¿Valoras tus relaciones de pareja pasadas como un fracaso?

La Ruptura de pareja no es un fracaso

La sensación de haber fracasado tras una ruptura de pareja

Una de las sensaciones más frecuentes tras una ruptura de pareja, además de la rabia o la tristeza, es la sensación de fracaso. Se ha invertido mucho tiempo, se ha ofrecido todo lo que una persona enamorada puede dar a otra, y se ha roto un vínculo que muchos esperan eterno. Da igual si la ruptura se lleva a cabo de forma unilateral o por decisión mutua, lo cierto, es que acostumbra a quedar un resquemor por el tiempo empleado en una relación que, a la postre, no es para siempre. Al tiempo que se produce una ruptura de pareja, se rompen también otros vínculos, como los de algunos amigos, la familia e incluso se truncan ilusiones por llevar a cabo algunos proyectos comunes.

También es fácil que el sentimiento de fracaso vaya acompañado de un deterioro de la autoestima, especialmente en las personas que finalmente no han tomado la decisión. Pueden sentir que no son los suficientemente buenos para que otra persona les acepte como pareja y generalizar un pensamiento de ineficacia o de infravaloración.

Ciertamente, la ruptura de pareja es un momento de contradicciones (nostalgia, libertad, tristeza, alegría…) y de afrontamiento de nuevas rutinas. De alguna manera, independientemente de lo buena o mala que haya sido la relación, la ruptura da lugar a una nueva etapa, desconcertante y diferente, en la que las personas nos encontramos fuera de nuestra “zona de confort” ya que nos enfrentamos a un nuevo escenario en el que ya no contamos con la otra persona. De alguna manera, rompemos con nuestra anterior “estabilidad” y “seguridad”, económica, social, o familiar.

Sin embargo, está en nuestra mano analizar nuestra relación con otra perspectiva, que nos permitirá evitar esa sensación de fracaso.

En la mayoría de ocasiones, el tiempo nos aporta una nueva visión más positiva de nuestra extinta relación

Es curioso que cuando pasa el tiempo y superamos el duelo, solemos recordar los buenos momentos vividos durante esa relación y tendemos a relativizar los malos. De esta forma, somos capaces de darle un nuevo sentido a la experiencia de pareja que nos ayudará a entender que en toda relación existen buenos y malos momentos, y que sobretodo, toda relación es un aprendizaje.

Quizás no guardes buenos recuerdos de lo que la otra persona te ofrecía, quizás la otra persona te defraudó en demasiadas ocasiones, pero siempre te quedará el recuerdo de lo que tú sí que le ofrecías y la otra persona no te llegó a reconocer nunca. Quédate con las buenas sensaciones que te producía todo lo que hacías por la otra persona: cuando en un día de lluvia te mojabas para esperarla con un paraguas, cuando le preparaste aquella fiesta sorpresa, cuando organizaste aquel viaje fantástico en el que lo pasastéis tan bien, cuando cocinabas aquél plato especial que tanto le gustaba o cuando estabas dispuesto/a a ayudar a ese familiar de ella que siempre se metía en problemas.

Saca lo mejor que diste de ti mismo/a y recupéralo porque lo mejor de tí sigue en tí y puede que tu ex no lo valorara suficientemente, pero es un problema de tu ex, y no tuyo. Aprende a valorar todo lo positivo que has vivido porque, sin duda, esa experiencia, que para nada es un fracaso, te permitirá tener nuevas relaciones satisfactorias y plenas.

¿Y tú, cómo valoras tus relaciones de pareja pasadas?

Si tienes sólo dos minutos, te agradecería que participaras en esta encuesta, en la que NO recogeremos ningún dato personal y que nos servirá para hacer un estudio estadístico sobre la valoración de nuestras exparejas en función de una serie de factores.

Puedes acceder a la encuesta pinchando aquí.

Gracias

Baltasar Santos

Actitud i Més

 

 

 

Te quiero pero no estoy enamorado de ti

El amor es sin duda uno de los sentimientos que causan más emociones positivas, pero también negativas cuando no es correspondido. En consulta clínica, detrás de muchos problemas de desequilibrio emocional, y también en terapias de pareja, el concepto “amor” es uno de los más analizados. Sin embargo, y aunque la literatura poética, narrativa y científica han llenado millones de páginas hablando del amor, durante las últimas semanas he formulado una simple pregunta a 10 personas diferentes: ¿cómo definirías el amor?

Las respuestas, como no podía ser de otra manera, han sido muy diferentes, constatando que aunque todos conocemos y utilizamos el término, su significado puede llegar a ser muy diferente para cada uno de nosotros, razón por la que he escrito esta entrada sobre diferentes acepciones del amor referido a las relaciones de pareja.

Según la Real Academia de la lengua española, la palabra amor se puede relacionar con 14 significados diferentes, de las que destaco las cuatro principales:

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.

Sin embargo, y aunque, en general,  cualquiera pueda verse identificado con alguna de estas acepciones, de las entrevistas realizadas y de la propia reflexión, ninguno nos hemos visto identificados plenamente, con ninguna de ellas. Por esa razón creo que puedo concluir que esta etiqueta verbal es claramente insuficiente para englobar la multitud de significados diferentes que otorgamos los seres humanos a esa palabra.

