No tengas miedo: “aplaza” tu impulsividad.

La impulsividad puede mostrarse en forma de conductas inapropiadas, enfados excesivos, agresividad e ira. Si quieres comportarte así ¡adelante!, pero hazlo mañana, una vez hayas sopesado los pros y contras de tal conducta,

¿Actúas de forma impulsiva?. ¿La impulsividad te lleva a tomar decisiones equivocadas?. Es lógico. Si actúas impulsivamente tus decisiones se basan en muy pocos datos.

En este post hablamos de los beneficios de “aplazar” la impulsividad.

Las decisiones que tomamos en la vida se basan en razonamientos previos. Mediante esos razonamientos, las personas tomamos las decisiones que creemos mejores para conseguir nuestros objetivos, para satisfacer nuestros intereses.

Cuando actúamos impulsivamente, lo que realmente hacemos es actuar sólo bajo la influencia de las emociones, pero dejamos a un lado, el razonamiento lógico, el razonamiento analógico, la construcción de escenarios… en definitiva, decidimos cosas sin pararnos a pensar.

 

Decidir impulsivamente no es actuar por intuición. La impulsividad ha estado equivocadamente unida a un cierto pensamiento romántico basada en una idea (irracional) que nos dice que actuar por impulsos es dejarse llevar por el destino. El problema es que el “destino” es una invención del hombre para definir aquellas cosas que nos pasan cuando no hemos planificado, ni razonado anteriormente, por lo que las probabilidades de que el destino nos depare unas consecuencias positivas se reducen notablemente.

Si nos dejamos llevar por las emociones, observaremos que el miedo es una de las fundamentales. El miedo a veces nos paraliza, pero otras…hace que nos lancemos de golpe a la piscina, sin mirar primero si hay agua. La buena notícia es que si nos fijamos un poquito, podremos saber cuándo estamos a punto de tomar una decisión basada en el miedo de forma impulsiva, ya que existen algunos signos observables de su presencia:  se acelera la respiración, tenemos un cierto estado de inquietud, nos preocupamos excesivamente, pasamos de 0 a 100 en milésimas de segundo.

Otra buena noticia es que sólo hay unas pocas situaciones en la vida que nos obliguen a actuar de forma impulsiva, como por ejemplo, si nos encontramos delante de un león que está a punto de atacarnos, o si estamos ante un asesino que pretende descuartizarnos.  Esas serían buenas razones para actuar deprisa. El resto de situaciones de la vida en las que actúamos de forma impulsiva realmente debemos afrontarlas con algo más de reflexión.

Cuando observes estos signos, detente 5 minutos: respira profundamente 10 veces haciendo que tu expiración dure el doble de tiempo que tu inspiración. Céntrate sólo en la respiración, y en el momento presente. Observa tu respiración como si tuvieras que hacer un trabajo después en el que tuvieras que describirla.

Cuando acabes ese ejercicio, piensa en el problema sobre el que quieres actuar e imagina las consecuencias de cada una de las posibles decisiones que puedes tomar. Toma tu decisión evaluando los pros y contras. Verás que el destino te sonríe más que antes.

 

Celos “bestiales”

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Los celos no son una emoción únicamente humana, tal y como ha demostrado un estudio de dos científicas de la Universidad de San Diego (UCSan Diego), en EE.UU. En efecto, mediante su experimento, han demostrado que los perros experimentan celos cuando sus dueños muestran afecto hacia un perro de peluche, al que perciben como un rival. Los que convivimos con perros ya lo sabíamos, pero ahora queda científicamente probado.

¿Por qué se dan los celos?: tanto en humanos como en canes existe un instinto innato de supervivencia, que nos hace ser competitivos ante otros miembros de nuestra especie. Las relaciones sociales importantes (las materno-filiales, amistades, o a de pareja) nos satisfacen algunas de las necesidades consideradas básicas tanto en perros como humanos: las de alimentación y cuidado, las afectivas y las sexuales. Cualquier competidor puede poner en serio riesgo la satisfacción de estas necesidades básicas. Nuestra reacción es la activación del sistema nervioso simpático ante lo que consideramos una amenaza, y por ello, reaccionamos con una activación vegetativa exagerada, y en muchas ocasiones con agresividad (los celos son la tercera causa de homicidios).

