¿Y tú?¿has sufrido alguna vez el síndrome del impostor?

sindromeimpostorSi no lo has sufrido, enhorabuena, porque 7 de cada 10 personas lo han sufrido en alguna ocasión a lo largo de su vida profesional.

Quienes sufren El síndrome el impostor, consideran que están sobrevalorados, y que no son tan capaces como los demás creen.

Os hago una confesión. Durante algunos años tuve algunos cargos de cierta responsabilidad en una organización sindical para la que además trabajaba como asalariado desarrollando funciones como técnico de políticas activas de empleo. Mi vinculación con esa organización era doble: por un lado, trabajaba como técnico, y por otro lado militaba sindicalmente como cualquier otro trabajador afiliado, y había llegado a tener responsabilidades en este último ámbito.

Sin embargo, lo que para muchos pudiera ser una ventaja, para mí era todo lo contrario. Sentía el síndrome del impostor. En ocasiones me preocupaba en exceso que los demás me vieran como un impostor. Yo mismo pensaba que era un buen técnico, pero no tanto como responsable sindical. Nadie me decía que eso fuera así, pero yo lo pensaba. Las consecuencias eran que, literalmente, vivía en esa organización, dedicando más de 16 horas diarias a mis funciones técnicas y sindicales para que nadie pudiera tacharme de “impostor” por no provenir de una fábrica o de una gran empresa.

He conocido unas cuantas personas que, siendo grandísimas profesionales de su sector: sanidad, formación, administración…me han explicado vivencias muy parecidas a las mías: un exceso de celo para cumplir con todas las responsabilidades asignadas que te llevan a padecer síntomas de ansiedad, estrés, cuando no problemas de pareja, aislamiento de las amistades, etc… y lo peor de todo, es que no se vive negativamente, al menos en un principio, hasta que llega un día, en el que lo ves todo claro.

Reconocer que tu éxito profesional es una cuestión de mérito y que no tienes que demostrar nada extra más allá de tus conocimientos en una jornada laboral “normal” es el primer paso para vencer el síndrome del impostor. Tu éxito no tiene nada que ver con la suerte ni tienes que demostrar nada a nadie,más allá de tu profesionalidad y de cumplir con tus responsabilidades.

Quienes sufren este síndrome tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de haber perdido facultades, de ser impostores, vamos…un fraude. En muchas ocasiones, algunas personas (dirigentes, compañeros…) detectan que eres una persona que quiere cumplir de forma excelente con todas tus responsabilidades, y entonces….te asignan más responsabilidades… hasta que llega un momento en que ningún ser humano podría llevarlas a cabo de una forma racionalmente buena, y sobretodo, sin poner en peligro tu propia salud.

Normalmente, este tipo de síndromes lo padecen en aquellas profesiones donde la competencia es muy alta, pero también hay factores que favorecen su aparición. Por ejemplo creencias y pensamientos del tipo “no querer quedar mal con nadie”, “agradar a todo el mundo”, “no parecer incapaz”, “no saber decir no”…

Sea como fuere, si te ves reflejado con este síndrome, piensa que hay muchas más personas como tú que lo sufren, y empieza a valorarte a ti mismo y a practicar la asertividad. Sí, en efecto, pelear por tus retos, hacer valer tus opiniones, de forma amable y razonada, tener la perfecta seguridad para mostrar tu oposición ante una nueva petición, defender tus derechos sin agredir los de los demás….todo eso que supone la asertividad, es un remedio total para evitar el estrés y la ansiedad relacionadas con ese sentimiento de no poder hacer frente a las responsabilidades de tu cargo por no ser suficientemente buena.

El coaching y el trabajo cognitivo conductual en sesiones semanales con tu psicólogo servirán para analizar las causas y como afrontar tus responsabilidades sin juzgarte ni presionarte.

Se han identificado algunas causas de este síndrome, pero considero que todas ellas tienen su origen en un esfuerzo constante por agradar a los demás, de ser válidos a ojos de los demás, de no decepcionar a los demás y eso puede verse desde la más tierna infancia.

Esfuerzos de superación constante desde la infancia: querer agradar a los padres, traer buenas notas y ser un hijo/a ejemplar puede convertirse en una causa de este conflicto en el futuro. El amor de nuestros padres es incondicional, no depende de buenas notas ni de buenos comportamientos, pero no siempre se ve de esa forma cuando somos niños, y el miedo a no agradar a nuestros padres se queda fijado como un patrón de conducta que reproducimos constantemente en otras esferas de nuestra vida adulta.

