

La comunicación pasivo-agresiva está detrás del 99% de los problemas de las parejas, y nos lleva a pensar “soy yo el que hace esfuerzos por salvar la relación” “él o ella, sólo quiere hablar de sus necesidades, pero obvia las mías”. De ahí a la ruptura de la pareja hay una delgada línea roja que muchas veces atravesamos sin apenas darnos cuenta de la gravedad de la situación.

El otro miembro de la pareja acostumbra a pensar que no sabe leer la mente: “si quiere algo, que me lo diga, pero poner mala cara sin saber qué le pasa, sólo me hace sentir mal”. “Si le pregunto cuál es el problema, no quiero que me diga “nada” o “deberías saberlo” o “no quiero hablar de eso”… las discusiones y malos entendidos deben hablarse, y si no es ahora, inmediatamente, puede hacerse más tarde, cuando los dos miembros de la pareja estén preparados.

¿Qué hacer al respecto?

Las palabras desempeñan un papel fundamental en la forma en que los hombres y las mujeres vivimos la relación. Mientras que los hombres acostumbramos a ser muy susceptibles con las palabras mordaces de las mujeres, éstas manifiestan que su mordacidad viene determinada por las reacciones siempre pasivas de los hombres”. Evidentemente, no en todas las parejas se visualiza esta secuencia de factores, en otros casos es al revés, aunque las mujeres suelen quejarse más tanto de la pasividad de sus parejas, como de la ironía de las expresiones de sus parejas (cosa que odian).

Seis ideas que pueden ayudar:

1.- Crea una zona de seguridad dentro de tu hogar. Llámalo “el punto de serenidad”. Cuando esteis en una discusión, parad la discusión, esperad 3 minutos (tiempo para que las emociones negativas vuelvan a su estado de reposo), y queda con tu pareja en “el punto de serenidad” para hablar del problema.

2.- Explícale que estás confundido/a por su reacción ante la situación y que te gustaría que en vez de decir determinadas expresiones (que te sientan mal), te gustaría que expresara sus diferencias en un lenguaje más positivo.

3.- Escribe una nota o deja una tarjeta que diga: “Cuando gritamos me siento herida”. ¿Podemos hablar de lo que te dije que provocó tu ira y de cómo podemos resolver esto en el futuro?”.

4.- Estableced tiempos de intervención, coged un papel y un lápiz, y anotad aquéllo en lo que estais en desacuerdo y aquéllo en lo que estais de acuerdo. Cuando llegue vuestro turno lo exponeis…pero nunca interrumpais. Practicad la escucha activa.

5.- Nunca insulteis, amenaceis o trateis “de tonto/a” a la otra persona.

6.- Visitad un profesional.

¿Esperas que adivinen tu pensamiento?

adivinacion

La adivinación de pensamiento como base de muchos problemas de relación de pareja

La comunicación es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja. En otros posts hemos hablado de la falta de respeto, la impulsividad,  y la falta de escucha activa que están presentes en la mayoría de parejas que asisten a terapia de pareja.

Hoy le toca el turno, a uno de los problemas de comunicación más perjudicial: la adivinación del pensamiento, es decir, pensar que el otro sabe lo que pensamos, sin que se lo hayamos dicho, y pensar que se sabe lo que el otro piensa, sin preguntarle.

Dar por hecho pensamientos del otro o pensar que el otro nos tiene que adivinar los nuestros, es una actitud ineficaz para una buena comunicación.  Este error de pensamiento y de conducta se sustenta en la creencia “las buenas parejas tienen que saber lo que piensan porque se conocen muy bien”. Es un error, porque aunque sería bueno desarrollar un alto grado de complicidad y “química” con nuestra pareja, esa complicidad sólo se lleva a cabo en decisiones que ambos comparten, pero no cuando hay disparidad de opiniones.  Una comunicación asertiva, en que ambos miembros de la pareja expresen sus propios pensamientos y opiniones sin lesionar los del otro, es en cambio una actitud mucho más favorecedora tanto de la comunicación como de la cohesión de la pareja.