En dos de las entrevistas realizadas, las personas se sentían identificadas con la primera de las acepciones de la RAE. Sin embargo, ¿es ese sentimiento positivo?. Afirmo que no. Partir de la propia insuficiencia y necesitar encierran en carencias y sentimientos negativos puesto que cuando la persona amada no corresponde, el sentimiento se torna en frustración, tristeza…cuando no da lugar a trastornos como la depresión.

La mayoría de entrevistados/as se han visto identificados/as con la segunda acepción. Analicemos:

  • Sentimiento hacia otra persona.
  • Esa persona nos atrae de forma natural.
  • procuramos reciprocidad.
  • hay un deseo de unión.
  • la persona amada nos completa, nos alegra, nos da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Pues aunque ocho de las personas entrevistadas estaban más o menos de acuerdo con esta acepción, nadie estaba absolutamente de acuerdo. Me explicaré:

Sobre La persona nos atrae de forma natural:  Las distintas experiencias subjetivas sobre el amor constatan que no siempre nos enamoramos de las personas que nos atraen de forma natural, sino que existen muchísimos matizes diferentes.

Hay quien para se enamora a simple vista; hay quien conoce a una persona que NO le atrae de forma natural pero se enamora de ella por su forma de ser; hay quien necesita que la persona corresponda con unos determinados cánones subjetivos de belleza física; hay quien necesita que la persona sea intelectualmente compatible y el tema físico es secundario…etc, etc.

sobre procuramos reciprocidad: Aunque ese sentimiento es mayoritario, no todo el mundo que se ha enamorado procura ser correspondido. A veces, las situaciones sociales, culturales o las propias creencias y valores hacen que una persona enamorada no procure esa correspondencia, convirtiéndose ese amor en lo que algunos denominan “amor platónico”.

sobre el deseo de unión: Podríamos decir lo mismo que en el párrafo anterior, pero además aún en el caso del deseo de unión efectiva, esta unión puede adoptar múltiples formas: la convivencia, la unión física incluyendo la relación sexual, la unión física sin relación sexual, la unión “espiritual” o conexión “mental” sin necesidad de proximidad física, y otro largo etc.

La persona amada nos completa: A veces es así, pero en otras ocasiones , bajo mi modo de entender, de una forma más positiva, las personas ya estamos completas antes de amar.

La persona amada nos alegra: En este caso, todas las entrevistas han coincidido en que sí. La persona amada nos alegra, aunque cuando se espera correspondencia y no la obtenemos, puede no darse esa alegría.

Energía para convivir, comunicarnos y crear: Nuevamente aquí, no todos los entrevistados coinciden en la definición. Algunas personas se han sentido enamoradas de personas que no le han dado energía, con las que ha habido problemas de comunicación y con las que han visto mermada su capacidad de crear, sin sentir por ello, que su amor ha menguado.

Por tanto, se me antoja claramente insuficiente cualquier etiqueta verbal para definir la pluralidad de emociones, sentimientos y expectativas que cada persona tenemos sobre el amor.

Siguiendo esta investigación, he recurrido al libro “Te quiero, pero no estoy enamorado de ti” de Andrew Marshall, en el que se habla de la evolución del amor por distintas fases, y en el que se describe el concepto de Limerencia.

La Limerencia o primera fase del amor

 Limerencia (o también amor obsesivo) es un estado mental involuntario que resulta de una atracción romántica por parte de una persona hacia otra, combinada con una necesidad imperante y obsesiva de ser respondido de la misma forma. La psicóloga Dorothy Tennov acuñó el término limerence en 1977, publicándolo en 1979 en su libro Love and Limerence: The Experience of Being in Love (“Amor y limerencia: la experiencia de estar enamorado”). Aquí, se describe el concepto que resultó de su trabajo durante la década de los 60, al entrevistar a más de 500 personas sobre temas románticos

La limerencia puede en algunos casos ser exactamente lo que uno trata de expresar cuando dice que está “locamente enamorado” (en inglés “having a crush”), aunque este estado, a diferencia de un enamoramiento a primera vista, puede durar meses o años. Se caracteriza por una gran cantidad de pensamiento intrusivo y pronunciada sensibilidad a eventos externos que pudieran reflejar la disposición del objeto limerente hacia el individuo. Puede ser experimentada como intensa alegría o como extrema desesperación, pudiendo esto variar dependiendo de la situación respecto de la otra persona.

Cuando una persona se enamora, y siente “mariposas en el estómago”, palpita, se acelera ante la presencia o el recuerdo de la persona amada, y no hace otra cosa que pensar en ella, se puede decir que está sufriendo limerencia. Produce euforia cuando la persona es correspondida, pero produce una inmensa frustración, tristeza y desesperación cuando no lo es.

La inseguridad ante la incertidumbre de si la persona amada nos corresponderá o no es un síntoma de este estado

También se da un sesgo en la atención y percepción, puesto que la persona limerente (que se enamora) solo percibe lo bueno de la otra persona, la idealiza, y desatiende cualquier otra actividad.

