Más allá de la felicidad

He visto la película “En Busca de la Felicidad” más de veinte veces. En mis cursos es un material didáctico más que sirve para entender e ilustrar conceptos muy repetidos pero poco ejemplificados, como por ejemplo, la resiliencia, el esfuerzo, la motivación interna y externa y el autoempoderamiento, entre otros conceptos.

Pero para mí, la película protagonizada por Will Smith plantea una cuestión sobre la que debemos reflexionar: “¿Es la felicidad lo mejor que nos puede pasar?”. La respuesta es No. Es mucho más interesante dotar a tu vida de un sentido, de un significado, porque la felicidad, o como mínimo, la felicidad entendida desde una perspectiva muy generalizada, va acompañada, en muchas ocasiones, de hechos agradables y de la ausencia de momentos dramáticos. Hay personas felices que se suicidan.

En la última década se ha incrementado notablemente el número de suicidios hasta convertirse en la primera causa de muerte. Es un secreto a voces, ocultado para que no cunda el pánico, pero es una realidad. Si las personas que se han suicidado encontraran el sentido de la vida, aquél hilo conductor que nos hace ser quién somos y cuyo propósito está definido, seguramente no se habrían suicidado. Objetivamente vivimos con mayor confort que nuestros antepasados, pero sin embargo, por el camino vivimos una vida automática y autómata que nos deja al pairo de que los vientos que soplen nos favorezcan o no.

Definir el sentido de nuestras vidas se hace a través de la construcción de 4 pilares básicos:

  • Sentido de pertenencia
  • Un propósito
  • Trascendencia
  • Una narrativa amable

Sentido de pertenencia es la base sobre la que asentar nuestra vida.

Definimos sentido de pertenencia como un conjunto de factores que nos demuestran que formamos parte de grupos sociales, de una comunidad. Nuestra sociedad occidental ha olvidado la importancia de los encuentros con amigos y familiares. Hemos olvidado saludar a las caras conocidas por la calle aunque no les conozcamos en profundidad. Hemos olvidado aceptar favores y los rechazamos como un signo de autosuficiencia. Hemos olvidado charlar con el dependiente de la tienda sobre el tiempo. Siendo una sociedad la nuestra, con tantos avances, hay más gente en soledad que nunca. Y no se trata de una soledad física, sino de una soledad mental que nos hace sentirnos indefensos y a merced de las circunstancias.

Es fundamental recuperar nuestra esencia humana en las relaciones sociales. Es fundamental identificar el grupo al que pertenecemos, conocer a tus pares y pasar tiempo con ellos. Ese sentido de pertenencia es el primero de los pilares sobre los que se asienta el sentido de la vida.

Tener un propósito significa contribuír con algo a nuestra comunidad.

Es de todos conocidos que la mayoría de nosotros desarrollamos un trabajo que se convierte en un propósito vital. Esa es la razón, por la cual, cuando perdemos el empleo o cuando nos jubilamos nos sentimos muy perdidos. Además de la disminución de los recursos económicos, subyace un sentimiento de incapacidad que puede degenerar en una depresión o en otros.

Encontrar el propósito de nuestras vidas va más allá de nuestros empleos. Somos personas capaces para muchas cosas y especialmente buenos en otras. Cada uno de nosotros puede contribuir con sus ideas, con su esfuerzo o con su arte a la comunidad, satisfaciendo la necesidad que otras personas tienen.

Ayudar a los demás en algo es un lindo propósito que nos permitirá afianzar nuestra vida como algo útil para nosotros mismos y para otras personas.

Trascendencia

Nuestras vidas son importantes, y su importancia radica en la simple existencia, sin mayor exigencia. Durante la vida olvidamos las cosas importantes y nos centramos en cuestiones irrelevantes desde el punto de vista del universo. Recuperemos una visión propia mucho más positiva y que, formando parte de una comunidad y habiendo definido un propósito claro para nuestras vidas, nos permita darnos cuenta de la importancia de nuestros actos en el entorno en el que vivimos.

Sentirse parte indisociable del universo, de la naturaleza y en contacto con ella, nos ayuda a relativizar los problemas y preocupaciones que nos abordan en nuestras vidas y afrontarlos con una actitud realista más positiva.

