¿Valoras tus relaciones de pareja pasadas como un fracaso?

La Ruptura de pareja no es un fracaso

La sensación de haber fracasado tras una ruptura de pareja

Una de las sensaciones más frecuentes tras una ruptura de pareja, además de la rabia o la tristeza, es la sensación de fracaso. Se ha invertido mucho tiempo, se ha ofrecido todo lo que una persona enamorada puede dar a otra, y se ha roto un vínculo que muchos esperan eterno. Da igual si la ruptura se lleva a cabo de forma unilateral o por decisión mutua, lo cierto, es que acostumbra a quedar un resquemor por el tiempo empleado en una relación que, a la postre, no es para siempre. Al tiempo que se produce una ruptura de pareja, se rompen también otros vínculos, como los de algunos amigos, la familia e incluso se truncan ilusiones por llevar a cabo algunos proyectos comunes.

También es fácil que el sentimiento de fracaso vaya acompañado de un deterioro de la autoestima, especialmente en las personas que finalmente no han tomado la decisión. Pueden sentir que no son los suficientemente buenos para que otra persona les acepte como pareja y generalizar un pensamiento de ineficacia o de infravaloración.

Ciertamente, la ruptura de pareja es un momento de contradicciones (nostalgia, libertad, tristeza, alegría…) y de afrontamiento de nuevas rutinas. De alguna manera, independientemente de lo buena o mala que haya sido la relación, la ruptura da lugar a una nueva etapa, desconcertante y diferente, en la que las personas nos encontramos fuera de nuestra “zona de confort” ya que nos enfrentamos a un nuevo escenario en el que ya no contamos con la otra persona. De alguna manera, rompemos con nuestra anterior “estabilidad” y “seguridad”, económica, social, o familiar.

Sin embargo, está en nuestra mano analizar nuestra relación con otra perspectiva, que nos permitirá evitar esa sensación de fracaso.

En la mayoría de ocasiones, el tiempo nos aporta una nueva visión más positiva de nuestra extinta relación

Es curioso que cuando pasa el tiempo y superamos el duelo, solemos recordar los buenos momentos vividos durante esa relación y tendemos a relativizar los malos. De esta forma, somos capaces de darle un nuevo sentido a la experiencia de pareja que nos ayudará a entender que en toda relación existen buenos y malos momentos, y que sobretodo, toda relación es un aprendizaje.

Quizás no guardes buenos recuerdos de lo que la otra persona te ofrecía, quizás la otra persona te defraudó en demasiadas ocasiones, pero siempre te quedará el recuerdo de lo que tú sí que le ofrecías y la otra persona no te llegó a reconocer nunca. Quédate con las buenas sensaciones que te producía todo lo que hacías por la otra persona: cuando en un día de lluvia te mojabas para esperarla con un paraguas, cuando le preparaste aquella fiesta sorpresa, cuando organizaste aquel viaje fantástico en el que lo pasastéis tan bien, cuando cocinabas aquél plato especial que tanto le gustaba o cuando estabas dispuesto/a a ayudar a ese familiar de ella que siempre se metía en problemas.

Saca lo mejor que diste de ti mismo/a y recupéralo porque lo mejor de tí sigue en tí y puede que tu ex no lo valorara suficientemente, pero es un problema de tu ex, y no tuyo. Aprende a valorar todo lo positivo que has vivido porque, sin duda, esa experiencia, que para nada es un fracaso, te permitirá tener nuevas relaciones satisfactorias y plenas.

¿Y tú, cómo valoras tus relaciones de pareja pasadas?

Si tienes sólo dos minutos, te agradecería que participaras en esta encuesta, en la que NO recogeremos ningún dato personal y que nos servirá para hacer un estudio estadístico sobre la valoración de nuestras exparejas en función de una serie de factores.

Puedes acceder a la encuesta pinchando aquí.