De esta forma desarrollamos una baja tolerancia a la frustración, o mejor dicho, nos frustramos y calificamos de fracaso todo lo que no sea excelente, todo lo que no sea cumplir 100% con todas las responsabilidades que nos asignan aún cuando éstas sean excesivas. La autoexigencia exacerbada convierte el exceso de tareas en una frustración personal que combatimos con más tiempo de dedicación, a costa de la familia, de horas de sueño, de horas de descanso y de nuestra propia salud.

La mayoría de las personas que sufren el síndrome del impostor no dirían que se sienten como impostores, pero sin embargo, cuando oyen hablar de este tema tal y como lo desarrollamos en este post, se sienten plenamente identificadas.

¿y tú? ¿te sientes identificado/a?

Baltasar Santos.
Psicólogo clínico.

La actitud del samurái 1

samuraiaquiyahora

De la lectura del libro “Hagakure. El camino del samurái”, de Yamamoto Tsunetomo, he extraído una series de conclusiones que entroncan perfectamente con los fundamentos psicológicos sobre los que se asienta mi práctica en psicología clínica.

Inicio con este post una serie de entradas en formato frase sobre la que pensar. En este primer post de la serie, me ha parecido interesante la reflexión sobre el aquí y el ahora, sean cualesquiera que sean los objetivos de cada persona. Centrarte en tu acción en el aquí y ahora, ser plenamente consciente de lo que cada uno hacemos en nuestro aquí y ahora, qué hacemos, qué sentimos, qué pensamos en cada momento, ayuda a dirigir tu conducta, tus emociones y tus pensamientos hacia dónde tú decidas: tus objetivos, los estados emocionales que quieras sentir, y a reflexiones más positivas hacia uno mism@.

Nos hace pensar sobre la necesidad de no postergar una y otra vez aquellas tareas, o aquéllos cambios que queremos hacer pero que nunca encontramos el momento apropiado. De hecho, cuando eso ocurre, es muy frecuente que además nos encontremos mal por ello, generándonos ansiedad y estrés de forma innecesaria.

Esta frase nos motiva a no postergar esos cambios, a ponerlos en práctica hoy, ahora, sin más dilación…porque si no lo haces corres el riesgo de no hacerlo nunca. Salir de la zona de confort a la que cada un@ estamos acostumbrados para provar algo nuevo es solo cuestión de decisión.

 

 

 

Tattoos y focalización

inguzEs habitual que tanto en psicología como en otras disciplinas, recomendemos focalizar en nuestros objetivos y metas. Focalizar significa tener presente algo que quieres conseguir o que no quieres olvidar. Está demostrado que cuando centras tu foco de atención en algo, tu perspectiva cambia, y las sirindipias o casualidades se hacen presentes, lo que significa que no hay tantas casualidades como mucha gente cree sino cambios en el foco de atención. Igual que tenemos más suerte cuanto más nos esforzamos en algo, también existen más serendipias cuando modificamos nuestro focus.

De esta manera, cuando una mujer se queda embarazada ve más carritos de bebé por la calle; cuando te compras un coche nuevo, ves muchos más coches de esa marca; y cuando nunca has tenido perro, y adquieres uno, te das cuenta de la cantidad de gente que tiene perro.

Además de trabajar tus pensamientos para focalizar tu centro de atención en aquello que te interesa, existen otras técnicas como el collage para representar gráficamente tus objetivos, tus metas, tus eslogans de forma que los tengas siempre presentes.

También el mundo del tatuaje representa una parte de focalización. Aunque cada persona se tatúa el motivo o imagen que le viene en gana, y que esos motivos son tan diferentes como personas hay (homenaje a alguien o algo, estética, signo distintivo…), lo cierto es que hay personas que también recurren al tatuaje como forma de focalizar su atención, y nunca perder de vista un determinado concepto o imagen.

Hoy he estado con Jordi de “El Caramot” de El Vendrell, y ha sido un verdadero placer verle trabajar en “Inguz”, un tatuaje de una runa vikinga, de la que ya hablé en otro post, y que desde hoy tengo el placer de visualizar permanentemente.

