Si crees que nunca has padecido ansiedad, quizás deberías ir al psicólogo

peligro

Los transtornos emocionales, todos aquellos que tienen que ver con la ansiedad, el estrés excesivo o las fobias son de lo más común. Según la OMS, el 14% de la población europea sufrirá una depresión a lo largo de su vida, y un 16% sufrirá algún transtorno relacionado con la ansiedad.

En uno de los últimos informes, además, se aclara que existe una gran brecha terapéutica de transtornos metales. Por ejemplo, en lo que se refiere a transtornos emocionales, existe un 57,5% de casos no diagnosticados ni tratados de ansiedad generalizada y un 57,3% de casos de TOC, por poner solo algunos ejemplos.

Estos son solo algunos datos, seguramente subestimados de la prevalencia de los trastornos emocionales en la población. Sin embargo, el objetivo de este post no es arrojar datos estadísticos sobre la ansiedad, sino desdramatizar, e incluso positivizar la existencia de cuadros de ansiedad.

Dejenme explicarlo:

Síntomas de la ansiedad

Los síntomas de la ansiedad son muy variados pero normalmente afectan a nuestra respuesta física, y a nuestra respuesta conductual.

  • Síntomas físicos: Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la alimentación, tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad. Si la activación neurofisiológica es muy alta pueden aparecer alteraciones del sueño, la alimentación y la respuesta sexual. Son síntomas característicos de la activación del sistema nervioso simpático
  • Conductuales. Estado de alerta e hipervigilancia, bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud motora, dificultad para estarse quieto y en reposo.
  • Síntomas cognitivos: Pensamientos de temor hacia una situación y sensación de miedo a estar volviéndose loco, a no ser capaz de hacer frente a la situación y a las consecuencias hipotéticas y exageradas de la situación. Algunos correlatos de esta sintomatología son la dificultad de atención, concentración y memoria, aumento de los despistes y descuidos, preocupación excesiva, pensamientos distorsionados e inoportunos, incremento de la incertidumbre, de la dudas  y confusión, inseguridad en uno mismo, tendencia a recordar y a imaginar sobre todo las cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.

No todas las personas tienen los mismos síntomas, ni los síntomas se presentan con la misma intensidad.

Origen de la ansiedad

La ansiedad es una respuesta adaptativa de nuestro cerebro. Es decir, hace reaccionar mediante la activación del sistema nervioso simpático a nuestro cuerpo dando lugar a las respuestas que hemos denominado síntomas. Es una respuesta adaptativa, porque es una respuesta automática que se da ante una situación amenazante o peligrosa. Por tanto, la ansiedad es un aviso sobre la existencia de una posible amenaza.

Reconocer la existencia de la ansiedad nos lleva a reconocer cuál es la fuente potencialmente amenazante y actuar sobre ella. En muchas ocasiones, basta con ordenar las ideas, evaluar la situación y reorganizar nuestra actitud y nuestra actividad.

En otras ocasiones, las amenazas potenciales son mucho más profundas y requieren analizar y poner a prueba pensamientos y creencias profundamente arraigados en nuestra mente, y comportamientos o hábitos que hemos automatizado y que no nos sirven en absoluto.

La ansiedad no es un problema. Lo que hacemos con ella puede serlo.

La ansiedad NO es un problema, como mínimo cuando la identificamos y nos ponemos a trabajar sobre ella. La ansiedad es un aviso de una amenaza. Si la amenaza es real o es inventada, si es exagerada o no, es en este caso lo de menos. Lo importante es que cuando mostramos síntomas de ansiedad lo califiquemos no como una enfermedad o un signo de debilidad, sino como un aviso de que algo nos amenaza y hemos de buscar la manera de sobreponernos y superar ese peligro.

Quienes nunca reconocen tener ansiedad, quizás es que no reconocen el aviso, y por tanto deberían ir al psicólogo.

No hace mucho tiempo, alguien me preguntaba si las personas más inteligentes son más propensas a tener trastornos mentales. La respuesta es absolutamente No. Lo que sí que es cierto, es que las personas con elevada capacidad de introspección se dan más cuenta de que hay algo en sus vidas que pueden y quieren cambiar.