Gracias

Baltasar Santos

Actitud i Més

 

 

 

Te quiero pero no estoy enamorado de ti

El amor es sin duda uno de los sentimientos que causan más emociones positivas, pero también negativas cuando no es correspondido. En consulta clínica, detrás de muchos problemas de desequilibrio emocional, y también en terapias de pareja, el concepto “amor” es uno de los más analizados. Sin embargo, y aunque la literatura poética, narrativa y científica han llenado millones de páginas hablando del amor, durante las últimas semanas he formulado una simple pregunta a 10 personas diferentes: ¿cómo definirías el amor?

Las respuestas, como no podía ser de otra manera, han sido muy diferentes, constatando que aunque todos conocemos y utilizamos el término, su significado puede llegar a ser muy diferente para cada uno de nosotros, razón por la que he escrito esta entrada sobre diferentes acepciones del amor referido a las relaciones de pareja.

Según la Real Academia de la lengua española, la palabra amor se puede relacionar con 14 significados diferentes, de las que destaco las cuatro principales:

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.

Sin embargo, y aunque, en general,  cualquiera pueda verse identificado con alguna de estas acepciones, de las entrevistas realizadas y de la propia reflexión, ninguno nos hemos visto identificados plenamente, con ninguna de ellas. Por esa razón creo que puedo concluir que esta etiqueta verbal es claramente insuficiente para englobar la multitud de significados diferentes que otorgamos los seres humanos a esa palabra.

En dos de las entrevistas realizadas, las personas se sentían identificadas con la primera de las acepciones de la RAE. Sin embargo, ¿es ese sentimiento positivo?. Afirmo que no. Partir de la propia insuficiencia y necesitar encierran en carencias y sentimientos negativos puesto que cuando la persona amada no corresponde, el sentimiento se torna en frustración, tristeza…cuando no da lugar a trastornos como la depresión.

La mayoría de entrevistados/as se han visto identificados/as con la segunda acepción. Analicemos:

  • Sentimiento hacia otra persona.
  • Esa persona nos atrae de forma natural.
  • procuramos reciprocidad.
  • hay un deseo de unión.
  • la persona amada nos completa, nos alegra, nos da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Pues aunque ocho de las personas entrevistadas estaban más o menos de acuerdo con esta acepción, nadie estaba absolutamente de acuerdo. Me explicaré:

Sobre La persona nos atrae de forma natural:  Las distintas experiencias subjetivas sobre el amor constatan que no siempre nos enamoramos de las personas que nos atraen de forma natural, sino que existen muchísimos matizes diferentes.

Hay quien para se enamora a simple vista; hay quien conoce a una persona que NO le atrae de forma natural pero se enamora de ella por su forma de ser; hay quien necesita que la persona corresponda con unos determinados cánones subjetivos de belleza física; hay quien necesita que la persona sea intelectualmente compatible y el tema físico es secundario…etc, etc.

sobre procuramos reciprocidad: Aunque ese sentimiento es mayoritario, no todo el mundo que se ha enamorado procura ser correspondido. A veces, las situaciones sociales, culturales o las propias creencias y valores hacen que una persona enamorada no procure esa correspondencia, convirtiéndose ese amor en lo que algunos denominan “amor platónico”.

sobre el deseo de unión: Podríamos decir lo mismo que en el párrafo anterior, pero además aún en el caso del deseo de unión efectiva, esta unión puede adoptar múltiples formas: la convivencia, la unión física incluyendo la relación sexual, la unión física sin relación sexual, la unión “espiritual” o conexión “mental” sin necesidad de proximidad física, y otro largo etc.

La persona amada nos completa: A veces es así, pero en otras ocasiones , bajo mi modo de entender, de una forma más positiva, las personas ya estamos completas antes de amar.

La persona amada nos alegra: En este caso, todas las entrevistas han coincidido en que sí. La persona amada nos alegra, aunque cuando se espera correspondencia y no la obtenemos, puede no darse esa alegría.

Energía para convivir, comunicarnos y crear: Nuevamente aquí, no todos los entrevistados coinciden en la definición. Algunas personas se han sentido enamoradas de personas que no le han dado energía, con las que ha habido problemas de comunicación y con las que han visto mermada su capacidad de crear, sin sentir por ello, que su amor ha menguado.

