Más allá de la felicidad

He visto la película “En Busca de la Felicidad” más de veinte veces. En mis cursos es un material didáctico más que sirve para entender e ilustrar conceptos muy repetidos pero poco ejemplificados, como por ejemplo, la resiliencia, el esfuerzo, la motivación interna y externa y el autoempoderamiento, entre otros conceptos.

Pero para mí, la película protagonizada por Will Smith plantea una cuestión sobre la que debemos reflexionar: “¿Es la felicidad lo mejor que nos puede pasar?”. La respuesta es No. Es mucho más interesante dotar a tu vida de un sentido, de un significado, porque la felicidad, o como mínimo, la felicidad entendida desde una perspectiva muy generalizada, va acompañada, en muchas ocasiones, de hechos agradables y de la ausencia de momentos dramáticos. Hay personas felices que se suicidan.

En la última década se ha incrementado notablemente el número de suicidios hasta convertirse en la primera causa de muerte. Es un secreto a voces, ocultado para que no cunda el pánico, pero es una realidad. Si las personas que se han suicidado encontraran el sentido de la vida, aquél hilo conductor que nos hace ser quién somos y cuyo propósito está definido, seguramente no se habrían suicidado. Objetivamente vivimos con mayor confort que nuestros antepasados, pero sin embargo, por el camino vivimos una vida automática y autómata que nos deja al pairo de que los vientos que soplen nos favorezcan o no.

Definir el sentido de nuestras vidas se hace a través de la construcción de 4 pilares básicos:

  • Sentido de pertenencia
  • Un propósito
  • Trascendencia
  • Una narrativa amable

Sentido de pertenencia es la base sobre la que asentar nuestra vida.

Definimos sentido de pertenencia como un conjunto de factores que nos demuestran que formamos parte de grupos sociales, de una comunidad. Nuestra sociedad occidental ha olvidado la importancia de los encuentros con amigos y familiares. Hemos olvidado saludar a las caras conocidas por la calle aunque no les conozcamos en profundidad. Hemos olvidado aceptar favores y los rechazamos como un signo de autosuficiencia. Hemos olvidado charlar con el dependiente de la tienda sobre el tiempo. Siendo una sociedad la nuestra, con tantos avances, hay más gente en soledad que nunca. Y no se trata de una soledad física, sino de una soledad mental que nos hace sentirnos indefensos y a merced de las circunstancias.

Es fundamental recuperar nuestra esencia humana en las relaciones sociales. Es fundamental identificar el grupo al que pertenecemos, conocer a tus pares y pasar tiempo con ellos. Ese sentido de pertenencia es el primero de los pilares sobre los que se asienta el sentido de la vida.

Tener un propósito significa contribuír con algo a nuestra comunidad.

Es de todos conocidos que la mayoría de nosotros desarrollamos un trabajo que se convierte en un propósito vital. Esa es la razón, por la cual, cuando perdemos el empleo o cuando nos jubilamos nos sentimos muy perdidos. Además de la disminución de los recursos económicos, subyace un sentimiento de incapacidad que puede degenerar en una depresión o en otros.

Encontrar el propósito de nuestras vidas va más allá de nuestros empleos. Somos personas capaces para muchas cosas y especialmente buenos en otras. Cada uno de nosotros puede contribuir con sus ideas, con su esfuerzo o con su arte a la comunidad, satisfaciendo la necesidad que otras personas tienen.

Ayudar a los demás en algo es un lindo propósito que nos permitirá afianzar nuestra vida como algo útil para nosotros mismos y para otras personas.

Trascendencia

Nuestras vidas son importantes, y su importancia radica en la simple existencia, sin mayor exigencia. Durante la vida olvidamos las cosas importantes y nos centramos en cuestiones irrelevantes desde el punto de vista del universo. Recuperemos una visión propia mucho más positiva y que, formando parte de una comunidad y habiendo definido un propósito claro para nuestras vidas, nos permita darnos cuenta de la importancia de nuestros actos en el entorno en el que vivimos.