El estado limerente o de enamoramiento, que no todas las personas experimentan, es un estado con ciertas semejanzas con el trastorno obsesivo.

Fases del amor

Veamos detalladamente las fases que describe Marshall en su libro  “Te quiero, pero no estoy enamorado de ti”:

1.- Fase preliminar: Cuando conoces a la persona.Es una fase en la que puede existir atracción física, intelectual o ambas. Sientes que esa persona te puede aportar algo que te gusta. Miras a los ojos de la otra persona y te atrapa. Puede haber o no atracción sexual inmediata, pero de alguna manera la otra persona te seduce. Aún no estás enamorado/a, y según los expertos….es el último momento en que eres libre antes de enamorarte, es el último momento en el que aún puedes dar marcha atrás.

2.- Cristalización de la limerencia. Si eres correspondido, el sentimiento es de euforia, pero si no es así, empieza una batalla para agradar a la otra persona. Aunque el amor es un sentimiento bonito, cuando estás en esta fase de limerencia, paradójicamente empiezas a pensar que no eres suficiente para esa persona, se acrecientan tus inseguridades y renuevas tu vestuario, te cortas el pelo, y haces mil cosas para agradar, conquistar y merecer a la persona amada. Intentas ser más deseable como sea y piensas en la persona todo el rato. Esta fase de limerencia, se da en todas las culturas y  suele durar entre 6 meses y 3 años. El pensamiento obsesivo se va diluyendo, pero la alegría o tristeza intensa ante la presencia o recuerdo de la persona amada es intermitente durante mucho más tiempo, en función de si la persona es correspondida o no. Si el amor es correspondido, muchas parejas experimentan una profunda decepción cuando pasan a la siguiente fase.

3.- Vínculo amoroso o apego amoroso: En esta fase, las personas han recobrado su normalidad. No están pensando en la otra persona todo el día. Nos volvemos más prácticos, aceptamos las debilidades de la pareja.Según Marshall, en esta fase si no alimentas la relación, ésta se deteriora.

  • Escuchar a la otra persona con atención y que se sienta escuchada.
  • Compartir con tu pareja las experiencias individuales que cada uno ha tenido.
  • Compartir actividades.
  • Contacto físico, no solo sexual: abrazos, besos, sexo…
  • Apoyo a la otra persona
  • Sentido del humor.

Si no se alimenta este amor, se transforma en afecto, cariño, que dura para siempre, pero que no es suficiente para mantener una relación de pareja.

Nos siguen quedando muchas dudas, porque… en el caso de una pareja donde hay sentimientos correspondidos, no siempre estas fases se dan al unísono. Lo ideal es que se den a la vez y con la misma duración, pero no son raras las expresiones de algunas parejas que te dicen “es que cuando nos casamos yo estaba mucho más enamorada que él”, o “es que ahora ya no me quiere como antes porque hemos perdido la química”.

Realmente, afrontar las diferentes fases por las que atraviesa el amor entre dos personas requiere esfuerzo y comprensión mutua, para que sea la maravillosa experiencia que todos deseamos.

Por último, dos de los entrevistados hacían referencia a una experiencia que aún está por encima, según su opinión, de estas fases. La hemos bautizado Ledisarquia, a petición de los entrevistados, y según esas personas es muy difícil definirlo con palabras, dado que es un sentimiento intenso, absolutamente desprovisto de cualquier intención de posesión del otro, de absoluta libertad emocional, y en el que  la conexión con la otra persona es tan grande que produce un estado de pleno equilibrio emocional, de felicidad, aún cuando no existe la convivencia, y en el que aún cuando no hay necesidad imperiosa de contacto físico o sexual, cuando éste se produce, no se identifica solo con un mero intercambio sexual placentero, sino con un verdadero momento de comunión interpersonal indescriptible.

Por tanto, según esta descripción, las personas que lo han experimentado nos dicen que no es amistad, ni amor, ni limerencia, ni sexo, sino un sentimiento mucho más intenso, profundo y maduro que solo se puede dar entre dos personas compatibles a las que los entrevistados denominan almas gemelas.

Bien, hasta aquí la entrada. Espero que todos los lectores/as de este post experimenteis lo más bonito del amor toda la vida, se llame como se llame. Personalmente, me apetece mucho experimentar ledisarquia.

Baltasar Santos.

 

 

 

 

 

¿Por qué se acaban las relaciones de pareja?

Aunque nuestra cultura idealiza y nos insta a tener uniones de pareja de por vida, lo más frecuente, es que aquéllo que une a las personas en relaciones estables no dure toda la vida, se diluya como un azucarillo en agua, y finalmente se acaben las razones para seguir en pareja. ¿Por qué ocurre?

El mito del amor eterno.

Tod@s hemos soñado en alguna ocasión con el romance de película, en el que dos personas encuentran recíprocamente un complemento ideal a su vida, y de la que se espera que el deseo, la pasión, el amor, el compañerismo y la complicidad que nos genera dure toda la vida.