Uno de los grandes errores de la “adivinación del pensamiento” es dar por hechos argumentos en la mente del otro, que ni siquiera intentamos confirmar, porque pensamos que no es necesario preguntar dado que ya sabemos lo que el otro piensa… cuando no es así. Grandes peleas, discusiones y rupturas se han ido gestando en la adivinación del pensamiento.  Nuestro grado de ira es tan elevado por algo que nos han dicho (o hemos entendido que nos han dicho), que automáticamente damos por hechas algunas intenciones en el otro, que no se corresponden con las verdaderas intenciones del otro.

Este fallo comunicativo puede solucionarse siempre que ambos miembros de la pareja quieran. Sólo son necesarias dos cosas:

  1. Prescindir de la adivinación del pensamiento. No interpretar las intenciones del otro hasta que le hayamos preguntado: “¿Lo que quieres decir es ….esto?”. De esta forma damos la oportunidad de confirmar o rechazar la “película” que nos estábamos empezando a montar.
  2. No esperar que el otro adivine lo que queremos, o lo que pensamos, porque quizás no le está llegando tu onda mental. Es mejor que se lo digas, y que te expliques bien.

Por último, y como algo lúdico, os dejo un enlace a un sitio en el que sí que os adivinarán el pensamiento. http://es.akinator.com/

Comunicación asertiva en pareja.

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Uno de los aspectos más degradados en las relaciones de pareja devaluadas es, sin duda, la comunicación.

Cualquier intercambio comunicativo sirve de excusa para gritar, “tirar dardos envenenados”, o agredir verbalmente.  En esos momentos nos parece imposible decir lo que pensamos sobre tal o cual cosa sin acabar a grito pelado.

Además de la gestión de las emociones (y de la ira), es fundamental que las conversaciones con nuestra pareja se basen en proposiciones argumentadas y no en discusiones o debates. Las discusiones o debates se centran en la pelea de ¿quién lleva la razón? con lo que la contraposición de ideas en personas no habituadas a discutir o debatir racionalmente acabe como el rosario de la Aurora.  En cambio, si no contraponemos las ideas y nos limitamos a PROPONER sin exigir que nuestra proposición sea aceptada, estaremos en condiciones de abordar otros elementos importantes para la comunicación como son la escucha activa, el feedback y la empatia.  Aprender a comunicarse es mejorar la relación de pareja.

¿cómo influyen las discusiones de los padres en los hijos?

niño tristeEs importante normalizar los desencuentros en la pareja. Las desaveniencias conyugales es algo que hay que ver como “normal” desde el momento en que entendemos que las relaciones entre personas tienen puntos de acuerdo, pero también puntos de desencuentro. El mito de la “media naranja” no es más que eso… un mito.  Cada persona tiene una historia detrás, unas experiencias, una familia, unos amigos, unos éxitos y unos fracasos que han marcado decisivamente una determinada manera de relacionarse con los demás, incluyendo la pareja.  Lo importante no es que existan conflictos sino cómo se abordan los conflictos.

Es a la hora de abordar los conflictos conyugales cuando se descubre el estilo de comunicación y de afrontamiento de los problemas existente en una pareja. Los reproches, las generalizaciones y los estilos de comunicación pasivo-agresiva están a la orden del día.  Cuando las discusiones, las discrepancias de pareceres exceden los umbrales de la buena educación, la escucha activa y el debate, a menudo nos encontramos con gritos, faltas de respeto, llantos o “te dejo de hablar”. ¿cómo influye todo eso en los hijos?.

Para empezar, los hijos, por pequeños que sean no son ajenos a las discusiones. Pueden no entender el contenido de la discusión, pero entienden que existe una discusión. Cuando los niños ven que sus dos referentes discuten pueden tener lugar varias consecuencias, a corto y largo plazo, puesto que de ser frecuentes, marcarán la forma en que el niño se relacionará con los demás en el futuro.

