Celos “bestiales”

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Los celos no son una emoción únicamente humana, tal y como ha demostrado un estudio de dos científicas de la Universidad de San Diego (UCSan Diego), en EE.UU. En efecto, mediante su experimento, han demostrado que los perros experimentan celos cuando sus dueños muestran afecto hacia un perro de peluche, al que perciben como un rival. Los que convivimos con perros ya lo sabíamos, pero ahora queda científicamente probado.

¿Por qué se dan los celos?: tanto en humanos como en canes existe un instinto innato de supervivencia, que nos hace ser competitivos ante otros miembros de nuestra especie. Las relaciones sociales importantes (las materno-filiales, amistades, o a de pareja) nos satisfacen algunas de las necesidades consideradas básicas tanto en perros como humanos: las de alimentación y cuidado, las afectivas y las sexuales. Cualquier competidor puede poner en serio riesgo la satisfacción de estas necesidades básicas. Nuestra reacción es la activación del sistema nervioso simpático ante lo que consideramos una amenaza, y por ello, reaccionamos con una activación vegetativa exagerada, y en muchas ocasiones con agresividad (los celos son la tercera causa de homicidios).

Sin embargo, lo que encontramos curioso e incluso divertido en nuestras mascotas caninas, porque consideramos sus celos como una señal de cariño hacia nosotros, no lo es tanto en los celos humanos.

Aunque hay hombres y mujeres que perciben en los celos de su pareja una señal de amor, la gran mayoría de personas que conviven con parejas altamente celosas perciben que los celos son señal de desconfianza y de egoismo de una persona que se cree propietaria del afecto. Aunque no existen datos acerca del índice de rupturas que se deben a los celos, sí que podemos afirmar que en todas las parejas en las que se manifiesta de manera recurrente los celos, los interrogatorios, la desconfianza, y en ocasiones, el espionaje (whatsapp, agendas, correos…), la relación de pareja se deteriora.

¿Cómo hacer frente a los celos? Los celos esconden un miedo a la pérdida de un ser querido y de las necesidades que nos satisface. Para intentar sentirse seguros, las personas celosas proceden a un ritual de pesquisas e interrogatorios encaminados a “descubrir” cualquier indicio de infidelidad en las parejas. A menudo, las parejas acceden (con desagrado) a colaborar en tales pesquisas, ofreciendo respuestas detalladas de lo que se ha hecho durante el día, con el objeto de aplacar los celos de su pareja. Sin embargo, mediante esta acción no se consigue nada más que “mantener e incrementar” los celos, y acostumbrar a la pareja celosa a seguir preguntando e interrogando cada vez que en su mente se construye una mórbida idea celosa.

Lo mejor que se puede hacer obviamente es acudir a tu psicólogo de referencia para intentar trabajar aspectos como la confianza, la autoestima, el respeto, la comunicación y poner en cuestión creencias irracionales y mitos socialmente construídos sobre la vida en pareja. Además de ello, se debe proceder a una “extinción” de la conducta del sujeto celoso (la interrogación, el continuo cuestionamiento,…), que se consigue cuando el celoso no puede obtener la seguridad que necesita, cuando la pareja se niega a detallar su agenda, sus contactos y sus actividades diarias. Obviamente, esta negativa es dura para la persona celosa, pero con la repetición de esta secuencia, aprende a no buscar seguridad sobre su pareja en la “investigación”, algo que sin duda agradecen enormemente las parejas de las personas celosas.

Es evidente, que paralelamente hay que ayudar al celoso a aplacar su ideación fantástica proporcionando seguridad en si mismo/a, autoestima, y comprensión acerca de las relaciones afectivas.

¿Te atreves a descelarte?

¿Cómo deshacerte de esos pensamientos que no quieres?

Todos tenemos pensamientos automáticos y conductas automáticas.  

Algunos de esos pensamientos son intrusivos, molestos o no nos dejan vivir. Ponerles remedio es posible.  En este post te explico cómo.

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En el caso de los pensamientos, en muchas ocasiones los pensamientos automáticos se manifestan en el formato de “preocupaciones”. Éstos nos mantienen un problema en la mente activa para que actúemos sobre él. Nuestra primera misión consciente será discernir, la manera o maneras de afrontar el problema.

En otros casos, los pensamientos automáticos pueden ser de euforia, alegría, o relacionados con el amor. Quizás son los menos frecuentes y los que deberíamos practicar con más frecuencia porque producen un “baile” hormonal beneficioso para la salud física y mental. Estos pensamientos no pueden quedarse en las ideas sino que exigen acción: relacionarse, compartir placeres..

Pero los pensamientos automáticos más dañinos son las preocupaciones excesivamente exageradas, inútiles, que pueden manifestarse en forma de obsesiones. Por ejemplo, si me preocupo porque voy a morir  esa preocupación me quita tiempo de vida, ya que la muerte es un paso más del ciclo de vida de un ser vivo y de la propia naturaleza. Si me preocupo porque mi pareja me puede ser infiel, y eso me lleva a un estado de celos, estaré dañando la pareja y creando las condiciones para que mi profecía se cumpla. Si me preocupo excesivamente de un futuro incierto que me atemoriza y ante ese temor me vuelvo pasivo en lugar de marcarme objetivos realistas y metas…también en este caso estaré sentando las bases de un futuro desastroso. Por tanto, ya que estos últimos pensamientos son tan horrorosos, conozcámolos un poco mejor y veamos qué hemos de hacer para eliminar sus efectos negativos.