Por tanto, se me antoja claramente insuficiente cualquier etiqueta verbal para definir la pluralidad de emociones, sentimientos y expectativas que cada persona tenemos sobre el amor.

Siguiendo esta investigación, he recurrido al libro “Te quiero, pero no estoy enamorado de ti” de Andrew Marshall, en el que se habla de la evolución del amor por distintas fases, y en el que se describe el concepto de Limerencia.

La Limerencia o primera fase del amor

 Limerencia (o también amor obsesivo) es un estado mental involuntario que resulta de una atracción romántica por parte de una persona hacia otra, combinada con una necesidad imperante y obsesiva de ser respondido de la misma forma. La psicóloga Dorothy Tennov acuñó el término limerence en 1977, publicándolo en 1979 en su libro Love and Limerence: The Experience of Being in Love (“Amor y limerencia: la experiencia de estar enamorado”). Aquí, se describe el concepto que resultó de su trabajo durante la década de los 60, al entrevistar a más de 500 personas sobre temas románticos

La limerencia puede en algunos casos ser exactamente lo que uno trata de expresar cuando dice que está “locamente enamorado” (en inglés “having a crush”), aunque este estado, a diferencia de un enamoramiento a primera vista, puede durar meses o años. Se caracteriza por una gran cantidad de pensamiento intrusivo y pronunciada sensibilidad a eventos externos que pudieran reflejar la disposición del objeto limerente hacia el individuo. Puede ser experimentada como intensa alegría o como extrema desesperación, pudiendo esto variar dependiendo de la situación respecto de la otra persona.

Cuando una persona se enamora, y siente “mariposas en el estómago”, palpita, se acelera ante la presencia o el recuerdo de la persona amada, y no hace otra cosa que pensar en ella, se puede decir que está sufriendo limerencia. Produce euforia cuando la persona es correspondida, pero produce una inmensa frustración, tristeza y desesperación cuando no lo es.

La inseguridad ante la incertidumbre de si la persona amada nos corresponderá o no es un síntoma de este estado

También se da un sesgo en la atención y percepción, puesto que la persona limerente (que se enamora) solo percibe lo bueno de la otra persona, la idealiza, y desatiende cualquier otra actividad.

El estado limerente o de enamoramiento, que no todas las personas experimentan, es un estado con ciertas semejanzas con el trastorno obsesivo.

Fases del amor

Veamos detalladamente las fases que describe Marshall en su libro  “Te quiero, pero no estoy enamorado de ti”:

1.- Fase preliminar: Cuando conoces a la persona.Es una fase en la que puede existir atracción física, intelectual o ambas. Sientes que esa persona te puede aportar algo que te gusta. Miras a los ojos de la otra persona y te atrapa. Puede haber o no atracción sexual inmediata, pero de alguna manera la otra persona te seduce. Aún no estás enamorado/a, y según los expertos….es el último momento en que eres libre antes de enamorarte, es el último momento en el que aún puedes dar marcha atrás.

2.- Cristalización de la limerencia. Si eres correspondido, el sentimiento es de euforia, pero si no es así, empieza una batalla para agradar a la otra persona. Aunque el amor es un sentimiento bonito, cuando estás en esta fase de limerencia, paradójicamente empiezas a pensar que no eres suficiente para esa persona, se acrecientan tus inseguridades y renuevas tu vestuario, te cortas el pelo, y haces mil cosas para agradar, conquistar y merecer a la persona amada. Intentas ser más deseable como sea y piensas en la persona todo el rato. Esta fase de limerencia, se da en todas las culturas y  suele durar entre 6 meses y 3 años. El pensamiento obsesivo se va diluyendo, pero la alegría o tristeza intensa ante la presencia o recuerdo de la persona amada es intermitente durante mucho más tiempo, en función de si la persona es correspondida o no. Si el amor es correspondido, muchas parejas experimentan una profunda decepción cuando pasan a la siguiente fase.

3.- Vínculo amoroso o apego amoroso: En esta fase, las personas han recobrado su normalidad. No están pensando en la otra persona todo el día. Nos volvemos más prácticos, aceptamos las debilidades de la pareja.Según Marshall, en esta fase si no alimentas la relación, ésta se deteriora.