Nuestra Storytelling es la historia de nuestra propia evolución como individuos.

Nuestra vida es mucho más que una simple sucesión de hechos y acontecimientos; es sobre todo, una evolución, un viaje en el que adquirimos experiencias y conocimientos que nos hacen ser, a cada momento, nuestra mejor versión.  Atribuir las cosas malas que nos ocurren a los otros, nos sitúa en una espiral de odio o de victimismo. Atribuirnos las cosas malas a nosotros mismos nos sitúa en un escenario en que nos autosaboteamos con pensamientos y culpas de forma inútil, y deteriorando nuestra autoestima.

Es importantísimo olvidar las etiquetas que otros nos han puesto y que nos hemos creído. Somos nosotros mismos quienes tenemos la obligación de encontrar el relato de nuestra vida. El sentido que demos a las experiencias de nuestro pasado influirá notablemente en nuestras experiencias futuras y en las expectativas que sobre ellas vertimos.  Hemos de definir nuestro presente a partir del conocimiento que hemos adquirido en el pasado, siendo plenamente conscientes de que ese presente es modificable siempre, y que nuestro futuro no solo vendrá indudablemente, sino que además lo podemos construir de forma consciente y planificada.

Nuestra historia personal es la que ha hecho de nosotros lo que somos y lo que ofrecemos a los demás. Tras un accidente grave puedo interpretarlo como una conjunción de calamidades, o puedo interpretarlo como una señal de advertencia para cambiar de actitud en algunas circunstancias y centrar mi atención y mi conciencia en lo realmente importante de la vida: que tenga sentido.

Para ello, quizás deberemos buscar ese tiempo de privacidad en la que no estás con nadie más, sino contigo mismo. Ese tiempo de autocomprensión nos permitirá acabar de concretar el sentido que dotemos a nuestra vida.

Conclusión

En la vida hay algo aún más importante que la felicidad, y ese algo es que la vida tenga sentido, que tenga significado: sentido de pertenencia, un propósito, trascendencia y tu propia narrativa son los 4 pilares sobre los que se asienta una vida con sentido.El amor, la solidaridad, la responsabidad y la coherencia son conceptos que debemos poner en práctica con mucha mayor frecuencia.

Baltasar Santos

Psicólogo

 

 

¿Tomas Decisiones Prudentes o Arriesgadas?

¿Tomas Decisiones Prudentes o Arriesgadas?

Según un amplio estudio realizado por expertos de la Universidad de Basilea, en Suiza, y el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano,la predisposición a tomar decisiones arriesgadas o reflexionadas se mantiene constante a lo largo de la vida y quizás tenga una base biológica.

Nuestra vida consiste en gran medida en tomar decisiones diariamente: ¿Adelanto a ese vehículo? ¿cambio de trabajo? ¿Discuto con esa persona? ¿Inicio una conversación? ¿Me juego el dinero en las tragaperras, en la bolsa o en las apuestas de internet? ¿Contrato un viaje organizado o cojo la mochila y me voy por mi cuenta?

En toda decisión, existen una serie de factores previsibles y otros no previsibles, que influyen de forma fundamental en la decisión final que adoptamos.

Sin embargo, hay personas que necesitan valorar todas las posibles opciones ante una decisión y decidir de una forma "racional", ponderando todos los pros y contras de las diferentes alternativas. En cambio, otras personas se dejan llevar más por la "impulsividad" y toman decisiones instintivas y arriesgadas.

Pues bien, según el estudio reseñado, ser propensos a tomar riesgos es como el coeficiente intelectual, que permanece estable a lo largo de nuestra vida. Las personas prudentes son y serán siempre prudentes, y las personas más arriesgadas o temerarias mantendrán esta tendencia en sus decisiones a lo largo de toda su vida independientemente de las circunstancias y de las decisiones que finalmente adopten.

Ralph Hertwig, director del Centro para la Racionalidad Adaptativa en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, ha resaltado la importancia de este estudio sobre la estabilidad vital de este rasgo de personalidad.

Si soy una persona con tendencias temerarias ¿No puedo hacer nada para evitarlo?