Las consultas privadas están llenas de personas con mucho talento. Saber que padeces síntomas de ansiedad no es ninguna debilidad, sino al contrario, una prueba de que reconoces que algo no marcha bien, que existe una amenaza y de que la quieres solucionar.

Quienes no reconocen el aviso que supone la ansiedad quizás es por miedo a estar etiquetado o quizás es que no tienen la suficiente capacidad de introspección, y por tanto, al no darse cuenta de los pensamientos y respuestas físicas que les limitan, están condenados a vagar como zombies por el mundo.

 

 

 

¿Y tú?¿has sufrido alguna vez el síndrome del impostor?

sindromeimpostorSi no lo has sufrido, enhorabuena, porque 7 de cada 10 personas lo han sufrido en alguna ocasión a lo largo de su vida profesional.

Quienes sufren El síndrome el impostor, consideran que están sobrevalorados, y que no son tan capaces como los demás creen.

Os hago una confesión. Durante algunos años tuve algunos cargos de cierta responsabilidad en una organización sindical para la que además trabajaba como asalariado desarrollando funciones como técnico de políticas activas de empleo. Mi vinculación con esa organización era doble: por un lado, trabajaba como técnico, y por otro lado militaba sindicalmente como cualquier otro trabajador afiliado, y había llegado a tener responsabilidades en este último ámbito.

Sin embargo, lo que para muchos pudiera ser una ventaja, para mí era todo lo contrario. Sentía el síndrome del impostor. En ocasiones me preocupaba en exceso que los demás me vieran como un impostor. Yo mismo pensaba que era un buen técnico, pero no tanto como responsable sindical. Nadie me decía que eso fuera así, pero yo lo pensaba. Las consecuencias eran que, literalmente, vivía en esa organización, dedicando más de 16 horas diarias a mis funciones técnicas y sindicales para que nadie pudiera tacharme de “impostor” por no provenir de una fábrica o de una gran empresa.

He conocido unas cuantas personas que, siendo grandísimas profesionales de su sector: sanidad, formación, administración…me han explicado vivencias muy parecidas a las mías: un exceso de celo para cumplir con todas las responsabilidades asignadas que te llevan a padecer síntomas de ansiedad, estrés, cuando no problemas de pareja, aislamiento de las amistades, etc… y lo peor de todo, es que no se vive negativamente, al menos en un principio, hasta que llega un día, en el que lo ves todo claro.

Reconocer que tu éxito profesional es una cuestión de mérito y que no tienes que demostrar nada extra más allá de tus conocimientos en una jornada laboral “normal” es el primer paso para vencer el síndrome del impostor. Tu éxito no tiene nada que ver con la suerte ni tienes que demostrar nada a nadie,más allá de tu profesionalidad y de cumplir con tus responsabilidades.

Quienes sufren este síndrome tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de haber perdido facultades, de ser impostores, vamos…un fraude. En muchas ocasiones, algunas personas (dirigentes, compañeros…) detectan que eres una persona que quiere cumplir de forma excelente con todas tus responsabilidades, y entonces….te asignan más responsabilidades… hasta que llega un momento en que ningún ser humano podría llevarlas a cabo de una forma racionalmente buena, y sobretodo, sin poner en peligro tu propia salud.

Normalmente, este tipo de síndromes lo padecen en aquellas profesiones donde la competencia es muy alta, pero también hay factores que favorecen su aparición. Por ejemplo creencias y pensamientos del tipo “no querer quedar mal con nadie”, “agradar a todo el mundo”, “no parecer incapaz”, “no saber decir no”…

Sea como fuere, si te ves reflejado con este síndrome, piensa que hay muchas más personas como tú que lo sufren, y empieza a valorarte a ti mismo y a practicar la asertividad. Sí, en efecto, pelear por tus retos, hacer valer tus opiniones, de forma amable y razonada, tener la perfecta seguridad para mostrar tu oposición ante una nueva petición, defender tus derechos sin agredir los de los demás….todo eso que supone la asertividad, es un remedio total para evitar el estrés y la ansiedad relacionadas con ese sentimiento de no poder hacer frente a las responsabilidades de tu cargo por no ser suficientemente buena.