  • Escuchar a la otra persona con atención y que se sienta escuchada.
  • Compartir con tu pareja las experiencias individuales que cada uno ha tenido.
  • Compartir actividades.
  • Contacto físico, no solo sexual: abrazos, besos, sexo…
  • Apoyo a la otra persona
  • Sentido del humor.

Si no se alimenta este amor, se transforma en afecto, cariño, que dura para siempre, pero que no es suficiente para mantener una relación de pareja.

Nos siguen quedando muchas dudas, porque… en el caso de una pareja donde hay sentimientos correspondidos, no siempre estas fases se dan al unísono. Lo ideal es que se den a la vez y con la misma duración, pero no son raras las expresiones de algunas parejas que te dicen “es que cuando nos casamos yo estaba mucho más enamorada que él”, o “es que ahora ya no me quiere como antes porque hemos perdido la química”.

Realmente, afrontar las diferentes fases por las que atraviesa el amor entre dos personas requiere esfuerzo y comprensión mutua, para que sea la maravillosa experiencia que todos deseamos.

Por último, dos de los entrevistados hacían referencia a una experiencia que aún está por encima, según su opinión, de estas fases. La hemos bautizado Ledisarquia, a petición de los entrevistados, y según esas personas es muy difícil definirlo con palabras, dado que es un sentimiento intenso, absolutamente desprovisto de cualquier intención de posesión del otro, de absoluta libertad emocional, y en el que  la conexión con la otra persona es tan grande que produce un estado de pleno equilibrio emocional, de felicidad, aún cuando no existe la convivencia, y en el que aún cuando no hay necesidad imperiosa de contacto físico o sexual, cuando éste se produce, no se identifica solo con un mero intercambio sexual placentero, sino con un verdadero momento de comunión interpersonal indescriptible.

Por tanto, según esta descripción, las personas que lo han experimentado nos dicen que no es amistad, ni amor, ni limerencia, ni sexo, sino un sentimiento mucho más intenso, profundo y maduro que solo se puede dar entre dos personas compatibles a las que los entrevistados denominan almas gemelas.

Bien, hasta aquí la entrada. Espero que todos los lectores/as de este post experimenteis lo más bonito del amor toda la vida, se llame como se llame. Personalmente, me apetece mucho experimentar ledisarquia.

Baltasar Santos.

 

 

 

 

 

Terapia para el Hambre de piel.

Abrazos de amor, de cariño, de respeto, de amistad, de confianza, de consuelo, de solidaridad, ….. abrazos: el mejor remedio para la sed de piel.

Hace unos años, de visita por Madrid, me tropecé con unos jóvenes que exhibían unos carteles que decían “abrazos gratis” mientras iban saliendo al paso de los desconocidos con los que se cruzaban por la calle para darles un abrazo. Aunque sorprendidos, muchos transeúntes accedían al abrazo, y acto seguido su cara se iluminaba y una sonrisa presidía su expresión. Son los efectos del abrazo.

Uno de los problemas más acuciantes que experimenta la mayoría de personas, es la llamada “hambre de piel”, que no es otra cosa que la constatación de que nos sentimos sólos, o de que no se nos expresa tanto cariño como el que necesitamos. Tal problema pone de manifiesto una verdad como un templo: el afecto es tan necesario para las personas como el agua, el aire, o los alimentos. La falta de afecto nos predispone a la depresión, la ansiedad y a un montón más de problemas emocionales. La terapia, sin embargo, puede ser tan rápida como queramos: sólo tenemos que ponernos a repartir afecto: abrazos, frases cariñosas, comprensión, besos, llamadas desinteresadas… e inmediatamente todo lo que ofrecemos lo recibiremos. El hambre de Piel está tan extendida en nuestra sociedad, que una persona que toma la iniciativa para saciar el hambre de los demás, es rápidamente correspondida.

Pruébalo hoy!

Mejorar la inteligencia social en 6 pasos.

