¿Eres una persona asertiva o eres “demasiado” sincera?

asertividad

El término asertividad, según la definición de la Real Academia Española es:

1.- Dicho de una persona: Que expresa su opinión de manera firme.
2.- adj. Psicol. Propio de una persona asertiva.

Sin embargo, en psicología y en comunicación, cuando hablamos de asertividad como habilidad social no nos referimos solamente a expresar nuestras opiniones y deseos de manera firme, sino que añadimos, “respetando los derechos de los demás”.

Podríamos añadir que la asertividad incluye  “saber decir no”, “saber expresar desacuerdos”, siempre de una forma respetuosa. Asertividad es el punto intermedio entre la agresividad y la pasividad, que implica:

–          Utilizar la Expresión verbal adecuada:  un tono agradable, utilizar las palabras correctas, decir exactamente el mensaje que queremos transmitir, no elevar el tono aunque el otro lo haga, no juzgar, no emitir juicios de valor.

–          Comunicación no verbal: mirar al interlocutor de forma amable, mantener una postura relajada, no hacer aspavientos, no hacer sentir incómodo al otro por nuestra posición.

–          Actitud positiva: Partir de que no estamos en posesión de la verdad absoluta y entender las razones de los demás, mostrar empatía, disposición para escuchar, estar abierto a críticas, estar abierto que no le vamos a caer bien a todo el mundo, saber aceptar una negativa…

–          Preguntar de forma correcta: No interrogar, ni invadir mediante preguntas la intimidad de los demás, realizar preguntas con ánimo de aclarar algún tema,

–          Responder de modo respetuoso: ser claro en la respuesta, no ser cortante, no responder a la defensiva, establecer límites cuando es necesario, defender con respeto nuestros argumentos.

–          Evaluar conductas, no a las personas: No hay lugar para ataques personales. Nos pueden gustar más o menos los comportamientos de los demás, sus conductas… en todo caso, si queremos mostrar nuestro desacuerdo hacia algo, hagámos referencia al comportamiento o conducta concreta que nos desagrada. Evitemos los términos “siempre”, “nunca”. Ni las generalizaciones ni etiquetar a las personas nos sirven para entendernos con los demás. No es lo mismo decir “no me gusta que me eleves el tono de voz” que “eres un maleducado porque siempre gritas”

Hay personas que dicen: “soy muy asertivo, siempre digo lo que pienso, y lo digo sin insultar…si el otro se enfada, es problema suyo” . De hecho, hay personas que confunden asertividad con sinceridad, pero la asertividad incluye expresarse con tacto hacia los demás y escogiendo el momento y la forma adecuada para expresar nuestras ideas.

Si deseas evaluar tu forma de comunicarte y mejorar tu asertividad, envíame un correo electrónico a bsantos@actitudimes.com y reservamos día y hora, presencialmente, por whatssap o por Skype.

Baltasar Santos
Psicólogo 18365
Actitud i Més

¿Esperas que adivinen tu pensamiento?

adivinacion

La adivinación de pensamiento como base de muchos problemas de relación de pareja

La comunicación es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja. En otros posts hemos hablado de la falta de respeto, la impulsividad,  y la falta de escucha activa que están presentes en la mayoría de parejas que asisten a terapia de pareja.

Hoy le toca el turno, a uno de los problemas de comunicación más perjudicial: la adivinación del pensamiento, es decir, pensar que el otro sabe lo que pensamos, sin que se lo hayamos dicho, y pensar que se sabe lo que el otro piensa, sin preguntarle.

Dar por hecho pensamientos del otro o pensar que el otro nos tiene que adivinar los nuestros, es una actitud ineficaz para una buena comunicación.  Este error de pensamiento y de conducta se sustenta en la creencia “las buenas parejas tienen que saber lo que piensan porque se conocen muy bien”. Es un error, porque aunque sería bueno desarrollar un alto grado de complicidad y “química” con nuestra pareja, esa complicidad sólo se lleva a cabo en decisiones que ambos comparten, pero no cuando hay disparidad de opiniones.  Una comunicación asertiva, en que ambos miembros de la pareja expresen sus propios pensamientos y opiniones sin lesionar los del otro, es en cambio una actitud mucho más favorecedora tanto de la comunicación como de la cohesión de la pareja.