Hemos quedado en que, de forma coloquial, los pensamientos automáticos a los que nos referimos son aquéllos que se presentan de repente y centran nuestra atención sin que podamos evitarlo. Sus características son:

  • Son cortos, muy concretos y que nos vienen en formato de “palabras” concretas o “fotogramas o escenas cortas” visuales.
  • Son dramáticos, muy exagerados, terribles!.
  • Se expresan términos como “habría que”, “tendría que” o “debería”. Son obligaciones, exigencias.
  • Centran nuestra atención (a veces, toda), y es difícil pensar en otra cosa.
  • Son espontáneos, se presentan de repente a nuestra mente.
  • El tiempo que perdemos en ellos nos genera sentimientos de frustración, culpa, inseguridad, rabia, tristeza o ansiedad.
  • Son persistentes.
  • Provoca actitudes y conductas negativas para nosotros mismos o las personas que nos rodean.

¿Cómo los vencemos?. No es difícil pero es lento, porque se trata de sustituir pensamientos automáticos negativos, por otros pensamientos más realistas y positivos, que vamos a introducir de forma “manual”.

Primero debemos de ser conscientes de esos pensamientos, describirlos y anotarlos en un papel con el mayor lujo de detalles.  “qué palabras me digo, qué película me monto, que clase de reacciones físicas me provoca en mi cuerpo, y qué clase de emociones me despierta”. Pero sobretodo, hay que anotar cuál ha sido la situación, palabra o escena que desencadena ese pensamiento, ¿En qué momento aparece?.

Podemos valorar las emociones que nos provoca de 0 a 10 (0=ninguna emoción; 10= emoción muy intensa).

Una vez que ya conocemos esos pensamientos y esas situaciones desencadenantes tenemos que buscar pensamientos alternativos, menos absolutos, menos radicales, menos negativos, menos autosaboteadores…. y mucho mas realistas, positivos y flexibles, y adecuados a la situación.  Por ejemplo, si el pensamiento automático es “ No le caigo bien a nadie” debemos de cambiarlo por otro como “Sé que no se puede caer bien a todo el mundo, pero lo importante es que hay personas que me valoran”.

Cada vez que tengamos un pensamiento automático negativo, o dada la situación anticipemos que se nos va a presentar, lo que haremos será decir “BASTA YA”, o “NO” y decirnos el pensamiento alternativo que hemos razonado previamente. La repetición de este ejercicio surge efectos con tiempo de práctica, que te recomiendo realices con ayuda de un profesional, con el que también podrás identificar tus creencias y esquemas de pensamiento que dificultan tu crecimiento personal.

Baltasar Santos

Psicólogo. Colegiado 18365.

Actitud i Més

 

Escuchemos a nuestras emociones

Podemos afirmar que las emociones positivas son nuestras mejores amigas y que debemos escucharlas, al tiempo que hacemos caso omiso de las emociones negativas como la ira o la rabia, que nos podrían llevar al desastre, la enfermedad o la muerte. Sin embargo, ¿sabemos exactamente cuándo nos sentimos culpables , temerosos , solos o felices?

Cuando somos capaces de identificar las señales que nos transmiten las emociones, éstas son capaces de ayudarnos a  tomar decisiones. Resulta genial gestionar adecuadamente nuestras emociones, tanto las positivas como las negativas, porque todas ellas son valiosas y nos indican algo que es importante para nosotros.

Emociones  como la ira nos hacen comportarnos negativamente porque tendemos a mantenerlas dentro, o a expulsarlas fuera “de golpe y porrazo”.  Cuando tenemos una emoción dentro de nosotros , con el tiempo , tiende a crecer en fuerza y ​​poder. Así, ” la ira ” puede convertirse en ” el odio”, ” furia ” y “violencia” .

Cuando tratamos de ” no sentir ” una emoción que se avecina , o ” No queremos estar enfadados” o “celosos”, estamos intentando meter esa ira dentro de nosotros, igual que si acumulásemos gases y más gases en nuestra propia casa.  Finalmente, todo explota… así que porqué ir acumulando emociones negativas? por qué acumulamos gases?.

¿Cuántos de nosotros hemos prometido que no nos vamos a enojar en una situación particular, y terminamos estallando en cólera?. Está claro que no tenemos que “aguantar” para luego “perder el control”, y sentirnos culpables con frases como “”No pude evitarlo. Mi rabia se hizo cargo y no pude detenerla ” .

La ira, los celos, y otras emociones negativas, toman las riendas de nuestra conducta cuando intentamos detenerlas. En cambio, si nos permitimos reconocer la emoción, experimentándola  y, seguidamente,  trabajamos en ella… seremos capaces de liberarla sin mayores daños.

Hemos de ver las emociones como nuestras aliadas. Simplemente están tratando de decirnos algo, de hacernos prestar atención a algo.  Identificarlas a tiempo es el inicio de un gran aprendizaje que nos lleva a comunicarnos mejor con nosotros mismos y con los otros.

Si somos capaces de identificar las señales que acompañan a la emoción de sentirse sólo, podremos hacer cambios en nuestras vidas para cambiar esa energía negativa en algo positivo: por ejemplo, podemos pedir un abrazo , disfrutar de algo que levanta el ánimo a través de la música, la lectura, o dar un paseo por el campo.  Tan pronto como lo hacemos, dejamos de sentirse solos.

Baltasar Santos