La verdad es que el romance de película tiene fecha de caducidad, y lo que hace perdurar las relaciones de pareja es la existencia de una serie de vínculos que van más allá del amor. Elsa Punset nos viene a decir que si el baile hormonal del enamoramiento durara más de 6 meses, no habría cuerpo que lo aguantara.

En efecto, las relaciones de pareja atraviesan por diferentes fases a lo largo de su existencia, empezando normalmente (aunque no siempre) por una fase de intensa atracción emocional y, normalmente, física, que, pasados unos meses da lugar a otro tipo de amor, igualmente hermoso pero menos intenso y pasional. No se ama menos pero se ama mejor.

Sin embargo, la convivencia, la rutina, los problemas, las obligaciones y toda una serie de factores que repasaremos a continuación pueden dar lugar a la ruptura de ese mito del romance idílico eterno, si no se sabe interpretar o reconocer que la energía del amor no se destruye sino que se va transformando dando lugar a emociones diferentes.

¿Recuerdan los puentes de Madison?. Una mujer casada (Meryl Streep) conoce a un fotógrafo trotamundos (Clint Eastwood), y se da cuenta de que en su matrimonio faltan cosas que el bueno de Clint sabe darle: pasión, aventura….el baile hormonal de los primeros seis meses, que el cariño de su marido no le proporciona.

La comunicación en pareja

La comunicación en la pareja es fundamental. Cuando la comunicación no existe, o queda dañada por las interferencias que producen las obligaciones, las prisas, la familia, los no-entendimientos…entonces surgen problemas: o bien incomunicación, o bien reproches y culpas, peleas, gritos…

La única manera de construir y mantener una relación estable es el diálogo y la resolución de los conflictos y las diferencias de forma conjunta. Si uno (o los dos) miembros de la pareja no disponen de las adecuadas herramientas comunicativas, la pareja está abocada al fracaso. Aunque, cuidado: en ocasiones, se dispone de las herramientas adecuadas pero la pareja no se pone de acuerdo en el momento de ponerlas en marcha. La prisa de uno o la pasividad del otro pueden dar al traste con relaciones que podrían mantenerse con un poco de comprensión mutua.

El tiempo

El tiempo pasa veloz cuando estamos bien con otra persona, y pasa muy lento cuando estamos mal. Realmente, el tiempo no importa demasiado, sino cómo utilizamos ese tiempo.

Hay que desmontar el mito de que una relación perfecta tiene que pasar todo el tiempo posible juntos. No es así. La evidencia demuestra que las relaciones de pareja más satisfactorias son aquellas que saben establecer una separación entre la vida individual de cada uno y la vida de pareja. Es necesario que cada integrante de la pareja respete un tiempo personal para realizar las actividades, tareas, intereses personales de cada uno, tanto personal como de la pareja. Pero también es importante tener una amplia zona de solapamiento entre los dos.

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Si uno de los dos no respeta el tiempo del otro, o si no se dispone de tiempo o no se tienen actividades compartidas más allá de las obligaciones domésticas, podremos decir que el conflicto está servido.

Para que una relación se mantenga viva, crezca y prospere es necesario compartir momentos, ya sea una cena, una salida al cine, o un cuarto de hora para tomar  café juntos, desconectar del móvil y conversar. Esto, que parece tan simple, es con frecuencia el cáncer de la pareja ya que los problemas, el trabajo, los hijos o la casa dificultan cuadrar horarios o centrarse en la vida de pareja cuando se dispone del tiempo, pero la cabeza está en otro lugar.

3) Interés por otra persona.

Si estás constantemente pensando en otras opciones, entonces tu relación no es tan fuerte como piensas. No me refiero a atracción física. Es perfectamente posible mirar a alguien atractiv@ que pasa por la calle, reconocer su belleza y eso no conduce necesariamente a una pulsión sexual y deseo desorbitado, ni tampoco un desprecio a tu pareja.

Sin embargo, cuando el interés por otra persona va más allá del interés carnal y existen encuentros “amistosos”, el baile hormonal que la pareja actual no proporciona puede aparecer con la nueva persona. La razón principal es que hasta que no conocemos bien a las personas, solemos idealizarlas, generarnos una imagen ideal de esa persona, que aunque solo existe en nuestra mente, es tan poderosa como la magia.

Dudas sobre el futuro.

Las relaciones de pareja atraviesan por caminos llenos de piedras que hay que ir sorteando. Con las dificultades aparecen las dudas sobre el futuro de la relación. Prestar atención al instinto de cada uno para saber qué es lo que se siente de verdad es fundamental.

Hemos de ser sinceros, con nosotros mismos y con nuestra pareja. Si creemos que nuestra pareja no es “esa persona”, no es “lo que quieres” o no es “tu alma gemela”, simplemente escucha tu corazón, como nos dice Laura Pausini y toma decisiones.

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Intereses y motivaciones diferentes.

Cuando los intereses y motivaciones de las dos personas no son compatibles es díficil encontrar razones para seguir juntos. Puede ser que al conocerse, ambas personas tengan intereses y motivaciones diferentes, y que eso suponga una encantadora curiosidad para el otro. Sin duda, parejas de diferentes culturas o con una gran diferencia de edad, pueden encontrar un maravilloso encanto en esas diferencias que con el tiempo dejan de ser diferencias para ser compartidas.