Uno de los grandes errores de la “adivinación del pensamiento” es dar por hechos argumentos en la mente del otro, que ni siquiera intentamos confirmar, porque pensamos que no es necesario preguntar dado que ya sabemos lo que el otro piensa… cuando no es así. Grandes peleas, discusiones y rupturas se han ido gestando en la adivinación del pensamiento.  Nuestro grado de ira es tan elevado por algo que nos han dicho (o hemos entendido que nos han dicho), que automáticamente damos por hechas algunas intenciones en el otro, que no se corresponden con las verdaderas intenciones del otro.

Este fallo comunicativo puede solucionarse siempre que ambos miembros de la pareja quieran. Sólo son necesarias dos cosas:

  1. Prescindir de la adivinación del pensamiento. No interpretar las intenciones del otro hasta que le hayamos preguntado: “¿Lo que quieres decir es ….esto?”. De esta forma damos la oportunidad de confirmar o rechazar la “película” que nos estábamos empezando a montar.
  2. No esperar que el otro adivine lo que queremos, o lo que pensamos, porque quizás no le está llegando tu onda mental. Es mejor que se lo digas, y que te expliques bien.

Por último, y como algo lúdico, os dejo un enlace a un sitio en el que sí que os adivinarán el pensamiento. http://es.akinator.com/

Practicar la asertividad

    La asertividad es la capacidad de expresar opiniones, sentimientos,  necesidades y deseos, de forma que hagas valer tus derechos respetando los derechos de los otros.

Las personas asertivas dicen lo que piensan, piden lo que necesitan y saben decir NO cuando algo no es de su agrado.  ¿cómo conseguir ser más asertivo?.

1. Manifiesta tu opinión y tus preferencias.

2. Di NO más a menudo. No aceptes lo que otros proponen para no quedar mal o caer bien. Si  los demás no aceptan esa negativa, tú no eres el responsable de su desagrado.

3. No te justifiques si no es necesario: “justificatio non petita, acusatio manifesta . No es necesario que te expliques en exceso. Quien no quiera entenderte no te entenderá. Manifiesta tus opiniones y sentimientos y haz tus peticiones de manera simple y educada.

4. Empieza tus frases por “YO”. Utilizar la primera persona es necesario para ser más asertivo. En lugar de hablar de lo que hacen, piensan o sienten los demás, haz, dí, piensa y siente lo tuyo. No valores lo que los demás dicen. Si alguien te pide algo que no quieres hacer, en lugar de decir “siempre me pides que haga esto que sabes que no me gusta”, dí: “YO no voy a hacer hoy esto que me pides, porque (….) igual más adelante.

5. No te culpes o avergüences por expresar tus deseos, por tanto no te disculpes cuando no hagas nada mal. La educación no es disculparse. La buena educación sólo exige que te disculpes cuando realmente hagas algo mal que cause un mal a ti mismo o a los otros.

6. Utiliza la sonrisa, la mirada a los ojos y un tono de voz adecuado  a la situación. La sonrisa, incluso ante las circunstancias más adversas, denota seguridad, tranquilidad y amabilidad, y atrae que las personas con las que hablas también se sientan seguras, tranquilas y sean amables.  La mirada a los ojos denota sinceridad, y provoca la sinceridad de los demás. Un tono de voz ni bajo ni alto, denota seguridad y control en lugar de la histérica escalada de violencia verbal propia de las discusiones.

7. Sé tozud@. Aunque en un primer momento no consigas tu objetivo, no te resignes. Inténtalo de otra manera.

9. Respira profundamente y muéstrate relajad@.  No te pongas a la defensiva ni te alteres excesivamente cuando las cosas no salen como tu prevees, o cuando alguien no está de acuerdo contigo. Respirar profundamente haciendo que la expiración dure el doble de tiempo que la inspiración te mantendrá relajado y podrás hacer frente a las adversidades y los desacuerdos de forma constructiva.

10.- Evita la generalización: Evita las palabras radicales y absolutas: “siempre”, “nunca”, “todo”, “nada”. La verdad absoluta es una falacia. Las cosas son más o menos probables, más o menos ciertas. Para llegar a un mismo sitio existen varios caminos y no sólo uno. Pensar así te ayudará a ser más flexible y adaptarte a las circunstancias. “Be water my friend”.

11. No siempre tienes razón, no siempre la tienen los otros. Sé flexible y no exigente. Nunca nada es para siempre, ni todo es perfecto.