IERecientemente, en una reunión formal donde discutíamos sobre los perfiles profesionales de algunas personas, una de las asistentas hacía notar la falta de empatía de uno de los evaluados, y la gran empatía del otro candidato. Hacía esta evaluación aplicando de forma equivocada el concepto de empatía. Realmente, lo que mi compañera quería decir es que uno de los candidatos era extrovertido y el otro no lo era, sin que eso tenga que ver con la capacidad de entender a las personas.

¿Puede una persona introvertida ser empática?. Por supuesto que sí. La gran mayoría de personas introvertidas tienen una inmensa capacidad de escuchar y entender los problemas de los demás, sin necesidad de ser extrovertidos ni divertidos a la vista de los demás. En el polo opuesto, en algunos casos, las personas extrovertidas no son empáticas, dado que pueden preocuparse más de caer bien, y ser divertidos, que por escuchar y entender a los demás. Suele decirse que las personas extrovertidas tienen muchas más relaciones pero más superficiales que las personas introvertidas, mucho menos sociales, pero con relaciones más profundas y comprometidas.

Esa confusión de conceptos me ha motivado a escribir estas líneas en las que intentaré explicar que es la inteligencia social y cómo mejorarla.

Cuando hablamos de inteligencia nos referimos a la capacidad de adaptación al medio, a la capacidad que tenemos de relacionar conocimientos y utilizarlos para resolver una situación concreta. Cuando hablamos de inteligencia social nos estamos refiriendo a la capacidad que tenemos todos los seres humanos de entender, tratar y llevarnos bien con los que te rodean. Este tipo de inteligencia es aquella que ejercitada correctamente nos ayudará a mejorar la calidad de nuestras relaciones personales, a que nuestros logros profesionales aumenten, a que nuestras relaciones sentimentales sean mucho más estables y duraderas. En resumen, es el tipo de inteligencia que hará que nos relacionemos con efectividad y que obtengamos el mínimo nivel de rechazo.

La inteligencia social, contrariamente a lo que muchas personas opinan, no está preestablecida genéticamente. Se puede entrenar y para ello sólo hay que tener en cuenta algunos factores como los expuestos a continuación:

1. EMPATÍA: Es la capacidad de entender a los demás, de ponernos en su “piel” para entender lo que dicen, cómo se sienten…de forma que podamos ofrecerle la respùesta más adecuada. Decía en la introducción que no hemos de confundir empatía ni con simpatía ni con extroversión, sino la capacidad de conexión emocional con la otra persona. La podemos ejercitar cada día mediante un sencillo ejercicio: Busca un periódico o un “post” de algo que haya experimentado un amigo de facebook. Extrae de él la experiencia de otro e imagínate cómo te sentirías tú en su lugar. Te aseguro que si lo haces cada día al final tu cerebro lo hará de una manera natural.

2. LIDERAZGO: Liderazo no es sólo la capacidad de dirigir a los demás, sino sobretodo, la capacidad de crear sinergias que hagan que las personas quieran seguirte. El liderazgo exige disciplina y autocontrol en las buenas y en las malas situaciones. Las personas líderes, lo son en la medida en que pueden liderarse a si mismos, con su capacidad de autocontrol y disciplina personal en sus tareas. Una persona que se lidera a si misma está en disposición de liderar a otros.

3. ASERTIVIDAD: La asertividad es esa forma de comunicación que nos permite luchar por nuestros objetivos siempre de forma respetuosa con los derechos de los demás. Contrariamente a la comunicación pasiva (ejemplificada en la frase “lo que tu digas”, “lo que tu quieras”), y contrariamente a la comunicación agresiva (ejemplificada en los reproches o las amenazas a los otros), la comunicación asertiva se centra en tratar a los otros como tú querrías que te tratasen a ti. Para mejorar esta habilidad, cuando tengamos que abordar una situación polémica es útil centrarnos siempre en los hechos y no en las personas implicadas, eso nos ayuda a distanciarnos emocionalmente y nuestras palabras tendrán menos carga negativa, pudiendo centrarnos en la solución de los conflictos, de forma respetuosa y educada.