El coaching y el trabajo cognitivo conductual en sesiones semanales con tu psicólogo servirán para analizar las causas y como afrontar tus responsabilidades sin juzgarte ni presionarte.

Se han identificado algunas causas de este síndrome, pero considero que todas ellas tienen su origen en un esfuerzo constante por agradar a los demás, de ser válidos a ojos de los demás, de no decepcionar a los demás y eso puede verse desde la más tierna infancia.

Esfuerzos de superación constante desde la infancia: querer agradar a los padres, traer buenas notas y ser un hijo/a ejemplar puede convertirse en una causa de este conflicto en el futuro. El amor de nuestros padres es incondicional, no depende de buenas notas ni de buenos comportamientos, pero no siempre se ve de esa forma cuando somos niños, y el miedo a no agradar a nuestros padres se queda fijado como un patrón de conducta que reproducimos constantemente en otras esferas de nuestra vida adulta.

De esta forma desarrollamos una baja tolerancia a la frustración, o mejor dicho, nos frustramos y calificamos de fracaso todo lo que no sea excelente, todo lo que no sea cumplir 100% con todas las responsabilidades que nos asignan aún cuando éstas sean excesivas. La autoexigencia exacerbada convierte el exceso de tareas en una frustración personal que combatimos con más tiempo de dedicación, a costa de la familia, de horas de sueño, de horas de descanso y de nuestra propia salud.

La mayoría de las personas que sufren el síndrome del impostor no dirían que se sienten como impostores, pero sin embargo, cuando oyen hablar de este tema tal y como lo desarrollamos en este post, se sienten plenamente identificadas.

¿y tú? ¿te sientes identificado/a?

Baltasar Santos.
Psicólogo clínico.

Aprovecha tu ansiedad

intelemocional

El mejor truco para controlar tus nervios está en aprovechar la energía generada por la ansiedad y convertirlo en emoción. Descubre los tres pasos para conseguirlo.

Se aproxima la temida fecha en la que tienes que levantarte sobre el estrado y dar una charla frente a cientos de personas…y ya no te quedan uñas para morder. Tranquilo, estar nervioso es algo completamente natural e incluso positivo.

El truco está en saber controlar tus nervios y convertir la ansiedad en energía positiva. Te sorprendería el paso tan corto que hay entre nervios y emoción.

La próxima vez que tengas un examen, un evento importante, una presentación o una entrevista, prueba a poner en práctica las siguientes técnicas para reducir la ansiedad y verás como los nervios pueden incluso beneficiarnos. Todo está en como lo interpretes.

Primer paso – Respira profundamente: Antes de nada, si quieres reducir tus nervios tienes que respirar profundamente 3 veces. Cuando nos alteramos nuestro latido se acelera y no cogemos bien aire, por lo que nuestro cerebro detecta que algo va mal y activa el modo ansiedad. Respirar te ayudará a tranquilizarte y sentir los nervios sin necesidad de tener ansiedad.

Segundo paso – Controla tus emociones: Tú tienes el control de tu cuerpo y mente, así que gestiona tus emociones, no dejes que ellos te gestionen a ti. Aquí es cuando debes convertir los nervios en emoción: piensa contínuamente en lo emocionado que estás. “Estoy emocionado por compartir mis ideas con el público”; “estoy emocionado por aprobar este examen”; “estoy emocionado por conseguir este trabajo”. El miedo y la ansiedad pueden convertirse rápidamente en concentración y motivación.

Tercer paso – Aprovecha el exceso de energía: Presta atención a los gestos que haces cuando estás nervioso: aplaudir, saltar…y ponlos en práctica.

Sin miedo al Miedo

Psicología: Taller de 6 horas

taller

El mes de agosto es un buen mes para hacer un parón y dedicarse algo de tiempo a uno mismo. Romper con la rutina que nos lleva y nos trae por un camino que no nos gusta, y reflexionar y trazar el plan de acción para conseguir tus metas, tus sueños, tus objetivos.