Sin embargo, lo que encontramos curioso e incluso divertido en nuestras mascotas caninas, porque consideramos sus celos como una señal de cariño hacia nosotros, no lo es tanto en los celos humanos.

Aunque hay hombres y mujeres que perciben en los celos de su pareja una señal de amor, la gran mayoría de personas que conviven con parejas altamente celosas perciben que los celos son señal de desconfianza y de egoismo de una persona que se cree propietaria del afecto. Aunque no existen datos acerca del índice de rupturas que se deben a los celos, sí que podemos afirmar que en todas las parejas en las que se manifiesta de manera recurrente los celos, los interrogatorios, la desconfianza, y en ocasiones, el espionaje (whatsapp, agendas, correos…), la relación de pareja se deteriora.

¿Cómo hacer frente a los celos? Los celos esconden un miedo a la pérdida de un ser querido y de las necesidades que nos satisface. Para intentar sentirse seguros, las personas celosas proceden a un ritual de pesquisas e interrogatorios encaminados a “descubrir” cualquier indicio de infidelidad en las parejas. A menudo, las parejas acceden (con desagrado) a colaborar en tales pesquisas, ofreciendo respuestas detalladas de lo que se ha hecho durante el día, con el objeto de aplacar los celos de su pareja. Sin embargo, mediante esta acción no se consigue nada más que “mantener e incrementar” los celos, y acostumbrar a la pareja celosa a seguir preguntando e interrogando cada vez que en su mente se construye una mórbida idea celosa.

Lo mejor que se puede hacer obviamente es acudir a tu psicólogo de referencia para intentar trabajar aspectos como la confianza, la autoestima, el respeto, la comunicación y poner en cuestión creencias irracionales y mitos socialmente construídos sobre la vida en pareja. Además de ello, se debe proceder a una “extinción” de la conducta del sujeto celoso (la interrogación, el continuo cuestionamiento,…), que se consigue cuando el celoso no puede obtener la seguridad que necesita, cuando la pareja se niega a detallar su agenda, sus contactos y sus actividades diarias. Obviamente, esta negativa es dura para la persona celosa, pero con la repetición de esta secuencia, aprende a no buscar seguridad sobre su pareja en la “investigación”, algo que sin duda agradecen enormemente las parejas de las personas celosas.

Es evidente, que paralelamente hay que ayudar al celoso a aplacar su ideación fantástica proporcionando seguridad en si mismo/a, autoestima, y comprensión acerca de las relaciones afectivas.

¿Te atreves a descelarte?

Tres obligaciones que nos hacen infelices.

autoexigenciasUna de las claves para alcanzar el equilibrio emocional es deshacerse de todas esas creencias “irracionales” que manifestamos en forma de autoexigencias o “debería”.

La primera de ellas es “debo hacer las cosas bien“. No existe ninguna ley natural que nos obligue a hacer las cosas bien. ¿Es preferible hacerlas bien?. Por supuesto…pero veámoslo como una preferencia y no como una exigencia, y de esta forma no nos culpabilizaremos ni a nosotros ni a los demás de nuestros errores. Errar es tan humano como aprender de los errores. De hecho, analizar y aprender de nuestros errores es lo único que debería convertirse en una exigencia, pero en modo alguno “tener que hacer las cosas bien”. Tal exigencia irracional normalmente la acompañamos de frases auto-saboteadoras como “no hago nada bien”, “nada me sale bien”, “que torpe soy”. Extirpar de nuestra mente la autoexigencia y el diálogo interno negativo es un primer paso.

La segunda exigencia o creencia irracional es “deben tratarme bien“. Esta exigencia se basa en una hipótesis improbable: “si todo el mundo me conociera como yo me conozco, sabrían que soy una buena persona, y me tratarían bien por ello”.  Como todos ustedes sabrán: nadie nos conoce como nosotros mismos lo hacemos, y aunque no fuera así, nadie ni nada obliga a que le caigamos bien a los demás, o que les guste todo lo que hacemos o decimos. De hecho, lo más normal es que haya gente a la que le caigamos bien, y gente a la que les caigamos mal. Pero además, aunque sería preferible que los demás nos traten bien, no se puede convertir en una exigencia, puesto que escapa a nuestro control. Más del 90% de mis clientes en consulta manifiestan que hacen cosas para caer bien y que los demás les traten bien. En lugar de eso: ¿qué tal si tratamos bien a los demás, sin esperar correspondencia? ¿qué tal si nos comportamos como somos realmente, y entendemos que no a todos les vamos a caer bien?. ¿qué pasa si no nos tratan bien?, ¿Es eso un desastre?. Absolutamente NO!: Esas personas pierden la posibilidad de conocer lo especiales que somos, y deben aprender de sus errores, pero nosotros hemos de seguir firmes en nuestro camino de autoconocimiento y desarrollo personal.