12.- No hay que abrirse del todo con todo el mundo.  Muchas veces cometemos el error de contarle nuestra vida, nuestros sentimientos y nuestros problemas a otras personas. No todo el mundo nos va a entender, y probablemente nadie nos vaya a entender exactamente como nos sentimos. En cambio si contamos todos nuestros problemas, podemos parecer “cuentaproblemas” y trasladar nuestra ansiedad y negatividad a los demás, por lo que generaremos rechazo.

13.- Muéstrate comprensiv@. No aconsejes a los demás, no les digas lo que tienen que hacer. Si alguien te manifiesta sus problemas y sentimientos, no creas que puedes arreglarlos. Es mejor que te muestres abierto a la escucha activa, intentes entender de verdad lo que dicen, muestra tu empatia y preguntales cómo piensan resolver sus conflictos. Es  la mejor forma en que puedes ayudarles. Todo el mundo tiene derecho a ser el protagonista de su vida.

¿cómo influyen las discusiones de los padres en los hijos?

niño tristeEs importante normalizar los desencuentros en la pareja. Las desaveniencias conyugales es algo que hay que ver como “normal” desde el momento en que entendemos que las relaciones entre personas tienen puntos de acuerdo, pero también puntos de desencuentro. El mito de la “media naranja” no es más que eso… un mito.  Cada persona tiene una historia detrás, unas experiencias, una familia, unos amigos, unos éxitos y unos fracasos que han marcado decisivamente una determinada manera de relacionarse con los demás, incluyendo la pareja.  Lo importante no es que existan conflictos sino cómo se abordan los conflictos.

Es a la hora de abordar los conflictos conyugales cuando se descubre el estilo de comunicación y de afrontamiento de los problemas existente en una pareja. Los reproches, las generalizaciones y los estilos de comunicación pasivo-agresiva están a la orden del día.  Cuando las discusiones, las discrepancias de pareceres exceden los umbrales de la buena educación, la escucha activa y el debate, a menudo nos encontramos con gritos, faltas de respeto, llantos o “te dejo de hablar”. ¿cómo influye todo eso en los hijos?.

Para empezar, los hijos, por pequeños que sean no son ajenos a las discusiones. Pueden no entender el contenido de la discusión, pero entienden que existe una discusión. Cuando los niños ven que sus dos referentes discuten pueden tener lugar varias consecuencias, a corto y largo plazo, puesto que de ser frecuentes, marcarán la forma en que el niño se relacionará con los demás en el futuro.

  • Los niños se desorientan. Si Papá y Mamá lanzan mensajes diferentes y no sabe a quién hacer caso. Las discusiones entre los padres crean un estado de indefensión en el niño, puesto que se ve impotente para evitar que sus dos referencias más importantes discutan. El mundo interno del niño tiembla. 
  • Los niños aprenden pautas de relación. Si papá y Mamá se gritan, el niño aprende a gritar en caso de desacuerdo. Más tarde, el grito puede convertirse en agresión, en hacer valer su argumento por la vía de la imposición o de la fuerza.  Si los papás debaten, el niño aprenderá a dialogar como mecanismo de afrontamiento de los conflictos.
  • Si los papás lloran, el niño aprenderá a descargar emocionalmente mediante el llanto.
  • Si los papás se dejan de hablar, el niño aprende que el silencio y el ignorar a la otra persona es un modo de resolver problemas.

Hace poco unos padres me explicaban que se habían dejado de hablar durante 1 mes, pero que sin embargo, cada uno de ellos individualmente había mejorado la relación con las hijas: “durante ese mes la relación con mis hijas era como una balsa… eran obedientes, se portaban bien….”.  ¿Por qué cambian las hijas en su comportamiento?. Pues una posibilidad muy probable es que las niñas crean tener cierta responsabilidad en las discusiones de los padres; ¡culpa!, y por ello hacen lo posible para no irritar a los padres.  También puede generarse miedo: que las niñas sientan miedo ante la posibilidad de que sus progenitores les dejen también de hablar a ellas cuando no hacen las cosas bien.

En cualquier caso, INDEFENSIÓN, CULPA y MIEDO son palabras mayores para cualquier persona, y máxime para un menor, en pleno desarrollo de sus esquemas de razonamiento y relación.

Conclusión: la discusión entre los padres es normal, pero hay que aprender a no enviar mensajes contradictorios a los hijos, afrontar las discrepancias de forma civilizada (cualquiera que sea el motivo de discusión), y por supuesto, nunca discutir ni delante de los hijos, ni dejar que visibilizen u oigan la discusión o sufran las consecuencias de una comunicación pasivo agresiva y de unas emociones paternas y maternas mal gestionadas.