Nada que dependa de nosotros es imposible. Nuestras únicas limitaciones son las que nos autoimponemos de forma consciente o inconsciente. Te ayudamos a identificarlas y vencerlas, para que puedas conseguir el cambio que necesitas.

Este taller, especialmente diseñado para tí,  se puede realizar de forma individual o en pareja, y lo dividimos en tres sesiones para que te de tiempo a poner en práctica lo aprendido y vencer las dificultades que se te presenten,

En la primera sesión, te explicaré brevemente en qué consiste el taller, y acto seguido nos centramos en tí, en tu situación actual, en tus sueños y en aquéllo que te limita. Veremos cosas acerca de los miedos, de las amenazas que todos tenemos y como afrontarlas con éxito. Veremos tus limitantes externos y los internos. En esta primera sesión, practicaremos dos técnicas de relajación: 1 para los que se relajan bien, y otra técnica para los que creen que no se pueden relajar (veremos!, Hmmm). Acabamos la primera sesióny ejercicios para casa.

En la segunda sesión, dibujarás tu futuro, hablaremos de tus metas y de cómo conseguirlas. Trabajaremos PNL para tratar los limitantes internos y para potenciar tus recursos.  Dibujarás o diseñaras tu futuro ideal, y te enseñaré la forma de conseguirlo. Practicaremos Mindfulness (y si no sabes lo que es, te lo explicaré y te enseñaré a concentrarte en el aquí y el ahora).

En la tercera sesión repasaremos todo lo conseguido, analizaremos las dificultades y te daré alguna herramienta más para que te sea más fácil conseguir lo que te has propuesto. Veremos tu personal branding (marca personal) y te daré indicaciones para mejorarla (si es el caso). Nos centramos en tus objetivos, metas y sueños…. y te daré un plan de acción por escrito para que lo lleves a cabo.

Estas tres sesiones de 2 horas cada 1 sólo te costarán 99 euros, y si haces tu reserva abonando el taller antes del 11 de agosto, te regalo 1 mes de coaching mediante whatsapp válido para todo el mes de septiembre. De esta forma, me tendrás a tu lado mientras pones en marcha tu plan de acción.

Puedes hacer tu reserva enviandome un whatsapp al 615.142.891 (mi nombre es Baltasar), enviándome un correo electrónico a bsantos@actitudimes.com , o rellenando el siguiente Formulario de reserva

Terapia para el Hambre de piel.

Abrazos de amor, de cariño, de respeto, de amistad, de confianza, de consuelo, de solidaridad, ….. abrazos: el mejor remedio para la sed de piel.

Hace unos años, de visita por Madrid, me tropecé con unos jóvenes que exhibían unos carteles que decían “abrazos gratis” mientras iban saliendo al paso de los desconocidos con los que se cruzaban por la calle para darles un abrazo. Aunque sorprendidos, muchos transeúntes accedían al abrazo, y acto seguido su cara se iluminaba y una sonrisa presidía su expresión. Son los efectos del abrazo.

Uno de los problemas más acuciantes que experimenta la mayoría de personas, es la llamada “hambre de piel”, que no es otra cosa que la constatación de que nos sentimos sólos, o de que no se nos expresa tanto cariño como el que necesitamos. Tal problema pone de manifiesto una verdad como un templo: el afecto es tan necesario para las personas como el agua, el aire, o los alimentos. La falta de afecto nos predispone a la depresión, la ansiedad y a un montón más de problemas emocionales. La terapia, sin embargo, puede ser tan rápida como queramos: sólo tenemos que ponernos a repartir afecto: abrazos, frases cariñosas, comprensión, besos, llamadas desinteresadas… e inmediatamente todo lo que ofrecemos lo recibiremos. El hambre de Piel está tan extendida en nuestra sociedad, que una persona que toma la iniciativa para saciar el hambre de los demás, es rápidamente correspondida.

Pruébalo hoy!

No exageres: sé realista.

abandonarEl diálogo interior, lo que nos decimos a nosotros mismos, es como un resorte que nos predispone a un determinado estado de ánimo. Las personas con depresión o ansiedad, y no sólo ellas, acostumbran a tener una serie de pensamientos automáticos negativos que se constituyen en una especie de “brigada saboteadora” contra nosotros mismos. Es ese “señor juez”, excesivo y desproporcionado, que nos hunde en la miseria más absoluta sin existir motivo para ello.