  • Los niños se desorientan. Si Papá y Mamá lanzan mensajes diferentes y no sabe a quién hacer caso. Las discusiones entre los padres crean un estado de indefensión en el niño, puesto que se ve impotente para evitar que sus dos referencias más importantes discutan. El mundo interno del niño tiembla. 
  • Los niños aprenden pautas de relación. Si papá y Mamá se gritan, el niño aprende a gritar en caso de desacuerdo. Más tarde, el grito puede convertirse en agresión, en hacer valer su argumento por la vía de la imposición o de la fuerza.  Si los papás debaten, el niño aprenderá a dialogar como mecanismo de afrontamiento de los conflictos.
  • Si los papás lloran, el niño aprenderá a descargar emocionalmente mediante el llanto.
  • Si los papás se dejan de hablar, el niño aprende que el silencio y el ignorar a la otra persona es un modo de resolver problemas.

Hace poco unos padres me explicaban que se habían dejado de hablar durante 1 mes, pero que sin embargo, cada uno de ellos individualmente había mejorado la relación con las hijas: “durante ese mes la relación con mis hijas era como una balsa… eran obedientes, se portaban bien….”.  ¿Por qué cambian las hijas en su comportamiento?. Pues una posibilidad muy probable es que las niñas crean tener cierta responsabilidad en las discusiones de los padres; ¡culpa!, y por ello hacen lo posible para no irritar a los padres.  También puede generarse miedo: que las niñas sientan miedo ante la posibilidad de que sus progenitores les dejen también de hablar a ellas cuando no hacen las cosas bien.

En cualquier caso, INDEFENSIÓN, CULPA y MIEDO son palabras mayores para cualquier persona, y máxime para un menor, en pleno desarrollo de sus esquemas de razonamiento y relación.

Conclusión: la discusión entre los padres es normal, pero hay que aprender a no enviar mensajes contradictorios a los hijos, afrontar las discrepancias de forma civilizada (cualquiera que sea el motivo de discusión), y por supuesto, nunca discutir ni delante de los hijos, ni dejar que visibilizen u oigan la discusión o sufran las consecuencias de una comunicación pasivo agresiva y de unas emociones paternas y maternas mal gestionadas.

En cambio, aprender a gestionar las discrepancias y los conflictos de forma asertiva y constructiva es uno de las mejores enseñanzas que se le pueden inculcar a un niño. 

 

 

 

 

¿Qué haces más cuando hablas con tu pareja: Refuerzas o reprochas?

Las buenas relaciones de pareja se fundamentan en una comunicación mutuamente reforzante y en la que ambos miembros de la pareja se expresan alabanzas sinceras y se dan premios emocionales. En las malas relaciones, la comunicación se fundamenta en el reproche continuo.

Una de los temas vitales para el futuro de una relación de pareja es la comunicación. La rutina y la costumbre provoca que la comunicación de la pareja se deteriore mucho. En ocasiones, no es deterioro sino que nunca fue buena, pero las deficiencias de la comunicación quedaban tapadas por otros aspectos importantes en la evolución de una pareja: la novedad, el sexo, las actividades, los planes en común. Al desaparecer éstos ocurre que las deficiencias en la comunicación cobren un papel crucial para la relación.

Sin entrar en los casos más extremos de falta de respeto entre los miembros de una pareja (gritos, insultos, amenazas…), existe una categoría de casos, mucho más extensa, en la que aún existiendo aparente armonía y civilización en la pareja, los intercambios comunicativos adquieren una tonalidad negativa. Hay quien habla de la “pérdida de complicidad”, y hay quien achaca el debilitamiento de la relación a circunstancias externas: p eg. “es que desde que salió de aquel trabajo se ha vuelto muy irascible”, Lo que ocurre normalmente, es que se refuerza poco o nada a tu pareja, por lo que ella no se siente ni entendida ni valorada, y se reprocha muy rápidamente. Al mismo tiempo, se dan conductas de búsqueda de “pistas” para pillar a tu pareja en algún error, y tener la posibilidad de reprochar.