Sin embargo, si los intereses, valores y motivaciones son irreconciliables, o llevan a la pareja a no plantearse pasar tiempo juntos, es un factor facilitador de la ruptura muy importante.

 

No hay deseo

El sexo es un pilar fundamental en una relación de pareja. Cada pareja es diferente en cuanto a la necesidad, tiempo y duración de las relaciones sexuales, pero si no existe deseo por disfrutar de relaciones íntimas con la otra persona, y se tiene deseo sexual por otras personas o con uno mismo, será el momento de hacerse un planteamiento.

Si bien es cierto que en todas las parejas hay épocas de sexo más o menos intensas, si la percepción de tu pareja no incluye la necesidad de mantener relaciones sexuales completas habrá que preguntarse si esa relación es la que ambos quereis.

 

Amor y deseo son dos cosas diferentes

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama”.

Miguel de Cervantes Saavedra

Con esta elocuente frase Cervantes diferencia claramente dos conceptos que a menudo se presentan juntos es una relación de pareja, y sería lo deseable, y en otras ocasiones la falta de uno de ellos es el detonante para una ruptura. Vayamos por partes.

En una relación de pareja satisfactoria debe haber presencia de los siguientes factores:

  • Una buena comunicación. Esencial para crear conexión y confianza, y fundamental también para afrontar los problemas que surgen en toda relación. Los reproches y la comunicación pasiva-agresiva son un cáncer para muchas relaciones. Una comunicación fluída en la  que todo se pueda hablar es la base de una buena relación.
  • Intereses compartidos: aunque en una relación ideal es satisfactorio que cada persona tenga sus propios intereses y motivaciones, su propio círculo de amistades y sus propias aficiones, es deseable que una parte de todo eso se comparta; es decir, que existan amigos en común, aficiones en común y entretenimientos comunes.
  • Proyectos en común: Tener hijos o no, el hogar familiar… compartir los proyectos y construir juntos ese proyecto es muy importante para  el futuro de una relación.
  • Confianza y respeto: La confianza mútua y el respeto por la otra persona son pilares fundamentales en una relación. Si no hay confianza aparecen los enfados, el control de la intimidad del otro, los celos, las discusiones y demás pensamientos negativos que están detrás de muchas rupturas.
  • Intimidad: la relación de pareja se sustenta en la privacidad de una parte importante de la interacción. Parejas que todo lo cuentan o que permiten a las familias irrumpir en la relación sin el permiso de ambos, pueden desembocar en problemas.
  • Deseo sexual. Sobrevalorado por muchos pero infravalorado por muchas parejas es también muy importante, sobretodo al inicio de una relación. Si existe todo lo demás pero no existe deseo sexual cuando una pareja se conoce, la relación no tirará adelante.
  • Amor: Difícil de definir. Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno, aunque hay una segunda definición más conflictiva: Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.

Cuando una relación lleva tiempo, si todo lo demás funciona puede que el deseo sexual no sea tan necesario. Sin embargo, para iniciar una relación puede existir compenetración, amistad, buena comunicación, pero si no existe deseo sexual, si no hay pasión…nunca la habrá. Por ello, es difícil que una relación de pareja pueda fructificar sin deseo, aunque existan profundos sentimientos de amor y cariño hacia la otra persona.

¿Puede amarse sin deseo?

Si consideramos amor como querer lo mejor para la otra persona, sin duda. Es, además, un sentimiento muy positivo. Sin embargo, si una persona ama y desea y la otra ama pero no desea, dicha relación puede resultar muy frustrante para ambos y la relación difícilmente seguirá adelante.

¿Puede haber deseo sin amor?

Por supuesto que sí. Muchas relaciones espontáneas y de corta duración se basan en el deseo sexual pero no en el amor. Si ese es el tipo de relación que se quiere establecer por ambas partes no hay problema.

¿En una relación larga, se mantiene siempre el mismo nivel de deseo sexual?

Salvo excepciones, lo normal es que el deseo sexual de las primeras fases de una relación dejen paso a otros factores igualmente importantes que irán ganando terreno; por lo que la pérdida de deseo sexual, siempre que no sea absoluta y que exista diálogo en la pareja, no tiene porque ser definitiva. Además, en el deseo sexual  intervienen muchos factores, como el estrés, las tareas del día a día, el cansancio, la rutina que pueden hacer que el deseo sexual se pierda durante un tiempo y se recupere más tarde.

¿Y en una relación nueva, qué pasa si existe amor pero no existe deseo sexual en una de las dos partes?

Como decíamos antes, es una relación frustrante para ambos. La persona que ama pero no desea puede sentirse culpable o que algo falla en ella, y la persona que ama y desea pero que no es deseada puede sentirse herida o sentir dañada su autoestima. La comunicación aquí vuelve a ser un factor fundamentar para ahuyentar culpas y reproches, y que se preserve el amor entre las personas. Sin embargo, difícilmente esa relación prosperará como relación de pareja. Si ambos no se desean al inicio de una relación, el deseo puede aparecer más tarde, sin duda, pero no es lo habitual. Al revés sí que puede pasar. Que dos personas se atraigan físicamente y que más tarde surja el amor.