Algunos de estos pensamientos irracionales, como los llamaba Albert Ellis, son:

Pensamiento dicotómico: “o es bueno o es malo”, “o es blanco o es negro”.

Cuando algo sale mal nos echamos la culpa de todo.  ¿qué pasaría si en lugar de hablar de “culpas” habláramos de “responsabilidad”?. ¿Y si en lugar de atribuirnos toda la responsabilidad, nos atribuyéramos solo la parte que nos corresponde?.

¿Qué dirán los demás?

Uno de los miedos (incluso fobias) más comunes es el miedo a que los demás nos valoren de forma negativa: el miedo a caer mal, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a que piensen que no soy suficientemente inteligente. Esos miedos, a menudo enmascaran una autoestima altamente negativa. No es que nos dé miedo a que los demás “piensen que no soy suficientemente (lo que sea)”; más bien es el miedo a que los demás “se dén cuenta de que no soy suficientemente (lo que sea)”. Piensa que nadie es perfecto, y no es necesario que lo seamos. Aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos nos debe hacer olvidarnos de lo que piensen los demás acerca de nosotros mismos. Tú eres tu mejor aliada/o, así que deja de preocuparte por lo que piensen los demás (que seguro que están muy ocupados con sus propias inseguridades).

La atracción de los pensamientos.

Los pensamientos son como imanes. Si creemos que algo puede salir mal, nuestra mente empieza su labor de saboteadora “yo no valgo para esto”, “este esfuerzo no vale la pena”, “no conseguiré nada bueno”.  Estos pensamientos tan negativos sólo cumplen una función: mantenernos en nuestra zona de confort, no intentar hacer nada nuevo, renunciar a la novedad. Intenta sustituir estos pensamientos por otros más positivos “el que no lo intenta no lo consigue”, “nadie logra el éxito a la primera”, “de cada error aprenderé una lección”.

Generalizar lo negativo

Tenemos la tendencia de generalizar las experiencias negativas. Si algo salió mal en una ocasión pensamos que siempre saldrá mal. Si una relación fue nefasta para nosotros, creemos que siempre tropezamos con la misma piedra. Esta generalización nos bloquea. Edison no inventó la bombilla hasta haber aprendido 10.000 maneras diferentes de cómo no funciona una bombilla. No generalicemos. Aprendamos de los errores y sigamos en la batalla.

Descalificar y descalificarse uno mismo.

La descalificación de los demás y la autodescalificación van a menudo muy unidos. La exigencia y la autoexigencia, o lo que es lo mismo, la falta de tolerancia es uno de los tipos de pensamiento más extendidos y negativos.

Aprender a tolerar el error tanto de los demás como el propio, y no descalificar a los demás por una simple equivocación nos convierte en seres más humanos y positivos. Que una persona se caiga una vez no lo convierte en torpe. Que una persona se equivoque a veces no significa que siempre esté equivocado.

No hay salida.

A veces nos encontramos en situaciones que nos bloquean mentalmente y nos sumergen en un océano de angustia. En una situación de desempleo podemos caer en la frustración de pensar “nunca encontraré empleo”; en una ruptura amorosa, podemos pensar “nunca volveré a amar ni a ser amado”. Ya dijimos antes que la generalización es un mal a evitar. igualmente, la dramatización se convierte en una llamada a la angustia. Intentemos relativizar las cosas: no hay mal que 100 años dure (ni cuerpo que lo resista). Después de la tempestad llega la calma, y después de una subida siempre llega un replano (ésta última frase siempre me la dice un amigo runner, y la utiliza para vencer el cansancio de las subidas cuando corre).

En fin amigos, ser más positivos no significa que nos autoengañemos, simplemente que abandonemos el engaño negativo al que nos someten  nuestros pensamientos y empecemos a coger las riendas de nuestras acciones de forma realista, aprendiendo de los errores y disfrutando de los éxitos por los que trabajamos día a día. 

Baltasar Santos

Dependencia emocional: ¿qué es? y ¿cómo vencerla?