Si lo que quiere una pareja es recuperar sensaciones, deben eliminarse las barreras en la comunicación que existan, entre ellas los elementos de comunicación pasivo-agresiva, y favorecer el refuerzo mutuo, y la comprensión ante los errores o las diferencias de apreciación. Las personas buscamos aquello que nos refuerza positivamente, y huímos del castigo y los reproches. ¿Qué mejor estrategia para una pareja que practicar el refuerzo y la comprensión mutuas?

 

Celos “bestiales”

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Los celos no son una emoción únicamente humana, tal y como ha demostrado un estudio de dos científicas de la Universidad de San Diego (UCSan Diego), en EE.UU. En efecto, mediante su experimento, han demostrado que los perros experimentan celos cuando sus dueños muestran afecto hacia un perro de peluche, al que perciben como un rival. Los que convivimos con perros ya lo sabíamos, pero ahora queda científicamente probado.

¿Por qué se dan los celos?: tanto en humanos como en canes existe un instinto innato de supervivencia, que nos hace ser competitivos ante otros miembros de nuestra especie. Las relaciones sociales importantes (las materno-filiales, amistades, o a de pareja) nos satisfacen algunas de las necesidades consideradas básicas tanto en perros como humanos: las de alimentación y cuidado, las afectivas y las sexuales. Cualquier competidor puede poner en serio riesgo la satisfacción de estas necesidades básicas. Nuestra reacción es la activación del sistema nervioso simpático ante lo que consideramos una amenaza, y por ello, reaccionamos con una activación vegetativa exagerada, y en muchas ocasiones con agresividad (los celos son la tercera causa de homicidios).

Sin embargo, lo que encontramos curioso e incluso divertido en nuestras mascotas caninas, porque consideramos sus celos como una señal de cariño hacia nosotros, no lo es tanto en los celos humanos.

Aunque hay hombres y mujeres que perciben en los celos de su pareja una señal de amor, la gran mayoría de personas que conviven con parejas altamente celosas perciben que los celos son señal de desconfianza y de egoismo de una persona que se cree propietaria del afecto. Aunque no existen datos acerca del índice de rupturas que se deben a los celos, sí que podemos afirmar que en todas las parejas en las que se manifiesta de manera recurrente los celos, los interrogatorios, la desconfianza, y en ocasiones, el espionaje (whatsapp, agendas, correos…), la relación de pareja se deteriora.

¿Cómo hacer frente a los celos? Los celos esconden un miedo a la pérdida de un ser querido y de las necesidades que nos satisface. Para intentar sentirse seguros, las personas celosas proceden a un ritual de pesquisas e interrogatorios encaminados a “descubrir” cualquier indicio de infidelidad en las parejas. A menudo, las parejas acceden (con desagrado) a colaborar en tales pesquisas, ofreciendo respuestas detalladas de lo que se ha hecho durante el día, con el objeto de aplacar los celos de su pareja. Sin embargo, mediante esta acción no se consigue nada más que “mantener e incrementar” los celos, y acostumbrar a la pareja celosa a seguir preguntando e interrogando cada vez que en su mente se construye una mórbida idea celosa.

Lo mejor que se puede hacer obviamente es acudir a tu psicólogo de referencia para intentar trabajar aspectos como la confianza, la autoestima, el respeto, la comunicación y poner en cuestión creencias irracionales y mitos socialmente construídos sobre la vida en pareja. Además de ello, se debe proceder a una “extinción” de la conducta del sujeto celoso (la interrogación, el continuo cuestionamiento,…), que se consigue cuando el celoso no puede obtener la seguridad que necesita, cuando la pareja se niega a detallar su agenda, sus contactos y sus actividades diarias. Obviamente, esta negativa es dura para la persona celosa, pero con la repetición de esta secuencia, aprende a no buscar seguridad sobre su pareja en la “investigación”, algo que sin duda agradecen enormemente las parejas de las personas celosas.

Es evidente, que paralelamente hay que ayudar al celoso a aplacar su ideación fantástica proporcionando seguridad en si mismo/a, autoestima, y comprensión acerca de las relaciones afectivas.

¿Te atreves a descelarte?