 

Baltasar Santos

Psicólogo colegiado 18365.

 

 

 

 

 

 

Querer y amar.

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El principito nos enseña la diferencia entre amar y querer. Lee el capítulo, y luego comentamos.

-“Te amo” – dijo el principito…

-“Yo también te quiero” – dijo la rosa.

-“No es lo mismo” – respondió él… “Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía… Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados. Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro.

El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.

Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento. Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar.

Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no se puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.

Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de tí, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que, pase lo que pase, vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos. Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”

 -“Ya entendí” – dijo la rosa.

-“ No lo entiendas, vívelo” – agregó el principito.

(Antoine de Saint Exúpery, en “El Principito”)

Comentarios:

A menudo, cuando nos enamoramos pensamos, sentimos y decimos un “te quiero” con el convencimiento de que “querer a esa persona” es el mejor sentimiento. Sin embargo, cuando queremos a alguien y no nos corresponde de igual manera, la frustración y la tristeza nos hace sufrir.

El apego a las personas es algo maravilloso, pero hay formas de vivir ese apego que no son saludables. Querer es, en cierto modo, egoista, porque se centra en los sentimientos y necesidades de quien así siente. Querer a alguien que no te corresponde tiene un ciclo muy corto, lleno de frustración y sufrimiento, que nos agota y nos consume emocionalmente.   Sin embargo, cuando amamos, lo hacemos desinteresadamente, sin esperar nada a cambio, de forma libre, y deseando lo mejor para la otra persona.

Amar es aceptar a la persona como es, sabiendo que los sentimientos no se pueden forzar. Amar es intentar permanecer a su lado y regalarle trocitos de felicidad, que puede que algún día te vuelvan incrementados.

Tod@s pasamos por etapas en las que queremos y en las que amamos. Ambos son sentimientos positivos, con sus diferencias. Lo importante es no sufrir por ellos ni el sentimiento no es correspondido y respetar siempre la libertad de la otra persona para sentir sus propias emociones aunque no sean recíprocas con las nuestras.

Baltasar Santos.

Psicólogo. Actitud i Més

 

Dependencia emocional: ¿qué es? y ¿cómo vencerla?

La dependencia emocional es una de las razones por las que las personas más visitan al psicólogo. Pero, ¿qué es la dependencia emocional?

Podemos definir la dependencia emocional como una manera de vivir las relaciones afectivas, de forma que éstas están completamente desequilibradas en base a que la persona dependiente se somete, idealiza y magnifica al otro. Para el dependiente esta situación afecta de forma negativa a su autoestima, y a su salud física y/o mental. Pese al malestar y al sufrimiento que la relación les causa se sienten incapaces de dejarla, siendo nulos los intentos de dejar la relación. La dependencia emocional conlleva un intenso miedo a la soledad y pánico a la ruptura, que en caso de producirse conduce a la vivencia del síndrome de abstinencia: con intensos deseos de retomar la relación pese a lo dolorosa que esta haya sido, pensamientos obsesivos, y síntomas de ansiedad y depresión, los cuales desaparecen de forma inmediata en caso de reanudarse la relación o comenzar una nueva que sustituya la anterior.

Los dependientes emocionales tienen una necesidad excesiva de afecto y de ser queridos y tratarán de conseguir este afecto a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. Muestran una clara resistencia a perder la fuente de seguridad y afecto que constituye su pareja. Son frecuentes las distorsiones cognitivas como el autoengaño y la negación de información que le proporciona su entorno. Poco a poco estas relaciones tan destructivas se van fortaleciendo, de modo que al sujeto le resulta cada vez más difícil salir de ellas.

Cuando las personas emocionalmente dependientes emocionalmente tienen una relación de pareja con una persona excesivamente controladora, narcisista o sádica, se incrementa el desequilibrio de la pareja hasta el punto de que pudieran llegar a darse malos tratos psicológicos y/o físicos que el dependiente emocionalmente no sabría afrontar de otro modo que asumiendo su propia culpa.

Sin llegar a ese extremo, no son infrecuentes las relaciones de pareja basadas en la dependencia emocional de uno de los miembros de la pareja, más frecuentemente, pero no sólo, mujeres.

¿Qué hacer?

1. RECONOCER QUE HAY UN PROBLEMA

El primer paso, siempre es analizar y reconocer que existe un problema.

-Tu felicidad se centra en una sola persona. No disfrutas de nada que no sea estar con la persona a la que amas.

-Tu alegría y tu tristeza están en manos de esa persona. Si te sientes amada, todo es perfecto, y si te rechaza, todo es horrible. Dependes de tu pareja para estar bien o mal.

– Evitas a toda costa llevarle la contraria para evitar conflictos y discusiones porque te invade el temor a molestar o a ser rechazada.

– Antepones el deseo de tu pareja al tuyo propio. Vives como si tu vida estuviera controlada por las decisiones que toma tu pareja.