Por supuesto que sí. Aún en el caso de que exista una base biológica, nuestra mente tiene la posibilidad de ordenar qué hacer. Por ello, hemos de coger las riendas de nuestro cerebro y de nuestro cuerpo, y hacernos más conscientes de nuestras decisiones.

Es posible que otras personas puedan tomar decisiones automáticas de forma correcta puesto que su automatismo lleva incorporado el principio de prudencia. En cambio las personas con decisiones automáticas temerarias o arriesgadas deberán desactivar ese automatismo y trabajar más el autocontrol, la toma de decisiones haciendo conscientes la reflexión sobre las alternativas.

Algunas técnicas como el Mindfulness pueden servir para observar nuestros pensamientos, aceptarlos y tomar las riendas de nuestras decisiones viviendo el aquí y ahora de forma consciente.

Baltasar Santos

 

¿Y tú?¿has sufrido alguna vez el síndrome del impostor?

sindromeimpostorSi no lo has sufrido, enhorabuena, porque 7 de cada 10 personas lo han sufrido en alguna ocasión a lo largo de su vida profesional.

Quienes sufren El síndrome el impostor, consideran que están sobrevalorados, y que no son tan capaces como los demás creen.

Os hago una confesión. Durante algunos años tuve algunos cargos de cierta responsabilidad en una organización sindical para la que además trabajaba como asalariado desarrollando funciones como técnico de políticas activas de empleo. Mi vinculación con esa organización era doble: por un lado, trabajaba como técnico, y por otro lado militaba sindicalmente como cualquier otro trabajador afiliado, y había llegado a tener responsabilidades en este último ámbito.

Sin embargo, lo que para muchos pudiera ser una ventaja, para mí era todo lo contrario. Sentía el síndrome del impostor. En ocasiones me preocupaba en exceso que los demás me vieran como un impostor. Yo mismo pensaba que era un buen técnico, pero no tanto como responsable sindical. Nadie me decía que eso fuera así, pero yo lo pensaba. Las consecuencias eran que, literalmente, vivía en esa organización, dedicando más de 16 horas diarias a mis funciones técnicas y sindicales para que nadie pudiera tacharme de “impostor” por no provenir de una fábrica o de una gran empresa.

He conocido unas cuantas personas que, siendo grandísimas profesionales de su sector: sanidad, formación, administración…me han explicado vivencias muy parecidas a las mías: un exceso de celo para cumplir con todas las responsabilidades asignadas que te llevan a padecer síntomas de ansiedad, estrés, cuando no problemas de pareja, aislamiento de las amistades, etc… y lo peor de todo, es que no se vive negativamente, al menos en un principio, hasta que llega un día, en el que lo ves todo claro.

Reconocer que tu éxito profesional es una cuestión de mérito y que no tienes que demostrar nada extra más allá de tus conocimientos en una jornada laboral “normal” es el primer paso para vencer el síndrome del impostor. Tu éxito no tiene nada que ver con la suerte ni tienes que demostrar nada a nadie,más allá de tu profesionalidad y de cumplir con tus responsabilidades.

Quienes sufren este síndrome tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de haber perdido facultades, de ser impostores, vamos…un fraude. En muchas ocasiones, algunas personas (dirigentes, compañeros…) detectan que eres una persona que quiere cumplir de forma excelente con todas tus responsabilidades, y entonces….te asignan más responsabilidades… hasta que llega un momento en que ningún ser humano podría llevarlas a cabo de una forma racionalmente buena, y sobretodo, sin poner en peligro tu propia salud.

Normalmente, este tipo de síndromes lo padecen en aquellas profesiones donde la competencia es muy alta, pero también hay factores que favorecen su aparición. Por ejemplo creencias y pensamientos del tipo “no querer quedar mal con nadie”, “agradar a todo el mundo”, “no parecer incapaz”, “no saber decir no”…

Sea como fuere, si te ves reflejado con este síndrome, piensa que hay muchas más personas como tú que lo sufren, y empieza a valorarte a ti mismo y a practicar la asertividad. Sí, en efecto, pelear por tus retos, hacer valer tus opiniones, de forma amable y razonada, tener la perfecta seguridad para mostrar tu oposición ante una nueva petición, defender tus derechos sin agredir los de los demás….todo eso que supone la asertividad, es un remedio total para evitar el estrés y la ansiedad relacionadas con ese sentimiento de no poder hacer frente a las responsabilidades de tu cargo por no ser suficientemente buena.