4. SABER ESCUCHAR Y PRESTAR ATENCIÓN: La escucha activa es el arte de centrarse en lo que el otro está diciendo. A menudo, las personas renunciamos a escuchar al otro, y mientras el otro habla nos dedicamos a “fabricar” nuestra respuesta. Cuando esto sucede, los diálogos se convierten en competiciones verbales o en monólogos en el que nadie escucha, y todo el mundo se preocupa más de hablar que de entender. No interrumpir al otro es esencial para escuchar, y sobretodo hacer que la otra persona se sienta escuchada, lo cual incrementa el vínculo afectivo entre las personas.

5. ANALIZAR EL LENGUAJE NO VERBAL DE LOS OTROS: Si eres de los que no te sueles fijar en la gesticulación o postura que los demás adoptan, te pierdes una información muy valiosa. Aprende a interpretar sus movimientos y la postura de su cuerpo y entiende qué están pensando o qué están sintiendo. Si le demuestras a los demás que tu comprensión es así de profunda se abrirán sin problema alguno.

6. EXPRESAR UNA SONRISA: La sonrisa es el mayor arma del liderazgo. Aunque seamos personas serias y responsables, no tenemos porque parecer secos y distantes. No cuesta nada dar dos besos o estrechar amablemente la mano. No cuesta nada expresa nuestra bienvenida a los demás con una sonrisa. Las personas físicamente distantes crean rechazo inconsciente.

La inteligencia social es sólo una de las múltiples inteligencias que poseemos, pero bajo mi punto de vista, la más importante. Mediante la inteligencia social conectamos con los otros y compartimos información y emociones. Practicalo.

¿Esperas que adivinen tu pensamiento?

adivinacion

La adivinación de pensamiento como base de muchos problemas de relación de pareja

La comunicación es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja. En otros posts hemos hablado de la falta de respeto, la impulsividad,  y la falta de escucha activa que están presentes en la mayoría de parejas que asisten a terapia de pareja.

Hoy le toca el turno, a uno de los problemas de comunicación más perjudicial: la adivinación del pensamiento, es decir, pensar que el otro sabe lo que pensamos, sin que se lo hayamos dicho, y pensar que se sabe lo que el otro piensa, sin preguntarle.

Dar por hecho pensamientos del otro o pensar que el otro nos tiene que adivinar los nuestros, es una actitud ineficaz para una buena comunicación.  Este error de pensamiento y de conducta se sustenta en la creencia “las buenas parejas tienen que saber lo que piensan porque se conocen muy bien”. Es un error, porque aunque sería bueno desarrollar un alto grado de complicidad y “química” con nuestra pareja, esa complicidad sólo se lleva a cabo en decisiones que ambos comparten, pero no cuando hay disparidad de opiniones.  Una comunicación asertiva, en que ambos miembros de la pareja expresen sus propios pensamientos y opiniones sin lesionar los del otro, es en cambio una actitud mucho más favorecedora tanto de la comunicación como de la cohesión de la pareja.

Uno de los grandes errores de la “adivinación del pensamiento” es dar por hechos argumentos en la mente del otro, que ni siquiera intentamos confirmar, porque pensamos que no es necesario preguntar dado que ya sabemos lo que el otro piensa… cuando no es así. Grandes peleas, discusiones y rupturas se han ido gestando en la adivinación del pensamiento.  Nuestro grado de ira es tan elevado por algo que nos han dicho (o hemos entendido que nos han dicho), que automáticamente damos por hechas algunas intenciones en el otro, que no se corresponden con las verdaderas intenciones del otro.

Este fallo comunicativo puede solucionarse siempre que ambos miembros de la pareja quieran. Sólo son necesarias dos cosas:

  1. Prescindir de la adivinación del pensamiento. No interpretar las intenciones del otro hasta que le hayamos preguntado: “¿Lo que quieres decir es ….esto?”. De esta forma damos la oportunidad de confirmar o rechazar la “película” que nos estábamos empezando a montar.
  2. No esperar que el otro adivine lo que queremos, o lo que pensamos, porque quizás no le está llegando tu onda mental. Es mejor que se lo digas, y que te expliques bien.