Sentirse parte indisociable del universo, de la naturaleza y en contacto con ella, nos ayuda a relativizar los problemas y preocupaciones que nos abordan en nuestras vidas y afrontarlos con una actitud realista más positiva.

Nuestra Storytelling es la historia de nuestra propia evolución como individuos.

Nuestra vida es mucho más que una simple sucesión de hechos y acontecimientos; es sobre todo, una evolución, un viaje en el que adquirimos experiencias y conocimientos que nos hacen ser, a cada momento, nuestra mejor versión.  Atribuir las cosas malas que nos ocurren a los otros, nos sitúa en una espiral de odio o de victimismo. Atribuirnos las cosas malas a nosotros mismos nos sitúa en un escenario en que nos autosaboteamos con pensamientos y culpas de forma inútil, y deteriorando nuestra autoestima.

Es importantísimo olvidar las etiquetas que otros nos han puesto y que nos hemos creído. Somos nosotros mismos quienes tenemos la obligación de encontrar el relato de nuestra vida. El sentido que demos a las experiencias de nuestro pasado influirá notablemente en nuestras experiencias futuras y en las expectativas que sobre ellas vertimos.  Hemos de definir nuestro presente a partir del conocimiento que hemos adquirido en el pasado, siendo plenamente conscientes de que ese presente es modificable siempre, y que nuestro futuro no solo vendrá indudablemente, sino que además lo podemos construir de forma consciente y planificada.

Nuestra historia personal es la que ha hecho de nosotros lo que somos y lo que ofrecemos a los demás. Tras un accidente grave puedo interpretarlo como una conjunción de calamidades, o puedo interpretarlo como una señal de advertencia para cambiar de actitud en algunas circunstancias y centrar mi atención y mi conciencia en lo realmente importante de la vida: que tenga sentido.

Para ello, quizás deberemos buscar ese tiempo de privacidad en la que no estás con nadie más, sino contigo mismo. Ese tiempo de autocomprensión nos permitirá acabar de concretar el sentido que dotemos a nuestra vida.

Conclusión

En la vida hay algo aún más importante que la felicidad, y ese algo es que la vida tenga sentido, que tenga significado: sentido de pertenencia, un propósito, trascendencia y tu propia narrativa son los 4 pilares sobre los que se asienta una vida con sentido.El amor, la solidaridad, la responsabidad y la coherencia son conceptos que debemos poner en práctica con mucha mayor frecuencia.

Baltasar Santos

Psicólogo

 

 

La técnica de la Silla Vacía

y de repente, la silla vacía

¿En qué consiste la técnica de la silla vacía?

La Técnica de la silla vacía es una técnica empleada en psicología. Aunque en un principio es una técnica muy trabajada dentro de la psicoterapia y más concretamente dentro del psicoanálisis y la terapia Gestalt, hoy su utilización está muy generalizada a otras corrientes psicologicas.

En Actitud i Més utilizo esta técnica para crear un diálogo entre el paciente y un ser que no existen, que puede ser la propia personalidad del individuo o bien una persona fallecida o que forma parte de nuestro pasado, o bien para recrear una situación conflictiva del pasado o una situación temida del futuro.

La Técnica de la silla vacía transforma la sesión de terapia en una situación ficticia. Nos permite conectarnos emocionalmente con nuestra propia experiencia para integrarla en nuestra vida, permitiendo que se desbloqueen algunas emociones que van a permitir que el paciente avance hacia su equilibrio y bienestar.

Durante la sesión, lo que se hace en todos los casos es hacer que el paciente cambie de silla, que asuma otro rol, para ver los acontecimientos desde otra perspectiva. Por ello, además de las dos sillas habituales utilizadas en el despacho de la consulta, se añade una tercera silla en la que la persona es inducida a imaginar que alguien o algo está sentado allí, para luego dirigirse a ella como si realmente estuviese presente.