Aunque los significados que una imagen pueden ser de lo más variado, Inguz representa para mí, la necesidad de ser perseverante para conseguir tus objetivos. Nada nos es regalado. Para obtener frutos hemos de fertilizar el terreno, y de igual manera, los objetivos se consiguen cuando tenemos la paciencia y la perseverancia suficiente y no caemos en el derrotismo o la ira. Inguz señala una feliz realización y el empuje para iniciar un nuevo ciclo con los pies en la tierra. Pero también Inguz significa un nuevo renacer, el comienzo de una nueva vida o un nuevo camino o emprendimiento, cuando las cosas no han ido bien.

Constancia y criterio para conseguir tus metas, y en el plano emocional, la fuerza mental para aclarar y resolver los períodos difíciles por los que podemos atravesar en la vida.

Inguz te recuerda que todo cambia,que todo fluye y que no podemos permanecer entre obstáculos y obstrucciones constantes. La resolución de antiguos conflictos internos te llevan a experimentar un alivio de la tensión y la duda y a avanzar en tus objetivos.

Inguz te sugiere, así mismo, usar positivamente tu energía para tomar decisiones que te conduzcan hacia un nuevo ciclo de vida, desechando lo caduco, libre de influencias negativas y con buen estado de ánimo.

En definitiva INGUZ representa una actitud de apertura a los continuos cambios y a liberarse de los hábitos, condicionamientos, relaciones o patrones que bloquean nuestro progreso.

Como tanto personalmente como profesionalmente son actitudes, creencias y valores positivos en los que tod@s nos deberíamos focalizar, le pedí a Jordi que me tatuara esta imagen para focalizarme en ella, con la ayuda de su técnica y su arte.

Gracias Jordi, Gracias a El Caramot, y gracias a Laura por inspirarme y animarme. Buen trabajo!.

Baltasar Santos

Psicólogo en Actitud i Més y docente en Academia CEP El Vendrell.

 

 

¿por qué abandonar es más convincente que seguir?

abandonar Desistir, abandonar, dejar, renunciar… Cuando en nuestro pensamiento se inculca esta idea, siempre cala más fácilmente que luchar, repensar, seguir, esforzarse. ¿Por qué?.

Estamos programados para una gratificación inmediata. Normalmente luchar, repensar, seguir, esforzarse y otros verbos de acción suponen un esfuerzo, una planificación, un trabajo cognitivo y/o físico para conseguir una gratificación…pero a más largo plazo. Nuestro cerebro nos engaña haciéndonos decantar por la parte fácil: la de dejar algo que nos agobia, la de abandonar aficiones o personas que no sabemos si nos llenan, renunciar a trabajos que sólo tendrán recompensa en el tiempo. Esta es la realidad, cuando abandonamos, estamos evitando enfrentarnos con aquéllo que nos cuesta o nos duele enfrentar. Preferimos estar anclados en lo que viene a denominarse nuestra “zona de confort”, retroalimentada por pensamientos erróneos que nos llevan a la parálisis y al inmovilismo, en lugar de perseguir decididamente nuestras recompensas. Preferimos creernos las coartadas y excusas autoimpuestas, que apostar por lo que hoy vemos lejano.

No nos referimos a aquellas actividades, situaciones o personas que son claramente tóxicas para nuestro bienestar, que requieren un cambio, sino de todas aquellas otras que necesitan que seamos fuertes, persistentes y consistentes para conseguir nuestros objetivos. En esa decisión, juega un papel fundamental algunos pensamientos intrusivos como “¿para qué voy a seguir si no lo voy a conseguir?” , “necesito dejarlo por un tiempo a ver si me vienen nuevas ilusiones”, o aún peor: “nada de lo que intente me va a salir bien”. Esos pensamientos significan un motín que tiene como objeto disuadirnos de seguir esforzándonos, y conseguir la gratificación inmediata que supone no esforzarse, ni luchar.

La incerteza del futuro sólo se soluciona con la reflexión y el trabajo diario. Anticipar el fracaso nos conduce a una ansiedad, a un “no puedo soportar la incertidumbre” que nos lleva al abandono y a seguir anclados en la situación presente. Visualizar el futuro con vista larga y una buena dosis de realidad, no conduce a la autosatisfacción personal y una vida plena. Los miedos se superan enfrentándose a las situaciones. La ansiedad que nos paraliza nos lleva a la perpetuidad de esos miedos.

Antes de abandonar…distingamos bien entre lo fácil y lo adecuado, porque sólo con lo adecuado conseguiremos nuestras metas.