– Sólo te sientes bien contigo misma si te sientes querida. Si no es así, no puedes disfrutar de las otras facetas de tu vida. Cuando estás sola, te deprimes, tu autoestima baja y no eres capaz de disfrutar de la vida.

– Cuando las cosas van mal en la relación, lo atribuyes a tu culpa o responsabilidad.

– Confundes tu felicidad con la de tu pareja. A menudo renuncias a cosas que te hacen feliz en beneficio de tu pareja.

-Prefieres sufrir, antes que dejar a la persona a la que estás enganchada. Crees que no tienes la fortaleza suficiente para salir adelante sin esa persona a la que quieres.

-Necesitas al otro. Estás con él por necesidad, pero no por verdadero amor.

-Tu pareja se convierte en el epicentro de todo lo que pasa en tu vida, hasta el punto que conviertes sus amistades, su familia, su trabajo y sus aficiones, en las tuyas propias, abandonando o renunciando a las que son de verdad propias.

-La ruptura se vive con una gran ansiedad porque consideramos que es una catástrofe la vida sin esa persona.

2. HAZ UN LISTADO DE COSAS QUE TE PERJUDICAN DE TU PAREJA Y DE COSAS QUE HAS HECHO POR AMOR O CARIÑO

Si quieres eliminar la dependencia emocional de tu vida, empieza a hacer un listado de cosas que has llegado a hacer por tu pareja (o ex pareja), y que a ti te perjudicaban. Date cuenta de las cosas que has hecho por él sin tener en cuenta tu propio bienestar personal, y a partir de ahora priorízate a tí lo primero.

Piensa en todas esas cosas que tu ex-pareja hacía y que te han perjudicado. Piensa en aquéllas cosas que a tí no te gustaban pero que has hecho por él, para contentarle o para no perderle. Quizás has dejado de lado a tu familia, a tus amigos, tus actividades, tu trabajo?. Piensa si esa persona te ha tratado con el respeto que te mereces. ¿Sientes que le has mendigado amor?. Es muy importante que te des cuenta del sufrimiento que has experimentado. Piensa en todo lo negativo que te ha traído esa relación y de esta manera reforzarás tus ganas de cambiar y de eliminar la dependencia emocional.

3. QUIÉRETE A TI MISMA PARA PODER SER QUERIDA POR OTRA PERSONA.

La dependencia emocional acostumbra a ir acompañada de una evidente falta de autoestima. Valora todo lo bueno que hay en tí, tus fortalezas. Persigue tus sueños, y sé consciente de los objetivos que has alcanzado en tu vida al margen de esa persona. Sólo si te quieres a tí misma podrás ser querida de verdad por otra persona, a la que podrás amar sinceramente y no por necesidad.

Siéntete satisfecha viviendo sóla, siendo consciente de los éxitos que vas alcanzando. Diseña una rutina de actividades y llena tu tiempo con tus obligaciones, pero también con tus aficiones, relaciones de amistad, etc. Desarrolla tus habilidades, labra tu futuro, dedícate tiempo, mira a tu alrededor para disfrutar de las pequeñas cosas, y sobre todo cuídate y quiérete como mereces.

Comunicación asertiva en pareja.

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Uno de los aspectos más degradados en las relaciones de pareja devaluadas es, sin duda, la comunicación.

Cualquier intercambio comunicativo sirve de excusa para gritar, “tirar dardos envenenados”, o agredir verbalmente.  En esos momentos nos parece imposible decir lo que pensamos sobre tal o cual cosa sin acabar a grito pelado.

Además de la gestión de las emociones (y de la ira), es fundamental que las conversaciones con nuestra pareja se basen en proposiciones argumentadas y no en discusiones o debates. Las discusiones o debates se centran en la pelea de ¿quién lleva la razón? con lo que la contraposición de ideas en personas no habituadas a discutir o debatir racionalmente acabe como el rosario de la Aurora.  En cambio, si no contraponemos las ideas y nos limitamos a PROPONER sin exigir que nuestra proposición sea aceptada, estaremos en condiciones de abordar otros elementos importantes para la comunicación como son la escucha activa, el feedback y la empatia.  Aprender a comunicarse es mejorar la relación de pareja.

¿cómo influyen las discusiones de los padres en los hijos?

niño tristeEs importante normalizar los desencuentros en la pareja. Las desaveniencias conyugales es algo que hay que ver como “normal” desde el momento en que entendemos que las relaciones entre personas tienen puntos de acuerdo, pero también puntos de desencuentro. El mito de la “media naranja” no es más que eso… un mito.  Cada persona tiene una historia detrás, unas experiencias, una familia, unos amigos, unos éxitos y unos fracasos que han marcado decisivamente una determinada manera de relacionarse con los demás, incluyendo la pareja.  Lo importante no es que existan conflictos sino cómo se abordan los conflictos.

Es a la hora de abordar los conflictos conyugales cuando se descubre el estilo de comunicación y de afrontamiento de los problemas existente en una pareja. Los reproches, las generalizaciones y los estilos de comunicación pasivo-agresiva están a la orden del día.  Cuando las discusiones, las discrepancias de pareceres exceden los umbrales de la buena educación, la escucha activa y el debate, a menudo nos encontramos con gritos, faltas de respeto, llantos o “te dejo de hablar”. ¿cómo influye todo eso en los hijos?.