Inicialmente, la persona proyecta una parte de su personalidad, una persona ausente, un sentimiento o una situación determinada con la que mantiene un conflicto,  para dar paso a un diálogo. Después, el paciente pasará a ocupar la silla vacía cambiando así de perspectiva. De esta forma, el intercambio de roles y de sillas favorece un diálogo que permite desbloquear aspectos que impiden al paciente avanzar en su bienestar.

Trabajando una situación o acontecimiento significativo para el paciente.

La técnica de la silla vacía permite trabajar sobre un acontecimiento que ha marcado a la persona alterando su vida de manera significativa. Una situación traumática como por ejemplo, un fallecimiento, un abuso sexual, una agresión o un despido laboral pueden ser situaciones sometidas a análisis por medio de esta técnica.

A través del contacto con las emociones y pensamientos que se evocan sobre esa situación pasada, la persona logrará expresar aquello que no pudo expresar entonces, y de esta forma, dará un significado diferente al hecho traumático, y descubrirá nuevas formas de afrontar y responder ante tal situación.

Trabajando el duelo ante una separación o fallecimiento

Por medio de la imaginación, la persona evoca a una persona que ya no está presente en el entorno actual del paciente, pero que sigue ocupando un lugar importante en su mente.  Este ejercicio permite que la persona se dirija directamente a esa persona imaginaria que ocupa la silla, transmitiéndole en el presente todas las emociones que le hizo sentir en el pasado y en la actualidad. El objetivo es lograr un efecto catártico.

Especialmente interesante es la situación imaginaria en la que la persona evocada es uno mismo, en el pasado o en el futuro.

Trabajando la silla como un espejo de la propia personalidad

En este caso, el paciente proyecta en la silla diferentes aspectos de su propio YO: necesidades, miedos, inseguridades, sentimientos, incapacidades, sentimientos, etc.  Cuando la persona proyecta aspectos de su propia personalidad en la silla vacía, le permite verse como un observador externo, descubriendo una visión más imparcial de si misma, y favoreciendo su autoaceptación incondicional.

Beneficios de la técnica de la silla vacía:

La técnica de la silla vacía puede ser de gran utilidad para:

  • Expresarnos y beneficiarnos de un cambio de perspectiva.
  • Distanciarnos y/o aprender a relacionarnos de otra manera con personas, situaciones o aspectos de nuestra personalidad que nos resultan difíciles.
  • Encontrar recursos internos y estrategias de afrontamiento que nos permitan desbloquear conflictos.
  • Descubrir nuestra capacidad de análisis, de introspección y de autosanación.
  • Descubrir la potencia del diálogo por encima del enfrentamiento o la negación.
  • Autoaceptarnos y/o aceptar las situaciones o personas que nos evocan un conflicto.
  • Centrarnos en el presente extrayendo las lecciones adecuadas del pasado.

Conclusión

La técnica de la silla vacía consiste en establecer un diálogo con un estímulo que nos produce malestar, que no aceptamos, o que nos sigue provocando emociones de ira, odio, tristeza o indefensión.  El objetivo es dialogar con lo que nos produce malestar, y explorar y manifestar lo que sentimos y cómo lo sentimos para convivir de forma más equilibrada y saludable con las experiencias negativas que nos ocurren.

Baltasar Santos

Psicólogo

¿Te sientes mal por sentirte mal?

observayentiende

En nuestra sociedad parece que esté mal visto no estar siempre animado o de buen humor. De hecho, cuando no estás animado ni de buen humor, siempre hay alguien que te lo recuerda, a veces para que te dés cuenta de que se ha dado cuenta, y otras veces, con la más sana de las intenciones de ayudarte a salir de ese estado.