La dependencia emocional es una de las razones por las que las personas más visitan al psicólogo. Pero, ¿qué es la dependencia emocional?

Podemos definir la dependencia emocional como una manera de vivir las relaciones afectivas, de forma que éstas están completamente desequilibradas en base a que la persona dependiente se somete, idealiza y magnifica al otro. Para el dependiente esta situación afecta de forma negativa a su autoestima, y a su salud física y/o mental. Pese al malestar y al sufrimiento que la relación les causa se sienten incapaces de dejarla, siendo nulos los intentos de dejar la relación. La dependencia emocional conlleva un intenso miedo a la soledad y pánico a la ruptura, que en caso de producirse conduce a la vivencia del síndrome de abstinencia: con intensos deseos de retomar la relación pese a lo dolorosa que esta haya sido, pensamientos obsesivos, y síntomas de ansiedad y depresión, los cuales desaparecen de forma inmediata en caso de reanudarse la relación o comenzar una nueva que sustituya la anterior.

Los dependientes emocionales tienen una necesidad excesiva de afecto y de ser queridos y tratarán de conseguir este afecto a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. Muestran una clara resistencia a perder la fuente de seguridad y afecto que constituye su pareja. Son frecuentes las distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de información que le proporciona su entorno. Poco a poco estas relaciones tan destructivas se van fortaleciendo, de modo que al sujeto le resulta cada vez más difícil salir de ellas.

Cuando las personas emocionalmente dependientes emocionalmente tienen una relación de pareja con una persona excesivamente controladora, narcisista o sádica, se incrementa el desequilibrio de la pareja hasta el punto de que pudieran llegar a darse malos tratos psicológicos y/o físicos que el dependiente emocionalmente no sabría afrontar de otro modo que asumiendo su propia culpa.

Sin llegar a ese extremo, no son infrecuentes las relaciones de pareja basadas en la dependencia emocional de uno de los miembros de la pareja, más frecuentemente, pero no sólo, mujeres.

¿Qué hacer?

1. RECONOCER QUE HAY UN PROBLEMA

El primer paso, siempre es analizar y reconocer que existe un problema.

-Tu felicidad se centra en una sola persona. No disfrutas de nada que no sea estar con la persona a la que amas.

-Tu alegría y tu tristeza están en manos de esa persona. Si te sientes amada, todo es perfecto, y si te rechaza, todo es horrible. Dependes de tu pareja para estar bien o mal.

– Evitas a toda costa llevarle la contraria para evitar conflictos y discusiones porque te invade el temor a molestar o a ser rechazada.

– Antepones el deseo de tu pareja al tuyo propio. Vives como si tu vida estuviera controlada por las decisiones que toma tu pareja.

– Sólo te sientes bien contigo misma si te sientes querida. Si no es así, no puedes disfrutar de las otras facetas de tu vida. Cuando estás sola, te deprimes, tu autoestima baja y no eres capaz de disfrutar de la vida.

– Cuando las cosas van mal en la relación, lo atribuyes a tu culpa o responsabilidad.

– Confundes tu felicidad con la de tu pareja. A menudo renuncias a cosas que te hacen feliz en beneficio de tu pareja.

-Prefieres sufrir, antes que dejar a la persona a la que estás enganchada. Crees que no tienes la fortaleza suficiente para salir adelante sin esa persona a la que quieres.

-Necesitas al otro. Estás con él por necesidad, pero no por verdadero amor.

-Tu pareja se convierte en el epicentro de todo lo que pasa en tu vida, hasta el punto que conviertes sus amistades, su familia, su trabajo y sus aficiones, en las tuyas propias, abandonando o renunciando a las que son de verdad propias.

-La ruptura se vive con una gran ansiedad porque consideramos que es una catástrofe la vida sin esa persona.

2. HAZ UN LISTADO DE COSAS QUE TE PERJUDICAN DE TU PAREJA Y DE COSAS QUE HAS HECHO POR AMOR O CARIÑO

Si quieres eliminar la dependencia emocional de tu vida, empieza a hacer un listado de cosas que has llegado a hacer por tu pareja (o ex pareja), y que a ti te perjudicaban. Date cuenta de las cosas que has hecho por él sin tener en cuenta tu propio bienestar personal, y a partir de ahora priorízate a tí lo primero.