En cambio, aprender a gestionar las discrepancias y los conflictos de forma asertiva y constructiva es uno de las mejores enseñanzas que se le pueden inculcar a un niño. 

 

 

 

 

Cómo poner límites a esos compañeros difíciles.

Si todo el mundo hubiera tenido una educación emocional adecuada, seguramente este post no tendría lugar. Sin embargo, la realidad es que tanto en el trabajo como en la vida, nos relacionamos con personas difíciles, a los que es conveniente poner límites para no caer en su negativa telaraña emocional.

Aquí van algunas sugerencias.

Tus tareas no admiten aplazamiento.

Los compañeros difíciles pueden ser grandes ladrones de tu tiempo. Suele suceder que las personas que hemos sido educadas en valores como la ayuda al compañero, ser educado y agradable, a menudo, caemos en la necesidad de caer bien a los demás, para que los demás nos acepten.  Seamos claros: una cosa es ayudar al que lo necesite cuando uno pueda, y otra cosa es dejar de hacer “tus cosas” por ayudar al otro.

No pienses que eres egoista ni insolidario. Simplemente eres una persona organizada que te has planificado tu trabajo correctamente, y cuando llega esa persona que SIEMPRE necesita que le eches una mano, someterte a sus necesidades provoca que dejes de atender las tuyas. Los compañeros difíciles saben que eres una persona que no sabe decir “no”, y por ello te manipularán para llevarte a su terreno.

La comunicación asertiva te brinda la oportunidad de saber decir “ahora no” a ese compañero difícil,  aplazando tu dedicación a necesidades ajenas para más tarde. No te preocupes: los compañeros difíciles viven “de los demás”, así que no se darán por satisfechos con tu negativa, y buscarán a otro “ayudador”. Eso sí, cuando lo encuentre te someterá a chantaje emocional haciendo correr la voz que tú le negaste tu ayuda, y “fulanito” se la ha brindado porque es un buen compañero.  No pasa nada. ¡Aprende a vivir con eso, y siéntete satisfecho de haber puesto tus necesidades como prioridad!

Ser asertivo significa ser amable pero firme en la defensa de lo tuyo..

No es necesario ser “borde” o “agresivo”. En el otro extremo, tampoco hay que caer en la sumisión.  Decir no asertivamente  significa entender la petición del otro, pero no caer en sus “urgencias”, y por tanto, defender tus derechos e intereses. Puedes ofrecer una negativa amable, razonada e incluso buscar alternativas a las peticiones que te hacen. No cedas, ser asertivo significa ser amable pero también firme en tu posición.

Aguantando constatemente los “tiritos” del otro.

Tu compañero difícil te lanza “tiritos” a sabiendas de que cada tirito es una broma sin importancia, y que si reaccionas mal ante ella, estarás exagerando y, por tanto, demostrando que eres una persona rancia.  Si aguantas cada “tirito”, es posible que se te vayan acumulando hasta que explotes de mala manera, ante la incomprensión de los demás.

No dejes pasar los tiritos: ante el primer indicio manifiesta que prefieres una comunicación directa y sin tapujos. Que no te lancen dardos. Igual que tú expresas de forma amable tus opiniones, necesidades y deseos, has de exigir a los compis difíciles que lo hagan así también.

No “aguantes” o “explotarás” y te sentirás culpable por ello.

Cuando se ultrapasan ciertos límites. 

A lo mejor tu compañero difícil se ha atribuído un mérito que en realidad te corresponde a tí, o bien hace comentarios inapropiados sobre tí.  En estas ocasiones, además de mantenerte estable emocionalmente, puedes elegir entre dos alternativas:

  • No hacer caso, seguir con tu trabajo y esperar a que se brinde la posibilidad de demostrar los méritos en público; La actitud de tu compañero, ha desatado un tornado. ¿qué haces ante un tornado? ¿te expones a él o esperas que amaine?.
  • En otras ocasiones hay que hacer valer aquello de “más vale una vez verde que ciento colorado”, y explicarle directamente tu malestar por los comentarios o méritos falsamente atribuídos. Decide si lo haces con público o sin público, pero piensa que el sentido del humor es doblemente poderoso en este caso, y que la sonrisa que te pones en la cara no tiene porque reflejar ausencia de problemas o de malestar, sino que sonríes porque tienes la suficiente resiliencia como para apartar los problemas en ese momento. Tú tienes clase.