Sin embargo, cuando no estamos al 100%, esa presión a la que nos someten o a la que nos sometemos, nos hace sentir todavía peor, sobretodo, cuando ese estado de ánimo no se debe a nada concreto, o que no somos capaces de identificar, o que no quieres que te afecte o cuando se debe a factores y circunstancias sobre las que no podemos actuar, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, reconocer y aceptar las emociones negativas (tristeza, resentimiento, etc) es beneficioso siempre que aceptes que tienes todo el derecho a sentirte mal. No queremos sentirnos mal ni de mal humor, pero si estamos en ese momento, lo mejor que podemos hacer es entender y aceptar esas emociones, sin juzgar si son o no exageradas, ridículas o fuera de lugar.

Efectivamente, según Iris Mauss, profesora de psicología e investigadora en un reciente estudio de la UC Berkeley, las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas mejoran sustancialmente su salud psicológica.

En efecto, la aceptación de emociones como la tristeza, el resentimiento, la melancolía, etc… sin luchar contra ellas o juzgarse por sentirlas, nos lleva a un autoconocimiento que hace mucho más fácil que no se repitan y que no nos estresemos o culpabilizemos por experimentarlas.

Tal y como hacemos con la práctica del mindfulness, entender nuestras propias reacciones negativas, es fundamental para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas son mucho más capaces de afrontar su estrés de forma adecuada.

Las emociones negativas son una reacción a algo que no nos gusta o que representa una amenaza. Por tanto, son necesarias y adaptativas. Sin embargo, una vez experimentadas podemos decidir quedarnos anclados en ellas o en cambio, entenderlas, no juzgarnos ni culparnos por experimentarlas, observar que son consecuencia de algo que no nos ha gustado y dejar que se marchen a los pocos minutos sin forzar.

Así que ya sabes. No te sientas mal por sentirte mal. Aprende de tus emociones negativas, que tienen mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.

Como dice Elsa Punset: “No es magia, es Inteligencia emocional”.

14+42 fobias raritas. ¿las conoces?

aerofobiaUna fobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo irracional a un estímulo (una situación, un objeto, un lugar, un insecto, etc.).

La persona que sufre una fobia hace todo lo posible por evitar ese estimulo que le provoca malestar, y esta conducta evitativa puede llegar a interferir en el funcionamiento normal de su vida diaria. Desde el miedo a los payasos hasta el miedo al número 13, existen muchas fobias extrañas e inexplicables.

Es precisamente esa evitación la que provoca que la fobia se mantenga en el tiempo. Cuando la fobia se produce hacia algún objeto o situación que no nos vamos a encontrar en nuestra vida (por ejemplo, fobia a viajar por el espacio, no pasa nada, porque no nos va a interferir en nuestra vida cotidiana). El problema viene cuando las fobias se dirigen a objetos o situaciones cotidianas.
Las técnicas de exposición y psicología cognitivo conductual han demostrado ser las más eficaces para vencer las fobias.

Te dejo aquí una lista con las fobias más raras. Si quieres contarnos alguna fobia rara, puedes dejar tu comentario.

Fobias raras:

Crometofobia o crematofobia: Fobia al dinero. Algunas personas sufren porque temen tocar el dinero, y contaminarse por la suciedad, bacterias o por las manos que han pasado. En otros casos, se rechaza el dinero y por eso la persona realiza acciones inconscientes para perderlo o no ganarlo.

Xantofobia: miedo al color amarillo. Cualquier cosa que contenga el color amarillo produce gran ansiedad a las personas que sufren este tipo de fobia. El sol, la pintura amarilla o inclusive la palabra ‘amarillo’, generan síntomas de ansiedad en el xantofóbico.

Turofobia: miedo al queso. Las personas que sufren turofobia no pueden ver ni oler un simple trozo de queso.Da igual el tipo de queso, les produce una sensación de malestar intenso.

Coulrofobia: miedo a los payasos. Rara…o ¿más frecuente de lo que creemos?. La imagen de un payaso produce pánico, miedo y angustia a la persona que sufre coulrofobia. ¿Tendrá la culpa el payaso de McDonalds?. Fuera bromas, las personas que lo padecen pueden sufrir grandes ataques de ansiedad.