Piensa en todas esas cosas que tu ex-pareja hacía y que te han perjudicado. Piensa en aquéllas cosas que a tí no te gustaban pero que has hecho por él, para contentarle o para no perderle. Quizás has dejado de lado a tu familia, a tus amigos, tus actividades, tu trabajo?. Piensa si esa persona te ha tratado con el respeto que te mereces. ¿Sientes que le has mendigado amor?. Es muy importante que te des cuenta del sufrimiento que has experimentado. Piensa en todo lo negativo que te ha traído esa relación y de esta manera reforzarás tus ganas de cambiar y de eliminar la dependencia emocional.

3. QUIÉRETE A TI MISMA PARA PODER SER QUERIDA POR OTRA PERSONA.

La dependencia emocional acostumbra a ir acompañada de una evidente falta de autoestima. Valora todo lo bueno que hay en tí, tus fortalezas. Persigue tus sueños, y sé consciente de los objetivos que has alcanzado en tu vida al margen de esa persona. Sólo si te quieres a tí misma podrás ser querida de verdad por otra persona, a la que podrás amar sinceramente y no por necesidad.

Siéntete satisfecha viviendo sóla, siendo consciente de los éxitos que vas alcanzando. Diseña una rutina de actividades y llena tu tiempo con tus obligaciones, pero también con tus aficiones, relaciones de amistad, etc. Desarrolla tus habilidades, labra tu futuro, dedícate tiempo, mira a tu alrededor para disfrutar de las pequeñas cosas, y sobre todo cuídate y quiérete como mereces.

¿Por qúe engordan los nervios?

En uno de los geniales monólogos del inolvidable Pepe Rubianes, decía que cuando iba a la carnicería pedía que le sirvieran los filetes de carne “sin nervio” porque los nervios engordan.

Aunque la fibra nerviosa no engorda, comer ansiosamente o de forma estresada sí que puede engordarnos por diversas razones:

  • La respuesta de nuestro organismo ante el estrés es la activación del mecanismo de respuesta huída-ataque, lo que implica que, entre otros cambios, se produzca una ralentización de la digestión, volviéndose ésta lenta y pesada.
  • Durante una comida estresada, solemos aumentar la frecuencia de bocados y disminuir la frecuencia de masticaciones, haciendo que ingiramos más alimentos y peor digeridos que en una situación de comida placentera.
  • La sensación de hambre tarda más en calmarse dando lugar a que ingiramos más alimentos de los necesarios, hasta que el cerebro avisa que el hambre ha desaparecido.

¿Qué hacer para comer saludablemente?.

1.- Las comidas son un placer y un buen momento para compartir una buena conversación, sin prisas.

2.- La respiración lenta y profunda acompaña a los momentos de relajación. Intenta que la comida sea uno de esos momentos.

3.- Evita demasiados estímulos auditivos o visuales de fondo, evita el ruído. Quita la TV y disfruta de un rato de silencio o de música relajante.

4.- La masticación es la primera digestión que realizamos. Masticar bien cada bocado nos asegura una perfecta digestión.

5.- El mindfullnes aplicado a la comida significa tomar conciencia del momento de comer, de los sabores y olores, de las texturas, de los condimentos, de los sonidos en boca de cada bocado…, Practica la conciencia plena en la comida y experimentarás el placer de comer.

6.- Elige unos alimentos equilibrados. Vigila la ingesta de grasas y azúcares, y elimina de tu dieta las bebidas carbonatadas o dulces. Agua, o un buen vino (incluso una copa de cava Brut Nature) pueden ser unos buenos aliados de la comida, siempre que no sea excesivo. Es preferible beber antes de comer que hacerlo durante la comida.

7.- Piensa en el momento del día en que estás. Si es de noche y después de la cena vas a dormir, la cena ha de ser muy ligera (ensalada y poco más). Si es de día y estás en el desayuno, éste puede ser más abundante. Ya sabes aquello de “desayunar como reyes, almorzar como príncipes y cenar como mendigos”.