La tercera exigencia o creencia irracional es “Debo tener una vida fácil“. Normalmente, atribuímos a la mala suerte, a los demás o a nosotros mismos, el tener una vida cargada de complicaciones. La clave está en dividir qué cosas podemos hacer nosotros para que la vida sea más dulce en el futuro inmediato, sin perder de vista que todo no depende de nosotros. La vida está llena de cosas buenas que coexisten con otras malas. Las buenas hemos de disfrutarlas y de las malas hemos de aprender. Nuevamente, podemos manifestar esa idea en formato de preferencia: “preferiría que mi vida (o el mundo) fuera más fácil” pero jamás como exigencia, porque en ese caso siempre nos sentiremos defraudados y decepcionados por algo que es irreal. La vida y el mundo perfectos son aquellos en los que adquirimos la sabiduría necesaria para saber cuando debemos luchar para cambiar las cosas, y cuando debemos aceptar las cosas tal y como vienen.

Convierte tus “tengo que” y tus “debería” en preferencias. Vivirás más y mejor.

Baltasar Santos

 

 

 

 

 

Escuchemos a nuestras emociones

Podemos afirmar que las emociones positivas son nuestras mejores amigas y que debemos escucharlas, al tiempo que hacemos caso omiso de las emociones negativas como la ira o la rabia, que nos podrían llevar al desastre, la enfermedad o la muerte. Sin embargo, ¿sabemos exactamente cuándo nos sentimos culpables , temerosos , solos o felices?

Cuando somos capaces de identificar las señales que nos transmiten las emociones, éstas son capaces de ayudarnos a  tomar decisiones. Resulta genial gestionar adecuadamente nuestras emociones, tanto las positivas como las negativas, porque todas ellas son valiosas y nos indican algo que es importante para nosotros.

Emociones  como la ira nos hacen comportarnos negativamente porque tendemos a mantenerlas dentro, o a expulsarlas fuera “de golpe y porrazo”.  Cuando tenemos una emoción dentro de nosotros , con el tiempo , tiende a crecer en fuerza y ​​poder. Así, ” la ira ” puede convertirse en ” el odio”, ” furia ” y “violencia” .

Cuando tratamos de ” no sentir ” una emoción que se avecina , o ” No queremos estar enfadados” o “celosos”, estamos intentando meter esa ira dentro de nosotros, igual que si acumulásemos gases y más gases en nuestra propia casa.  Finalmente, todo explota… así que porqué ir acumulando emociones negativas? por qué acumulamos gases?.

¿Cuántos de nosotros hemos prometido que no nos vamos a enojar en una situación particular, y terminamos estallando en cólera?. Está claro que no tenemos que “aguantar” para luego “perder el control”, y sentirnos culpables con frases como “”No pude evitarlo. Mi rabia se hizo cargo y no pude detenerla ” .

La ira, los celos, y otras emociones negativas, toman las riendas de nuestra conducta cuando intentamos detenerlas. En cambio, si nos permitimos reconocer la emoción, experimentándola  y, seguidamente,  trabajamos en ella… seremos capaces de liberarla sin mayores daños.

Hemos de ver las emociones como nuestras aliadas. Simplemente están tratando de decirnos algo, de hacernos prestar atención a algo.  Identificarlas a tiempo es el inicio de un gran aprendizaje que nos lleva a comunicarnos mejor con nosotros mismos y con los otros.

Si somos capaces de identificar las señales que acompañan a la emoción de sentirse sólo, podremos hacer cambios en nuestras vidas para cambiar esa energía negativa en algo positivo: por ejemplo, podemos pedir un abrazo , disfrutar de algo que levanta el ánimo a través de la música, la lectura, o dar un paseo por el campo.  Tan pronto como lo hacemos, dejamos de sentirse solos.

Baltasar Santos