Catisofobia: Miedo al acto de sentarse. Quienes tienen este problema sudan, tiemblan y hasta se ahogan cuando ven una silla en la que tienen que sentarse.

Hexakosioihexekontahexafobia (miedo al 666): También se conoce como “Thrihexafobia” y es el miedo extremo al número “666”. Todo lo que esté relacionado con este número, directa o indirectamente, causa una aprensión difícil de controlar.

Somnifobia: miedo a dormir. Esta fobia provoca un miedo irracional y excesivo ante el acto de dormir. Las personas que la sufren sienten pánico por pensar que mientras estarán durmiendo algo terrible les va a pasar, como por ejemplo, que dejarán de respirar y morirán. La causa puede ser también el miedo a tener pesadillas debido a haberlas sufrido de manera repetida con anterioridad. Obviamente, esta fobia está íntimamente ligada con el insomnio y con la alerta cortical.

Clinofobia: Una variante de la anterior, pero concretada en el miedo a irse a la cama. No sienten lo mismo si duermen en una silla o en un sofá.

Omfalofobia: miedo a tocar su propio ombligo o el de los demás. Estas personas tienen serios conflictos a la hora de bañarse por no poder mirar su ombligo ni tocarlo. Los síntomas fisiológicos que se presentan van desde la irritabilidad, las náuseas, mareos, vómitos, ira, así como una sensación de total impotencia.

Hipopotomonstrosesquipedaliofobia: Miedo a las palabras largas o a las palabras extrañas. El temor está referido al miedo a hacer el ridiculo al no entenderlas o saber pronunciarlas. Se asocia a la timidez.

Hilofobia: temor a los árboles. Se refiere al temor a los arbustos, los árboles y los bosques. Se suele desarrollar en niños pequeños, ya que se vincula con los bosques encantados, en los que se pueden encontrar brujas o monstruos malvados.

Triscaidecafobia: miedo al número 13. Los que sufren este trastorno de ansiedad evitan cualquier objeto o cosa que contenga el número 13.

Ablutofobia: Fobia al agua y al jabón. En los casos más extremos, estas personas pasan meses y hasta años sin bañarse. Sienten que el agua y el jabón podrían enfermarlas. De hecho, algunos creen que posible ahogarse bajo la ducha. Otros experimentan mucho miedo al sentirse húmedos. Lo que hay detrás de esto es, generalmente, una experiencia traumática asociada a la limpieza.

Uranofobia: miedo al paraíso y a la vida después de la muerte. Puede desarrollarse en creyentes que piensan que serán juzgados al fallecer. Esta es una de las fobias más raras y complejas de tratar, puesto que no es posible hacer una terapia de exposición.

Si te parecen raras, mira el siguiente listado:

Allodoxafobia: Miedo a las opiniones de los demás
Apeirofobia :Miedo al infinito
Araquibutirofobia: Miedo a las cáscaras de los cacahuetes
Autofobia :Miedo a uno mismo
Bogifobia :Miedo al hombre del saco, el monstruo del armario…
Cacofobia: Miedo a la gente fea o a la fealdad de uno mismo
Caliginefobia :Miedo a las chicas guapas
Chamainofobia: Miedo a Halloween
Cipridofobia :Miedo a las prostitutas
Colpofobia: Miedo a los genitales
Consecotaleofobia: Miedo a los palillos chinos
Cromatofobia: Miedo a los colores
Dextrofobia :Miedo a los objetos a la derecha del cuerpo
Eisoptrofobia: Miedo a los espejos
Epistemofobia: Miedo al saber y al conocimiento
Escatofobia :Miedo a los excrementos
Efebifobia: Miedo a los adolescentes
Escriptofobia :Miedo a escribir en público
Espermatofobia: Miedo al semen
Estasifobia: Miedo a estar de pie
Fagofobia :Miedo a comer
Falofobia: Miedo a una erección
Fronemofobia:Miedo a pensar
Genufobia: Miedo a las rodillas
Hagiofobia: Miedo a los santos e imágenes religiosas.
Hobofobia: Miedo a los vagabundos
Kinesofobia: Miedo al movimiento
Macrofobia: Miedo a las largas esperas
Micofobia: Miedo a las setas
Mixofobia: Miedo a juntarse con gente diferente
Negrofobia: Miedo a la gente de raza negra
Nostofobia: Miedo a volver a casa
Octofobia: Miedo al número 8
Optofobia :Miedo a abrir los ojos
Ostraconofobia: Miedo al marisco
Panofobia: Miedo a todo
Parascevedecatriafobia: Miedo al viernes 13
Rabdofobia :Miedo a las varitas mágicas
Sarmasofobia :Miedo a los juegos eróticos
Socerafobia :Miedo a los suegros
Tetrafobia :Miedo al número cuatro
Zeusofobia: Miedo a seres superiores, como dioses