Para empezar, los hijos, por pequeños que sean no son ajenos a las discusiones. Pueden no entender el contenido de la discusión, pero entienden que existe una discusión. Cuando los niños ven que sus dos referentes discuten pueden tener lugar varias consecuencias, a corto y largo plazo, puesto que de ser frecuentes, marcarán la forma en que el niño se relacionará con los demás en el futuro.

  • Los niños se desorientan. Si Papá y Mamá lanzan mensajes diferentes y no sabe a quién hacer caso. Las discusiones entre los padres crean un estado de indefensión en el niño, puesto que se ve impotente para evitar que sus dos referencias más importantes discutan. El mundo interno del niño tiembla. 
  • Los niños aprenden pautas de relación. Si papá y Mamá se gritan, el niño aprende a gritar en caso de desacuerdo. Más tarde, el grito puede convertirse en agresión, en hacer valer su argumento por la vía de la imposición o de la fuerza.  Si los papás debaten, el niño aprenderá a dialogar como mecanismo de afrontamiento de los conflictos.
  • Si los papás lloran, el niño aprenderá a descargar emocionalmente mediante el llanto.
  • Si los papás se dejan de hablar, el niño aprende que el silencio y el ignorar a la otra persona es un modo de resolver problemas.

Hace poco unos padres me explicaban que se habían dejado de hablar durante 1 mes, pero que sin embargo, cada uno de ellos individualmente había mejorado la relación con las hijas: “durante ese mes la relación con mis hijas era como una balsa… eran obedientes, se portaban bien….”.  ¿Por qué cambian las hijas en su comportamiento?. Pues una posibilidad muy probable es que las niñas crean tener cierta responsabilidad en las discusiones de los padres; ¡culpa!, y por ello hacen lo posible para no irritar a los padres.  También puede generarse miedo: que las niñas sientan miedo ante la posibilidad de que sus progenitores les dejen también de hablar a ellas cuando no hacen las cosas bien.

En cualquier caso, INDEFENSIÓN, CULPA y MIEDO son palabras mayores para cualquier persona, y máxime para un menor, en pleno desarrollo de sus esquemas de razonamiento y relación.

Conclusión: la discusión entre los padres es normal, pero hay que aprender a no enviar mensajes contradictorios a los hijos, afrontar las discrepancias de forma civilizada (cualquiera que sea el motivo de discusión), y por supuesto, nunca discutir ni delante de los hijos, ni dejar que visibilizen u oigan la discusión o sufran las consecuencias de una comunicación pasivo agresiva y de unas emociones paternas y maternas mal gestionadas.

En cambio, aprender a gestionar las discrepancias y los conflictos de forma asertiva y constructiva es uno de las mejores enseñanzas que se le pueden inculcar a un niño. 

 

 

 

 

¿Qué haces más cuando hablas con tu pareja: Refuerzas o reprochas?

Las buenas relaciones de pareja se fundamentan en una comunicación mutuamente reforzante y en la que ambos miembros de la pareja se expresan alabanzas sinceras y se dan premios emocionales. En las malas relaciones, la comunicación se fundamenta en el reproche continuo.

Una de los temas vitales para el futuro de una relación de pareja es la comunicación. La rutina y la costumbre provoca que la comunicación de la pareja se deteriore mucho. En ocasiones, no es deterioro sino que nunca fue buena, pero las deficiencias de la comunicación quedaban tapadas por otros aspectos importantes en la evolución de una pareja: la novedad, el sexo, las actividades, los planes en común. Al desaparecer éstos ocurre que las deficiencias en la comunicación cobren un papel crucial para la relación.

Sin entrar en los casos más extremos de falta de respeto entre los miembros de una pareja (gritos, insultos, amenazas…), existe una categoría de casos, mucho más extensa, en la que aún existiendo aparente armonía y civilización en la pareja, los intercambios comunicativos adquieren una tonalidad negativa. Hay quien habla de la “pérdida de complicidad”, y hay quien achaca el debilitamiento de la relación a circunstancias externas: p eg. “es que desde que salió de aquel trabajo se ha vuelto muy irascible”, Lo que ocurre normalmente, es que se refuerza poco o nada a tu pareja, por lo que ella no se siente ni entendida ni valorada, y se reprocha muy rápidamente. Al mismo tiempo, se dan conductas de búsqueda de “pistas” para pillar a tu pareja en algún error, y tener la posibilidad de reprochar.

Si lo que quiere una pareja es recuperar sensaciones, deben eliminarse las barreras en la comunicación que existan, entre ellas los elementos de comunicación pasivo-agresiva, y favorecer el refuerzo mutuo, y la comprensión ante los errores o las diferencias de apreciación. Las personas buscamos aquello que nos refuerza positivamente, y huímos del castigo y los reproches. ¿Qué mejor estrategia para una pareja que practicar el refuerzo y la comprensión mutuas?