Por último, y como algo lúdico, os dejo un enlace a un sitio en el que sí que os adivinarán el pensamiento. http://es.akinator.com/

¿cómo influyen las discusiones de los padres en los hijos?

niño tristeEs importante normalizar los desencuentros en la pareja. Las desaveniencias conyugales es algo que hay que ver como “normal” desde el momento en que entendemos que las relaciones entre personas tienen puntos de acuerdo, pero también puntos de desencuentro. El mito de la “media naranja” no es más que eso… un mito.  Cada persona tiene una historia detrás, unas experiencias, una familia, unos amigos, unos éxitos y unos fracasos que han marcado decisivamente una determinada manera de relacionarse con los demás, incluyendo la pareja.  Lo importante no es que existan conflictos sino cómo se abordan los conflictos.

Es a la hora de abordar los conflictos conyugales cuando se descubre el estilo de comunicación y de afrontamiento de los problemas existente en una pareja. Los reproches, las generalizaciones y los estilos de comunicación pasivo-agresiva están a la orden del día.  Cuando las discusiones, las discrepancias de pareceres exceden los umbrales de la buena educación, la escucha activa y el debate, a menudo nos encontramos con gritos, faltas de respeto, llantos o “te dejo de hablar”. ¿cómo influye todo eso en los hijos?.

Para empezar, los hijos, por pequeños que sean no son ajenos a las discusiones. Pueden no entender el contenido de la discusión, pero entienden que existe una discusión. Cuando los niños ven que sus dos referentes discuten pueden tener lugar varias consecuencias, a corto y largo plazo, puesto que de ser frecuentes, marcarán la forma en que el niño se relacionará con los demás en el futuro.

  • Los niños se desorientan. Si Papá y Mamá lanzan mensajes diferentes y no sabe a quién hacer caso. Las discusiones entre los padres crean un estado de indefensión en el niño, puesto que se ve impotente para evitar que sus dos referencias más importantes discutan. El mundo interno del niño tiembla. 
  • Los niños aprenden pautas de relación. Si papá y Mamá se gritan, el niño aprende a gritar en caso de desacuerdo. Más tarde, el grito puede convertirse en agresión, en hacer valer su argumento por la vía de la imposición o de la fuerza.  Si los papás debaten, el niño aprenderá a dialogar como mecanismo de afrontamiento de los conflictos.
  • Si los papás lloran, el niño aprenderá a descargar emocionalmente mediante el llanto.
  • Si los papás se dejan de hablar, el niño aprende que el silencio y el ignorar a la otra persona es un modo de resolver problemas.

Hace poco unos padres me explicaban que se habían dejado de hablar durante 1 mes, pero que sin embargo, cada uno de ellos individualmente había mejorado la relación con las hijas: “durante ese mes la relación con mis hijas era como una balsa… eran obedientes, se portaban bien….”.  ¿Por qué cambian las hijas en su comportamiento?. Pues una posibilidad muy probable es que las niñas crean tener cierta responsabilidad en las discusiones de los padres; ¡culpa!, y por ello hacen lo posible para no irritar a los padres.  También puede generarse miedo: que las niñas sientan miedo ante la posibilidad de que sus progenitores les dejen también de hablar a ellas cuando no hacen las cosas bien.

En cualquier caso, INDEFENSIÓN, CULPA y MIEDO son palabras mayores para cualquier persona, y máxime para un menor, en pleno desarrollo de sus esquemas de razonamiento y relación.

Conclusión: la discusión entre los padres es normal, pero hay que aprender a no enviar mensajes contradictorios a los hijos, afrontar las discrepancias de forma civilizada (cualquiera que sea el motivo de discusión), y por supuesto, nunca discutir ni delante de los hijos, ni dejar que visibilizen u oigan la discusión o sufran las consecuencias de una comunicación pasivo agresiva y de unas emociones paternas y maternas mal gestionadas.

En cambio, aprender a gestionar las discrepancias y los conflictos de forma asertiva y constructiva es uno de las mejores enseñanzas que se le pueden inculcar a un niño.