Seguro que todos tenemos “trazas” de alguno de esos miedos irracionales. No tienen importancia si no se trata de fobias auténticas que nos paralizan y nos bloquean, y tampoco tienen importancia si no limitan nuestra vida diaria. En cambio, si se transforman en una obsesión o alteran nuestra rutina, hay que hacerles frente.

Aprovecha tu ansiedad

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El mejor truco para controlar tus nervios está en aprovechar la energía generada por la ansiedad y convertirlo en emoción. Descubre los tres pasos para conseguirlo.

Se aproxima la temida fecha en la que tienes que levantarte sobre el estrado y dar una charla frente a cientos de personas…y ya no te quedan uñas para morder. Tranquilo, estar nervioso es algo completamente natural e incluso positivo.

El truco está en saber controlar tus nervios y convertir la ansiedad en energía positiva. Te sorprendería el paso tan corto que hay entre nervios y emoción.

La próxima vez que tengas un examen, un evento importante, una presentación o una entrevista, prueba a poner en práctica las siguientes técnicas para reducir la ansiedad y verás como los nervios pueden incluso beneficiarnos. Todo está en como lo interpretes.

Primer paso – Respira profundamente: Antes de nada, si quieres reducir tus nervios tienes que respirar profundamente 3 veces. Cuando nos alteramos nuestro latido se acelera y no cogemos bien aire, por lo que nuestro cerebro detecta que algo va mal y activa el modo ansiedad. Respirar te ayudará a tranquilizarte y sentir los nervios sin necesidad de tener ansiedad.

Segundo paso – Controla tus emociones: Tú tienes el control de tu cuerpo y mente, así que gestiona tus emociones, no dejes que ellos te gestionen a ti. Aquí es cuando debes convertir los nervios en emoción: piensa contínuamente en lo emocionado que estás. “Estoy emocionado por compartir mis ideas con el público”; “estoy emocionado por aprobar este examen”; “estoy emocionado por conseguir este trabajo”. El miedo y la ansiedad pueden convertirse rápidamente en concentración y motivación.

Tercer paso – Aprovecha el exceso de energía: Presta atención a los gestos que haces cuando estás nervioso: aplaudir, saltar…y ponlos en práctica.

Intervención psicológica en atentados terroristas

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Objetivos de los Primeros Auxilios Psicológicos

  • Reducir el nivel de estrés causado por el atentado.
  • Fomentar que las personas puedan adaptarse a corto, medio o largo plazo después de los hechos.
  • Potenciar las estrategias de afrontamiento de las víctimas y afectados.

¿Dónde se aplican los Primeros Auxilios Psicológicos?

Los Primeros Auxilios Psicológicos se pueden aplicar en los centros que se establezcan para la recepción de familiares y afectados o centros de reagrupamiento o emergencias, incluso en el mismo lugar donde se han producido los atentados.

Los psicólogos o psicólogas intentarán encontrar un entorno tranquilo y cómodo para las personas dentro del caos inicial donde la desorientación es la protagonista.

¿Qué hace el psicólogo en los Primeros Auxilios Psicológicos?