El coaching y el trabajo cognitivo conductual en sesiones semanales con tu psicólogo servirán para analizar las causas y como afrontar tus responsabilidades sin juzgarte ni presionarte.

Se han identificado algunas causas de este síndrome, pero considero que todas ellas tienen su origen en un esfuerzo constante por agradar a los demás, de ser válidos a ojos de los demás, de no decepcionar a los demás y eso puede verse desde la más tierna infancia.

Esfuerzos de superación constante desde la infancia: querer agradar a los padres, traer buenas notas y ser un hijo/a ejemplar puede convertirse en una causa de este conflicto en el futuro. El amor de nuestros padres es incondicional, no depende de buenas notas ni de buenos comportamientos, pero no siempre se ve de esa forma cuando somos niños, y el miedo a no agradar a nuestros padres se queda fijado como un patrón de conducta que reproducimos constantemente en otras esferas de nuestra vida adulta.

De esta forma desarrollamos una baja tolerancia a la frustración, o mejor dicho, nos frustramos y calificamos de fracaso todo lo que no sea excelente, todo lo que no sea cumplir 100% con todas las responsabilidades que nos asignan aún cuando éstas sean excesivas. La autoexigencia exacerbada convierte el exceso de tareas en una frustración personal que combatimos con más tiempo de dedicación, a costa de la familia, de horas de sueño, de horas de descanso y de nuestra propia salud.

La mayoría de las personas que sufren el síndrome del impostor no dirían que se sienten como impostores, pero sin embargo, cuando oyen hablar de este tema tal y como lo desarrollamos en este post, se sienten plenamente identificadas.

¿y tú? ¿te sientes identificado/a?

Baltasar Santos.
Psicólogo clínico.

¿Te sientes mal por sentirte mal?

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En nuestra sociedad parece que esté mal visto no estar siempre animado o de buen humor. De hecho, cuando no estás animado ni de buen humor, siempre hay alguien que te lo recuerda, a veces para que te dés cuenta de que se ha dado cuenta, y otras veces, con la más sana de las intenciones de ayudarte a salir de ese estado.

Sin embargo, cuando no estamos al 100%, esa presión a la que nos someten o a la que nos sometemos, nos hace sentir todavía peor, sobretodo, cuando ese estado de ánimo no se debe a nada concreto, o que no somos capaces de identificar, o que no quieres que te afecte o cuando se debe a factores y circunstancias sobre las que no podemos actuar, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, reconocer y aceptar las emociones negativas (tristeza, resentimiento, etc) es beneficioso siempre que aceptes que tienes todo el derecho a sentirte mal. No queremos sentirnos mal ni de mal humor, pero si estamos en ese momento, lo mejor que podemos hacer es entender y aceptar esas emociones, sin juzgar si son o no exageradas, ridículas o fuera de lugar.

Efectivamente, según Iris Mauss, profesora de psicología e investigadora en un reciente estudio de la UC Berkeley, las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas mejoran sustancialmente su salud psicológica.

En efecto, la aceptación de emociones como la tristeza, el resentimiento, la melancolía, etc… sin luchar contra ellas o juzgarse por sentirlas, nos lleva a un autoconocimiento que hace mucho más fácil que no se repitan y que no nos estresemos o culpabilizemos por experimentarlas.

Tal y como hacemos con la práctica del mindfulness, entender nuestras propias reacciones negativas, es fundamental para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas son mucho más capaces de afrontar su estrés de forma adecuada.

Las emociones negativas son una reacción a algo que no nos gusta o que representa una amenaza. Por tanto, son necesarias y adaptativas. Sin embargo, una vez experimentadas podemos decidir quedarnos anclados en ellas o en cambio, entenderlas, no juzgarnos ni culparnos por experimentarlas, observar que son consecuencia de algo que no nos ha gustado y dejar que se marchen a los pocos minutos sin forzar.

Así que ya sabes. No te sientas mal por sentirte mal. Aprende de tus emociones negativas, que tienen mucho que enseñarnos sobre nosotros mismos.

Como dice Elsa Punset: “No es magia, es Inteligencia emocional”.