  • Promover seguridad física y emocional.
  • Proporcionar calma y tranquilidad a la persona que acaba de vivir ese acontecimiento traumático.
  • Conectarlo con su red de apoyo personal.
  • Promover la auto eficacia.
  • Favorecer los procesos de afrontamiento psicológico.

¿Cómo lo hace?

En el momento en el que suceden los acontecimientos y el psicólogo o psicóloga comienza su labor, se inicia y efectúa una recogida de información de la situación y se trabaja con los demás profesionales que están en el lugar, adaptándose al plan de emergencias establecido por los responsables de la intervención, para coordinar sus acciones de la manera más rápida posible.

Después de planificar cómo se va a intervenir, el profesional de la psicología debe tener una gran concentración en el trabajo, ya que sus propias reacciones le darán a la víctima información sobre el control de la situación. Por tanto, el psicólogo ejerce de termómetro de la situación a las víctimas, y debe mantener y contener las propias emociones. La calma y seguridad en su trabajo  provoca la sensación de control de la víctima y la percepción de que los profesionales tienen todo bajo control. La clave es aportar certeza y apoyo en estas situaciones de incertidumbre.

Esta concentración del profesional no suele ser fácil, sobretodo cuando no se sabe si el ataque ha finalizado o qué está ocurriendo.

Fases en la intervención en los Primeros Auxilios Psicológicos

El psicólogo o psicóloga interviene en primer lugar con las personas que a su juicio lo necesitan de forma más urgente, que casi siempre son los colectivos más vulnerables como menores de edad y personas con discapacidad o ancianos. De una forma no intrusiva se inicia un primer contacto con las víctimas, informándoles de quién es y de cuál es su función: lograr que gestionen adecuadamente las dificultades físicas y emocionales derivadas del siniestro.

Tras comprobar que las víctimas tienen cubiertas necesidades básicas como alimentación, abrigo o atención médica, una función importante en estos momentos es generar seguridad y alivio emocional, procurándoles si lo necesitan contacto físico (abrazándoles, cogiéndoles la mano…).

En la medida de lo posible se estabiliza emocionalmente a la víctima, hablando con ella, de tal forma que perciba rápidamente que se están ocupando de su bienestar. Los sentimientos, descontrolados en esos momentos, se reajustan cuando se percibe que alguien se está ocupando de ti (potenciar el sentimiento de protección).

A continuación se indaga sobre las necesidades inmediatas de la víctima (donde dormir, identificación de efectos personales, como volver a casa, incluso comunicar un fallecimiento) y se procura asistencia práctica.

Se facilita lo antes posible que la víctima conecte con su red familiar y social (familiares, amigos…).

Finalmente el psicólogo o psicóloga informará y facilitará las “herramientas psicológicas” necesarias para que la víctima pueda afrontar esos primeros momentos o incluso días (informar para que comprenda cómo será su evolución emocional, técnicas de autocuidado, regulación emocional…). También se le informa de dónde puede acudir si se sintiera mal o incapaz de controlar su malestar emocional.

El papel del psicólogo en situaciones de emergencias masivas es importante en el momento crítico inmediato al accidente, en lo que llamamos primeros auxilios psicológicos; para amortiguar en la medida de lo posible el impacto psicológico que un atentado puede ocasionar en las personas. Este papel implica serenidad, profesionalidad, formación especializada y mucha, mucha vocación de servicio. De todos los profesionales que nos dedicamos a la psicología, quizás sean nuestros compañeros de emergencias los que en menos tiempo y bajo unas condiciones más difíciles ayuden a las personas de una manera más eficiente.

Desde Actitud i Més, quiero expresar el apoyo y solidaridad a todas las víctimas y a los profesionales que en la tarde del 17 de agosto están trabajando por recobrar la normalidad.

Baltasar Santos

Psicólogo.

 

*Artículo adaptado del publicado con ocasión de los atentados de París en https://www.areahumana.es/primeros-auxilios-psicologicos/